sábado, 9 de noviembre de 2013

Pasando la tarde en una plantación de Marihuana.

Había hecho un alto en el camino para darle nuevas indicaciones a mi GPS luego de otro intento fallido de encontrar una maldita playa en Jamaica.
La ventana de mi lado estaba completamente abierta y mi mente concentrada en la pequeña pantalla del dispositivo, cuando a mi costado apareció Ingram.

El estado avanzado de las cataratas hacían que sus ojos fueran casi blancos, imprimiéndole a su rostro moreno una estampa de terror.
Apoyándose en sus brazos sobre el marco de mi ventana me saluda preguntándome de donde soy y hace cuanto estoy acá. Las típicas patrañas. Me ofrece un combo de drogas, prostitutas, cualquier cosa que podría dejarle una comisión. En Jamaica son insoportables, por eso es poco común que el viajero se mueva solo.
Me niego a toda oferta y termino mi faena mientras el hombre, de unos sesenta años (lo cual es mucho para el país) seguía mostrándome su marihuana y sus bolitas de hashish.

Era simpático y me gustaba como reía. Nos quedamos hablando un rato, y cuando me ofreció conocer una plantación de marihuana, me pareció un buen programa para terminar el día y agregarle valor a mi visita con un nuevo tour temático ;)

Ya man. No problem. Te va a costar un poco de dinero ya que nos va a llevar un par de horas. Me dice.

Por supuesto. No esperaba lo contrario.
Arreglamos una cifra que no fue barata, pero si moderada. Me invitó a su auto pero encontré mas seguro ir en el mío.

Sobre la costa el sol brillaba, pero cuando nos internamos en las montañas noté que hace poco había llovido, y copiosamente.
El camino se hacía angosto e Ingram me indicaba en que pozo prestar atención, o en que curva tener cuidado (take your time, take your time).

A mitad del periplo me hizo frenar y un chico de unos diez y siete años se subió al auto. No me gusto y no es la primera vez que me pasa viajando, pero todavía sentía que podía controlar la situación y de momento confiaba en Ingram, así que seguimos camino cuesta arriba entre las montañas avanzando con el sonido de los charcos y del piso mojado.

Hablaban entre ellos en Patois (Patwa) o Creole. Una interlingua que permitía comunicaciones simples entre los esclavos africanos que no tenían una lengua en común, y que hoy es ampliamente hablado en Jamaica y en otras islas del Caribe.

Unas casas afloraban como hongos a un costado del camino por entre la exuberante vegetación. Ingram saludaba a diestra y siniestra. Estábamos llegando. Era el momento de bajarse del auto.

Ain´t got no shoes, me dice Ingram, mientras yo miro y le señalo sus sandalias.

Me manda a seguir al chico, que era levemente deforme y casi no hablaba Inglés (el idioma oficial de la isla). Yo lo sigo por el embarrado y angosto sendero.

No había pasado un minuto y ya estaba empapado en sudor de la cintura para arriba, y del agua de las hojas y barro en mi mitad inferior. 

Nos íbamos abriendo paso entre la densidad de la jungla, por un sendero patinoso que requería de mi constante atención. Ahí entendí por que Ingram no quería venir. 
Me iba agarrando de las lianas y trepando piedras de tanto en tanto. Cruzamos dos pequeños claros y sorteamos dos alambres de púas que estaban casi echados en el piso, y casi sin darme cuenta estaba rodeado de miles de plantas de marihuana que ya venía oliendo desde lejos.


Las plantas habían sido sembradas hace pocas semanas, pero el clima súper tropical de la isla no puede ser mas apto, y casi que se las escucha crecer. En solo tres meses estarán listas y toda la aldea recibirá réditos en el momento de la cosecha. La plantación es un secreto que a todos les conviene mantener. El comercio esta controlado por bandas de delincuentes. Esta práctica es común a lo largo y ancho de Jamaica y se repite en otras islas del Caribe.



Cabe recordar que la marihuana es ilegal en Jamaica. Por mas que fumar sea parte de la idiosincracia del país, la tenencia, compra, venta, etc de marihuana esta severamente penada por la ley. Además en Jamaica hay mucha gente religiosa que se opone al consumo de Cannabis y a la imagen que se tiene de Jamaica en el mundo gracias a los Rastafaris.

Claro que se consigue en todos lados con suma facilidad, si es esa la razón principal por la cual muchos vienen a este país. Su consumo esta realmente presente en cada bar, en cada calle, pero cuidado. La marihuana sigue siendo ilegal, y la policía corrupta.



Entre las plantas habían unos pocos tubos plásticos que llevaban agua y varios de estos secadores en donde limpian de ramas las plantas antes de su comercialización.

Cuando apareció sin que lo viera venir, el jefe de la aldea, ya no quise continuar ahí. Aunque siempre se mostró amigable, e incluso explicativo, no me gustaba el machete curvo y oxidado que tenía en su mano derecha. Estaba entre dos desconocidos que no me caían bien, y ya había visto lo que quería ver.
Indique al chico que nos íbamos de ahí mientras agradecía al jefe de la aldea por permitirme ver su plantación. No quería problemas.

El camino de vuelta siempre es diferente, y transcurrió en silencio con alguna que otra patinada y con las primeras gotas de una lluvia que nos acompañaría todo el recorrido de vuelta hasta la ciudad.

Dejamos al chico ahí, y como también quería unos Dólares, le pagué deduciendo esto de lo que le iba a dar mas a tarde a Ingram, lo cual me costó una discusión con él, que poco me importo. No le di un centavo más.

Al rato éramos amigos nuevamente, y yo seguía disfrutando de su risa.