jueves, 25 de abril de 2013

El desierto de Atacama (lado Chileno)

Mi señora madre estaba saliendo con un grupo de amigos a recorrer San Pedro de Atacama y sus alrededores, y como deslizó la invitación a mi hermana y a mí, "ni lentos ni perezosos" nos sumamos sin pensarlo dos veces. No teníamos ni voz ni voto y ya todo estaba arreglado. A veces es mejor así.

Nos juntaríamos en la ciudad de Salta, en el norte Argentino, donde cada uno llegaría por su lado y como podía, para partir al día siguiente hacia la Puna Chilena. El desierto de Atacama, el mas árido del mundo.

Esa primer noche con mi hermana visitamos viejos amigos y salimos de juerga por la calle Balcarce. Todavía no habíamos visto a nadie del grupo. Aquella vez seríamos 9 los de la partida.

Alquilamos para la ocasión un mini bus de buen tamaño, por lo que sobraban asientos en todas las hileras. Era fundamental viajar lo más cómodo posible.
Salimos raudos hacia Purmamarca a ver si había algo interesante en su mercado, y como no, sacarnos las fotos de rigor con esos cerros de siete sino más colores por la que es tan famoso el lugar.

Al rato ya estábamos "zigzageando" en la muy linda Cuesta del Lipán (+4.000 m.s.n.m.) camino a la localidad de Susques, el "Pórtico de los Andes", donde visitaríamos su antigua iglesia y el cementerio antes de proseguir hacia Chile.
Todos habíamos estado en estos simpáticos e interesantes pueblos y solo aprovechábamos pasar por ellos otra vez y quizás estirar las piernas o saludar a la misma doña que en otrora nos abriera la iglesia.

Unas 4 horas más tarde cargamos combustible por última vez de lado Argentino en la moderna YPF que el A.C.A. tiene allí.

Rápidas migraciones en el Paso de Jama, el segundo paso de frontera más importante entre Chile y Argentina, y que pese a estar ubicado a mas de 4200 msnm funciona todo el año.

Ya estábamos nuevamente en Chile esta vez camino a San Pedro de Atacama.
Todos fueron a su fantástico hotel de adobe y junto a mi hermana, por sumarnos a último momento nos pusimos a buscar un lugar donde pasar las noches, o aunque sea esa primera.
Los hoteles y la vida en general son caros en San Pedro de Atacama. Conseguimos uno a precio bastante lógico. Dejamos los bolsos, nos duchamos y tras vestirnos abrigados nos unimos al resto del grupo para comer en un restaurante muy bien puesto, y moderno. Después de comer nos tomarnos algunos pocos Piscos, de modo que el mal de altura no nos jugase una mala pasada al día siguiente.

Nada peor que la resaca en la altura. Uno piensa que muere.
Ese primer día recorreríamos las lagunas altiplánicas de Miñique y Miscanti.  Todo un imponente paisaje rodeado de "Seismiles" con esos colores que solo la altura y la Puna saben regalar.

Para llegar recorrimos algunos pueblitos o caseríos de adobe e hicimos un alto en la plaza de Toconao en donde vimos las casas e iglesia con su torre campanario del S.XVIII y todo pintado de blanco.
Cruzando el Salar de Atacama, que resulta ser el más grande del país, llegamos a nuestro próximo destino: La "Reserva Nacional Los Flamencos".
Allí estacionamos, nos pusimos los anteojos para soportar tanto blanco irradiante  y caminamos hasta un centro de interpretación donde explicaban la particularidad de la zona y de las aves que la habitan.

Por un sendero demarcado por bloques de sal llegamos a la Laguna Chaxa para observar a los flamencos de gran tamaño hurgar en el barro con su pico rápido y curioso.

Un espectáculo verlos volar y agruparse, correr y alimentarse.
Seguimos nuestro periplo hacia la Laguna Miscanti en donde hicimos un alto en el camino para almorzar rodeados de curiosos zorros y vicuñas que pastaban a lo lejos.

La bolsa de papas fritas no se podía abrir por lo hinchada que estaba y las burbujas de nuestras bebidas eran enormes y difíciles de tragar. Todo cambia allí a mas de 4200 msnm.

El recorrido es muy limitado y solo se llega al agua por senderos como este.
La laguna es de un azul muy profundo y tiene forma de corazón.
Luego seguimos a la Laguna Miñique rodeados por muchas de las montañas mas altas del mundo que acarician o superan los 6000 msnm.

La Puna de Atacama en todo su esplendor. Quien diría que en un lugar donde no crece vegetación ni sobreviven las bacterias, se esconde tanta vida.
Terminamos nuestro recorrido del día en las Termas de Puritama con sus múltiples pozones de agua sulfatadas. Estas termas son explotadas por la gente del Hotel Explora, que intervino poniendo cómodas pasarelas, un vestuario y poco más.
Para llegar hay que caminar un trecho hasta que se llega a una angosta quebrada en la que aparecen los baños termales. Bien vale el esfuerzo.
El entorno no puede ser mejor. Tienen que ser, de momento, las termas mas bellas a las que fuí.
Llegamos casi sobre el cierre asi que pudimos disfrutar del lugar en completa soledad.
Relajados y callados nos volvimos con las piernas flojas a la ciudad de San Pedro de Atacama (SPA). Que placer haber tenido todo el lugar para nosotros. Un pequeño oasis entre tanta inmensidad.
El pueblo estaba desierto. Todos los que llegan están en los alrededores de San Pedro de Atacama haciendo las diferentes propuestas turísticas. En unas horas convergeran todos en las mismas calles. En la calle Caracoles, la principal arteria del pueblo, se concentran la gran mayoría de tiendas y restaurantes. La peatonal tiene mucha vida y ajetreo por las tardes y noches, pero muere temprano ya que los programas alrededor de San Pedro de Atacama obligan a uno a pegarse terrible madrugones.

El mercado estaba nuevamente cerrado. Habría que esperar otro día mas para conocerlo.

Cuando finalmente pude adentrar en la estructura mercantil, descubrí que el complejo es chico y pobretón. Allí venden las mismas cosas que uno consigue en Bolivia,  que esta ahí nomás del otro lado de la frontera, pero a precios muy superiores a los del país alto andino.
El turismo que llega a San Pedro de Atacama, claro está,  también es otro.
La noche cayo con fuerza y nos aplastó. La Iglesia de San Pedro nos regalo esta postal.
Esta iglesia construida con ladrillos de adobe fue varias veces reparada, y su emplazamiento con seguridad anterior a 1641. La torre del campanario antiguamente era de madera.
Al día siguiente arrancamos a las 3AM. Nadie había pegado un ojo en toda la noche pero para disfrutar del espectáculo en su máximo esplendor debíamos llegar temprano a los Geiseres del Tatio.

El camino en ascenso es bastante duro por los serruchos que se formaron en el. Es un constante traqueteo que va aflojando el vehículo que lo surca. A nosotros se nos bajaban las ventanas, cosa que nos hacía matar de la risa por el polvo que comíamos a lo loco, ya que además la ruta se convierte en una pista donde se corre por llegar primero al lugar, aunque después todos tengamos que esperar al mismo sol  hasta el amanecer.
Son 96 kms desde SPA pero el camino demanda por lo menos dos horas "yendo a las chapas".
Los Geiseres del Tatio son el conjunto de geiseres mas grandes del hemisferio sur y los terceros mas grandes del mundo. Se trata de cerca de 80 agujeros que escupen chorros de agua y provocan las atrayentes "fumarolas" en este gran campo geotérmico a mas de 4400 m.s.n.m.


Había un piletón con calmas aguas termales, pero ya era hora de bajar así que quedara pendiente para una próxima visita a los géiseres del Tatio.
El Valle de la Muerte es uno de los lugares mas inhóspitos del planeta. Este árido valle Chileno se encuentra en plena Cordillera de la Sal (que también es conocida como Cordillera Domeyko) y se dice que allí no existe vida alguna. Cuentan que abajo esta lleno de huesos humanos y también de animales que murieron intentando salir del tramposo lugar. De ahí viene su nombre.

El viento y un poco de agua dieron lugar a extrañas y caprichosas formas entre las rocas de arenisca.
Seguimos al Valle de la Luna (el Chileno) a mirar este paisaje que ciertamente podría ser lunar. Aprovechando la cercanía al pueblo nos quedaríamos aquí hasta el ocaso.
Pasamos a ver sus mas famosas esculturas y el anfiteatro en donde esperaríamos a que Febo se esconda.

El viento solpaba fuerte y ruidoso. El paisaje invitaba a la reflexión.

El día siguiente nos lo tomaríamos cada uno por su lado como un día de descanso. Recuperamos algunas horas de sueño, hicimos algunas compras, y cubrimos otras necesidades.

En mi caso apunté para el Museo Regional de Atacama y luego para el Museo Arqueológico para ya volver con hambre, comer temprano, ya acostumbrados al ritmo del lugar.

Nos quedaba un día mas a pleno recorrido en donde visitaríamos el cercano Pukara de Quitor, antigua fortaleza prehispánica de la que poco queda en pié, para proseguir nuestro viaje hacia Bolivia.