viernes, 14 de junio de 2013

Los Masái

Los Masái son una tribu grande, que se acerca al millón de personas y viven entre el norte de Tanzania y el centro sur de Kenya.

La creación de fronteras y las expulsiones que sufrieron en Kenya a manos de los Ingleses, primero en 1904 y nuevamente en 1911 , y mas tarde, en los años 40 por parte del gobierno de Tanzania, impusieron algunos cambios en su vida nómada y pastoril que los obligaron a entrar en la economía monetaria.
Han reclamado derecho a pastoreo en las zonas que les expropiaron, y como poseen representación han conseguido recuperar algunos espacios.

Antiguamente tenían un ideal de vivir solamente de su ganado, ya que este les proveía de todo lo necesario para subsistir (carne, leche, cuero, huesos y sangre) y lo que no les daba la vaca, mediante el trueque lo podían conseguir. De hecho los Masái creen que todo el ganado de la tierra les pertenece, y aunque otras tribus también poseen vacas, los Masái creen que en realidad estas (también) son suyas.
Este sentimiento o creencia tiene origen en una leyenda que dice que en un principio Dios tenía tres hijos, y a cada uno les dio un regalo. El primero recibió una flecha con la que podía cazar, el segundo hijo recibió una azada con la que podía arar la tierra, y el tercero un bastón con el cual poder guiar al ganado. Fue el tercer hijo, según la tradición el que se convirtió en el padre de los Masái, y tiene sentido pues este es su rasgo mas característico como tribu.

No se sabe mucho del origen de Kenya ni de los Masái, pero se cree que vinieron desde el valle del Nilo, de la Nubia, entre los siglos XV y XVI.
Los Masái viven en pequeños asentamientos de diez o veinte familias. Estos tienen el nombre de Manyattas. Son en rigor, círculos de chozas las cuales están protegidas por empalizadas hechas de ramas que tienen la función de proteger al ganado, al cual encierran todas las noches para protegerlos de los animales salvajes.
Las chozas son construidas por la mujeres con ladrillos hechos de la bosta de las vacas, paja y barro, que agregan con el fin de endurecerlos. Luego se prende fuego en su interior y se trata de mantenerlo encendido día y noche. Con esto ahuman la casa ahuyentando a los insectos y garantizan una mayor longevidad a las pajas que cubren los techos.
Algunas de estas casas poseen pequeños agujeros a modo de tragaluces, pero nunca ventanas.
Las chozas, que recuerdan a los nidos de horneros son muy oscuras y no tienen la suficiente altura como para estar de pié.
Este asentamiento, el Enkang,  es semi permanente y funciona como una unidad social y económica en cada una de las aldeas Masái.
La estructura social está organizada en grupos de edad masculinos que tienen deberes específicos en un camino lleno de ritos que lo llevaran primero a cuidar del ganado, luego a ser guerrero tras su circuncisión, para finalmente convertirse en ancianos. Cada clase tiene responsabilidades y derechos puntuales, y se adquiere mas status con la edad, ya que son los mayores quienes toman la decisiones de la tribu toda.
Cuando los grupos guerreros van teniendo mas edad, suben de estrato social, como así también sus mayores. Esto siempre sucede con el grupo entero del clan.

Las mujeres también tienen sus propios ritos que comienzan los 13 o 14 años con su circuncisión. Práctica que ha mermado un poco ya que muchos Masái se convirtieron al Cristianismo. A partir de este momento pueden relacionarse con cuanto guerrero deseen aunque sus matrimonios ya estén arreglados desde que son pequeñas.
Cumplen tareas del hogar y tienen la obligación de mantener a los guerreros contentos.

Los matrimonios son polígamos y la cantidad de mujeres que se pueda tener esta relacionado con la cantidad de ganado que uno posea. El precio: Dos o tres reses o una docena de cabras.
La promiscuidad no está mal vista.
Visitamos algunas de sus aldeas, y los vimos a cada rato por Kenya y Tanzania.
Nos recibieron con sus danza candente cantando primero canciones para la caza del león (Empurkoi) .  La música empieza a cobrar ritmo y siguen, generalmente, con otra canción esta vez dedicada al ganado  (Oloongishu)  para culminar en la  que es mas conocida por todos por sus ágiles y esbeltos saltos verticales en los que demuestran su fuerza.

Estos bailes son frecuentes en su vida social, y claro, en muchos hoteles donde realizan su danza a cambio del vil metal.
Nos enseñaron como es que hacen el fuego, frotando un palo contra una madera que tiene bosta o paja abajo. Lo intenté sin éxito casi lastimándome las manos, y descubrí mas tarde que los muy guachos me habían hecho trampa. Tendré que volver a probar mi suerte en alguna nueva oportunidad.

Estábamos rodeados por los niños Masái, siempre pelados y simpáticos.
Las nuevas generaciones hablan el idioma de su tribu (Lumbwa o Masai), pero también dominarán el Swahili  hablado en casi todo el este de Africa y el Inglés.

Nos mostraron como recogían la sangre de la vaca para mezclarla aún caliente con leche, dejándola fermentar para comerse mas tarde.
Los Masái están en todos lados, incluso en las ciudades. Hoy como siempre siguen viviendo de sus vacas y de la venta de artesanías que hacen en madera, cuero, huesos o sus coloridas pulseras y collares. Acostumbrados a un turismo de ricos, pecan de pillos con sus precios, pero como siempre quieren y necesitan vender, es cuestión de decirles cuanto es lo que uno quiere pagar, y las dos partes quedan contentas.




"Ngai hace a la lluvia,
la lluvia hace la hierba,
la hierba hace las vacas,
las vacas hacen a los Masái"