viernes, 3 de mayo de 2013

Las cascadas de Tat Kuang Si

Saque con la mano el agua sobre el  asiento de mi moto, y parti hacia las Cascadas de Kuang Si, a solo 30 kms de distancia de Luang Prabang. Resultaron muchos mas.

Al cabo de unos días uno termina levantándose muy temprano en la capital espiritual de Laos y apenas después del alba me encontraba en movimiento, como el resto de la gente.

Estaba feliz. Viajando solo por Asia, en una moto, por los caminos  para mi desconocidos de Laos. Iba cruzando sierras por laderas selváticas y pequeñas aldeas que se iban presentando cada tanto.

El camino a las cascadas comienza asfaltado, sigue ancho y de ripio para terminar siendo de tierra.
Soy distraído pero no está bien señalizado. Me perdí en más de una oportunidad. Los locales que nos vamos cruzando no siempre tienen idea de la ubicación de las cascadas. No tenía ningún apuro. Disfrutaba a tope de estos desvíos involuntarios que además me servían para no llegar tan temprano.

En el camino me había cruzado a un Alemán en bicicleta. Era en una de las tantas cuestas que tiene el recorrido. Quise engancharlo con la moto, pero rehusó mi ayuda. Una gorda vena casi salía de su frente enrojecida. Que esfuerzo hacía.

Finalmente llegue al parque y tras abonar mi entrada me dispuse a recorrer el lugar.
Eramos muy pocos. Todos Laosianos menos yo.

Que lugar maravilloso!
Hay varios piletones de agua turquesa que van bajando entre las rocas blancas de piedra caliza y todo esto rodeado por un bosque tropical de mil verdes distintos. Esta lleno de flores y las mariposas vuelan de a montones.

Soy friolento pero tenía que meterme al agua. Quería disfrutar de este entorno, uno de los más lindos que jamás vi.
Para el momento en el que me puse el traje de baño ya tenía frío pero me metí casi de golpe. El piso lastimaba un poco y obligaba a nadar. Salí a ponerme unas ojotas, y volví al agua.
Cada vez que sacaba los hombros empezaba a temblar, por lo que me mantuve semi sumergido todo el tiempo que pude.

Para cuando salí estaban llegando los primeros grupos. Entre los presentes estaba Karl, el Alemán que venía subiendo en bicicleta. Me presenté y decidimos hacer el recorrido juntos con Nadine,una Francesa que se nos sumo.

Aqui dentro hay un centro de cuidado y recuperación para los osos Malayos. Estos son los osos mas chicos de todos los existentes en el mundo. Miden poco mas de un metro de altura y su peso ronda los 40 kgs.
Resulta que en gran parte del continente asiático, estos osos salvajes negros son capturados para sacarle su preciada Billis que luego usan y venden como tónico.

Los osos que viven aquí bajo la tutela de la fundación han sido recuperados de cazadores furtivos y lamentablemente no pueden ser devueltos a la naturaleza por el daño que se les ha ocasionado.





Decidimos hacer un poco de trekking hacia la parte mas alta de la cascada.
El camino era sumamente patinoso. Debíamos continuamente ayudarnos entre nosotros y tomarnos de raises o lianas. Así y todo íbamos cayendo al piso de a uno.

Mas gente se sumaba al convoy. Una obstinada señora de Corea quería llegar a lo alto también.
El calor ya era abrumador y nos sobre volaban nubes de bichos. Estábamos todos embarrados y mojados y solo seguíamos subiendo. Pobre Coreana mas de una vez quedó en indecentes posiciones tratando de lograrlo.
Ya estábamos llegando, solo quedaba por cruzar un sector en el que el agua nos llegaba a las rodillas. El piso pinchaba a veces y por momentos era cenagoso.
Todos haciendo equilibrio y con los zapatos en una mano, todo con máximo cuidado pues la caída al vacío estaba ahí nomás a nuestro lado izquierdo.

El entorno es privilegiado y la vista magistral. Me alegra haber hecho el esfuerzo de subir hasta aquí.
La naturaleza manifiesta a pleno, y una foto mientras me recupero antes de bajar

Para cuando bajamos, el lugar ya estaba lleno de grupos de jóvenes ruidosos saltando al agua desde las lianas. Nos quedamos mirando la nueva fauna mientras comíamos alguna fruta.

Seguí mi camino hacia ninguna parte. Estaba donde quería estar.

Esa noche  comeríamos comida Coreana. Elegimos compartir un enorme Shabu-Shabu*


* El Shabu-Shabu es un plato típico de origen Japonés, en el que cada comensal mete trozos de carne, verdura, tofu, o lo que sea, en una olla con caldo y algas hirviendo que sitúan en el centro de la mesa.