domingo, 28 de abril de 2013

Aventuras en Baritú, el único parque nacional tropical de la Argentina

Hacía mucho tiempo que quería conocer el Parque Nacional Baritú, pero su acceso no es fácil. 
Un día se dio la posibilidad de rumbear hacia esos pagos y comenzamos con los preparativos.

Como teníamos que vacunarnos contra la fiebre amarilla, y el certificado internacional debía contar con un mínimo de diez días desde la aplicación de la profilaxis, ya veníamos todos enganchados y comprometidos con el viaje. Seríamos de la partida dos parejas amigas en dos camionetas idénticas.

Si bien había salido desde Buenos Aires solo 20 minutos mas tarde que mi amigo Andy, me costó 170 kms alcanzarlo en la ruta. Hicimos una breve parada y seguimos casi non stop hasta la ciudad de Metán, (Provincia de Salta) a casi 1400 kms de casa, en donde llegámos tres tanques de combustible y 13 horas mas tarde. Rápido check in en el hotel y antes de darle un respiro al cuerpo, cruzamos la calle para comer algo regional, y entregarnos a un buen descanso antes de proseguir nuestro viaje hacia la frontera con Bolivia.

El P.N.Baritú queda en el departamento de Santa Victoria en la provincia de Salta, pero resulta imposible llegar a el por suelo Argentino, por lo que, luego de hacer los trámites migratorios, hay que recorrer un centenar y medio de kilómetros por suelo Boliviano para luego reingresar a territorio Argentino por un paso de frontera en donde no existe control migratorio alguno.

La salida del lado Argentino fue rápida y un poco mas tediosa del lado Boliviano. Los gendarmes anotaban la marca de nuestros neumáticos, equipos fotográficos y todo cuanto podría tener valor, lo cual resulta ridículo en este paso, ya que no hay nada interesante para comprar del otro lado de la frontera a excepción de remeras, toallas, películas truchas o baratijas de dudoso gusto.

El puente de Aguas Blancas sobre el Río Bermejo nos daba la bienvenida a esta aventura.
Con el río Bermejo, límite natural entre los dos países siempre a nuestra izquierda nos fuimos adentrando en territorio Boliviano. La ruta esta en muy buen estado pero su traza esta llena de curvas y contra curvas por la que la velocidad de avance nunca es muy veloz. De todos modos es un error andar rápido en un país como Bolivia, donde pasan muchas cosas arriba de la ruta, como verán mas adelante.

El paisaje es notablemente mas verde de este lado y vamos cobrando cierta altura a  medida que avanzamos.
Cruzamos una serie de túneles hechos a pico y pala y otros apenas mas modernos.

Unas dos o tres horas mas tarde el camino nos enfrentó al río Bermejo y divisamos el puente internacional que nos devolvería a la Argentina. De un lado Argentina, del otro Bolivia.
Algunas fotos de rigor apreciando las aguas bajas del río que sabe ser turbulento en otras épocas y del paisaje en general. Estábamos de yapa en un nuevo sector de Bolivia y nos ponía contentos.

Cruzamos hacia las cabañas que nos acogerían por las noches.
Para llegar seguimos por caminos de tierra hasta el pueblo de Los Toldos que debe su nombre al fenómeno que siempre hace que el cielo parezca techado por la cercanía al piso de sus nubes. Allí, en este pequeño pueblo de menos de 900 habitantes, entablado a 1800 msnm, rodeado de selvas de yunga y serranías varias, nos recibirían los dueños, un médico colombiano y su mujer bioquímica con los que enseguida entablamos conversación mientras esperábamos para un tardío almuerzo con truchas que crían ahí mismo.

Como quedaba alguna que otra hora de luz, aprovechamos y nos fuimos a la muy cercana, y poco prometedora Reserva El Nogalar. Este es un predio chico lleno de nogales como sugiere su nombre, y no mucho mas para ver o hacer.

Las cabañas lucían muy cálidas pero morimos de frío por las noches, amén de que llené la cama con frazadas que traje desde Buenos Aires.
Como no hay ni aduana ni migraciones en el puente internacional de La Mamora, estábamos técnicamente de ilegales, nosotros y nuestros vehículos, por lo que fuimos hacia el "cuartel" de gendarmería para hacer una denuncia formal de nuestra situación, y a que nos entreguen un salvoconducto para salir por donde habíamos llegado.
Allí mi amigo se encontró con un colega conocido de la Red Yaguareté que nos mostró un reciente video en donde se ve pasar a este esquivo animal por un sector de Baritú, hacia donde nos dirigíamos. Que animal mas bello al que el hombre le va dejando cada vez menos lugar de su hábitat natural, y corre muy serios riesgos de extinción.
Al día siguiente vadeamos un primer río, y por un camino nos fuimos internando en la espesura de la nubo selva de montaña. Estábamos camino a Baritú, el único parque nacional tropical de la Argentina y además el menos visitado, no solo por su acceso y posición geográfica, si no por que la crecida de los ríos no permite llegar en temporada estival o de verano, e incluso durante el invierno hay que tener cuidado con los caprichos del Río Lipeo que sabe crecer muy rápido, y sus aguas galopan con destructiva fuerza blanca.
Para llegar hay que hacerlo si o si en vehículos de doble tracción.

Enormes árboles entre los que destacamos Lapachos, Cedros, Cebíles, Jacarandas y Guayacánes nos van acompañando en el camino. Los helechos son enormes, y salvo en el sur de Chile, nunca ví de anchuras semejantes, aunque estos eran de mayor altura.
Paredes escarpadas y matizadas de miles de verdes le van otorgando dramatismo al paisaje, y cada dos por tres se regalan dulces naranjas que no pudimos dejar de probar.
A medida que ascendemos va cambiando la flora y vamos apreciando nuevos árboles, algunos de los cuales son muy parecidos entre sí, y hay que hacer un esfuerzo mayor para poder reconocerlos.

Al cabo de 28 tranquilos kilómetros llegamos al paraje, o pequeño poblado de Lipeo. Allí bajamos a espiar y caminar por su único puente peatonal, y hacer desde arriba, una mirada al homónimo río a ver si podríamos vadearlo con nuestros vehículos para llegar victoriosos a Baritú. 
El caudal de agua nos permitíá cruzar con sumo cuidado ya que el piso esta lleno de enormes rocas redondeadas que se van moviendo a medida que avanzamos. No teníamos muchas horas pues el río crece por las tardes y no nos permitiría salir de allí, y Lipeo no es un lugar en donde uno quisiera quedarse, amén de que no hay infraestructura alguna. O sea era arriesgarse a quedar varios días "viviendo" en las camionetas.

Fuimos cruzando de a uno y con los elementos de rescate preparados para actuar con rapidez si así  hiciera falta.
Hubo un momento de adrenalina cuando quede semi colgado de una piedra perdiendo tracción en la mitad misma del río, y al poder escapar de la trampa,  ya no veía el único lugar posible para salir.

Cruzamos contentos, ya habíamos superado el único escollo que podía detenernos.
Este es uno de los territorios vírgenes mas importantes de Argentina, por estar encerrado entre sierras de muy difícil acceso. La vegetación y la fauna es muy rica y asombrosa.

Duele decirlo pero vimos una vez dentro del espacio protegido la mano del hombre y sus moto sierras. Enormes ejemplares de Cedro estaban tirados a la vera del camino como esperando que alguien venga a llevárselos. La buena calidad de la madera en el noreste Argentino ha hecho estragos, y Baritú no es la excepción pese a tratarse de un parque nacional.

En el camino nos topamos con un borracho que cruzo su camioneta en el camino, en una clara señal de no dejarnos pasar. Lo esquivamos por la zanja del costado y proseguimos nuestra ruta avanzando en dirección sur.

De los árboles cuelgan lianas, de las lianas helechos o bromelias, en las bromelias vuelan mariposas. Mucha vida en cada lugar donde se mire.
Este pasacalles nos da una tibia bienvenida a lo que es el poblado. En realidad la bienvenida era para la virgen. Los habitantes del lugar, que tienen sus sucios negocios con la tala indiscriminada, no nos dan la bienvenida. Todo lo contrario: Nos miran con caras de pocos amigos y expresiones de odio.
Seguimos nuestro camino hacia la naturaleza, que es lo que vinimos a ver.

Para ese entonces notamos una particularidad de los habitantes de la zona. En el pueblo de Los Toldos son todos católicos. Algún día echaron a los evangelistas fanáticos quienes se mudaron un poco mas arriba a la población de Lipeo junto al río, y en Baritú son todos lisa y llanamente borrachos.
Avanzamos todo cuanto pudimos hasta que la espesura del paisaje no nos lo permitió más. Retrocedimos un poco a un valle en donde alguna vez funcionó una pista de aterrizaje hoy en desuso, y allí mismo nos sentamos a disfrutar de un importante pick nik preparado e importado para la ocasión.
La paz que suponía uno encontrar en tan desolado lugar, alejado de la civilización se vio interrumpida cuando desde los cerros comenzaron a bajar grupos de personas, que por el número debía ser gran parte del pueblo. Nos asustamos cuando venían en banda hacia nosotros, pero se ve que solo querían mirar un poco mas de cerca ya que desaparecieron rápidamente entre la vegetación y no  volvimos a verlos.

El pasto quemado por las matinales heladas, cortito y seco, y el apenas notorio sonido del viento, estaban invitándome a dormir un rato cuando recordamos de los peligros que suponía una crecida del río, por lo que casi apurados emprendimos la vuelta hacia nuestras cabañas en Los Toldos.
Si hay algo que hago siempre cuando viajo, es pararme y mirar hacia atrás. Todo se ve tan diferente. El camino de vuelta era el mismo que a la ida, pero dejaba al descubierto nuevos paisajes con el cielo mas abierto y una luz dorada que intentaba colarse por entre los árboles.

Un poco de nostalgia me acompaño toda la bajada. Hubiera querido permanecer aquí un poco mas pero ya no nos quedaban caminos (hay muy pocos) por recorrer. Tampoco podíamos permitirnos que el río Lipeo tenga el capricho de crecer, pero por suerte el cruce fue manso.




El camino que une la localidad de Lipeo con el parque nacional, propiamente dicho me pareció mas lindo que los que recorren las zonas protegidas,  y aunque menos verde nos permite estirar la vista por sobre las sierras casi adivinando la gran figura de la cordillera de los Andes muy al fondo.
El día terminaba rápidamente y nos esperaron por tercera vez con truchas acompañadas por papas locales, de la que recuerdo una de tonos verdes que me encantó.
Esa noche nos dejaron con hambre por lo que pedimos refuerzos, y fue alguna mermelada de Sauco o Zarzamora las que no mando al baño por el resto de la noche. La intoxicación era generalizada.Los baños de las cabañas eran tan angostos que alguien de + de 1.80 va a tener que poner sus piernas de costado si pretende sentarse en el inodoro. Por suerte no nos agarro en ruta.
Cuando madrugamos al día siguiente estábamos envueltos en nubes. Comentamos nuestra experiencia en los minúsculos baños de las cabañas donde las rodillas tocaban la pared cuando estábamos sentados.
Tras un rápido desayuno y de despedirnos de nuestros nuevos amigos en Los Toldos, emprendimos viaje de nuevo hacia Bolivia con el fin de llegar a la Argentina.

A los pocos kilómetros nos encontramos con un derrumbe de montaña que no permitía nuestro paso. Bajamos de las camionetas y descubrimos que estaban haciendo arreglos sobre la calzada y que la única ruta de salida permanecería cerrada por el resto del día. Bolivia.

Pensábamos en volver a las cabañas y retomar al día siguiente cuando una ambulancia que llevaba un enfermo hizo que le corriesen las piedras con una pala mecánica. Aprovechamos la situación y nos colamos atrás de ella para proseguir nuestro camino hacia la frontera con Argentina.
Pudimos avanzar no mas de 30 kms cuando nos encontramos con una protesta contra la alcaldesa que cortaba la ruta. Ilusos de nosotros que pensábamos nos iban a dejar pasar por ser extranjeros y ajenos al conflicto. Cuando baje a negociar me sacaron cagando. Tras consultar con la docena de camioneros que se encontraban detenidos allí, decidimos que quizás sería una buena idea  volver nuevamente a Los Toldos, o intentar una ruta mas larga y peligrosa, uniendo las ciudades de Tarija con la de Villazón y entrar vía la provincia de Jujuy a la Argentina.

Allí vimos como salió raudo un grupo de manifestantes a cortar un sector de la ruta por la que veníamos, así que apuramos y nos fuimos tras ellos, que armados con moto sierras pretendían cortar árboles para tirar por sobre la calzada.
Casi no nos dejan pasar, pero los convencimos de que solo estábamos intentando volver a nuestro país, lo cual era completamente cierto.

El alivio duró poco ya que al rato nos encontramos con la ruta otra vez cortada, pero esta vez solo por un par de horas. La gente del piquete llegaba desde atrás y todos juntos esperamos. El boliviano, acostumbrado a estos sucesos ni pregunta, ni sabe, ni le interesa, que es lo que se reclama.

Cuando llegaba la hora de apertura descubrimos que la hora del país alto andino estaba atrasada una hora con respecto a la de Argentina, así que pacientes esperamos una última hora. Ya eran las seis de la tarde y en diez horas no habíamos logrado avanzar nada.
Quedaba la posibilidad de dormir en la peligrosa Tarija, o la de seguir viajando toda la noche por los caminos de montaña de Bolivia que tampoco era cauto.
Nos decidimos por la segunda opción y apuntamos hacia el lado Tarijeño ya que debíamos repostar con urgencia combustible, ya que lo que cargábamos en nuestros bidones de emergencia no iba a alcanzar para tamaño recorrido de montaña en el que llegaríamos a los 4600 msnm.

En Bolivia no le venden combustible a los extranjeros o si lo hacen es con un precio altísimo, por lo que pudimos convencer a un Chapaco (habitante de Tarija) a que nos llene los tanques a precio local y se quede unos Dólares para él. Así salíamos ganando todos y teníamos asegurado nuestro regreso a casa. O eso es lo que creíamos.

Atravesamos la ciudad y encontramos el camino de montaña que debíamos seguir por horas. Parecíamos estar en la recta final para salir de Bolivia.

Una Land Cruiser de la Policia Boliviana nos corta el paso a poco de empezar el camino.

"¿Que no vieron la tranca?" - Nos dice el oficial.

Si.Es verdad. Había visto una barrera, pero como estaba levantada seguí. La tranca es un peaje.

Pedimos disculpas, quisimos pagar, pero nos hizo pegar la vuelta a la estación de policía.
Al llegar al cuartel me encontré con una oficina llena de posters de mujeres tetonas y un oficial con una enorme bola de coca en su boca. De hecho el cuarto apestaba a coca.
Explicamos la situación a 12 hs de haber dejado las cabañas, pedímos disculpas nuevamente y ante amenazas de multas que solo podíamos pagar en la ciudad el lunes (era sábado) ofrecimos una coima para poder seguir, y era exactamente lo que buscaban (colaboración le dicen). Intenté despojarme de unos billetes de alta denominación pero bajo valor que guardaba desde mi último viaje a Paraguay, pero no es fácil cambiarlo para ellos por la poca y mala relación que guardan con el país vecino. Aceptaron unos pesos Argentinos y ahí si pudimos emprender los 200 kms por camino de montaña, y de noche, que nos separaban de la horrible Villazón.

El camino no estaba en tan mal estado, pero el precipicio era notable y estaba siempre presente a nuestra derecha. Miles de cruces nos recordaban el peligro de circular por aquí y un montón de camiones, varios de ellos sin luces hacían difícil el avance y sobre paso. La tierra que levantaban era tan finita que insólitamente se veía mas con las luces apagadas. Tuvimos que tomar, por este motivo, mayor distancia entre los vehículos. El camino siempre en ascenso.

Por momentos las camionetas se apunaban y no encontraban suficiente oxigeno para la combustión, perdiendo fuerza cuando mas la necesitábamos. 
Entre los vehículos íbamos comunicados por radio VHF.

De golpe encuentro una suerte de enorme pampa a mas de 4000 metros de altura y caminos nuevos para todas las direcciones. El GPS no encontraba señal, la radio dejo de funcionar. La distancia entre los vehículos era grande. Estábamos perdidos.

En los lugares mas remotos de Bolivia uno siempre se encuentra gente caminando por la montaña, y por suerte esta no sería la excepción. Pudimos encontrar nuevamente el camino necesario que a poco de andar se convirtió en un nuevisimo asfalto y recién pintado. Era el lujo y la ruta correcta hacia Villazón.
 Al cabo de un rato ya se vislumbraban las luces de la ciudad allá a lo lejos. Llegamos y nos encontramos con nuestros amigos en la frontera, pero esta estaba cerrada. Eran las 3AM y hacía un frío de locos. Intentamos dormir unas horas en las camionetas hasta la mañana siguiente.

En eso un enano encapuchado me toca la ventana de la camioneta y me despierta. Bajo al vidrio y le propicio una serie de insultos mientras lo echo amenazándolo.

A las siete de la mañana bajamos a hacer migraciones y me encuentro al enano encapuchado. Era policía y quería decirme que no podía permanecer con el vehículo en el lugar donde me quede.
Pedí nuevamente disculpas, y me dijo que no había problemas si colaboraba. Colaboré, claro, y finalmente pudimos salir de Bolivia. 

La odisea no terminaba. La aduana Argentina veía sospechosa nuestra salida de Argentina por Bermejo y no entendía que hacíamos en Villazón, y como las autoridades de Los Toldos carecen de aduana, nuestros vehículos estaban irregulares en este punto. 
Era increíble. No podíamos entrar a Argentina, pero ya habíamos salido de Bolivia. Estábamos en esos metros que son tierra de nadie. Nuestras mujeres nos odiaban. Estábamos mal dormidos, sucios, sin comer, picados por pulgas de unas alfombras que compre, y de muy mal humor.

En un momento perdimos la paciencia y empezamos a pedir nombres y realizar algunos llamados. A mover contactos, como quien dice. Se asustaron y nos dejaron pasar. Ya estábamos en Argentina con solamente una cosa en claro. Iba a pasar un buen tiempo hasta volver a Bolivia.