lunes, 17 de marzo de 2014

El templo de San Buenaventura de Yaguarón

El nombre de Yaguarón lo había oído por primera vez en algún momento de mi adolescencia. No me acuerdo  porque, pero fue lo primero que oí de Paraguay . Su nombre me quedo grabado para siempre.

Recién en mi tercer visita al país, pude llegar por fin al apacible pueblo de Yaguarón, aunque se encuentra a solo 50 kilómetros de Asunción, la capital.

 En 1598, Yaguarón se estableció como misión Franciscana,  en su afán de cristianizar a los indígenas, y enseñarles un modelo económico que les era completamente ajeno, pero suponía el camino a seguir.

Junto a las ya existentes reducciones cercanas de Altos e Itá ,  los Franciscanos convirtieron la zona en un importante núcleo comercial, que perdura su impronta hasta el día de hoy.

Siempre que visito Paraguay, me pego una vuelta para enseñárselo a mis compañeros de turno. No sé si estoy loco, o estamos ante una joya oculta, pero la iglesia de Yaguarón, para mi, es el mas linda del Paraguay.
Cuando uno llega a la Iglesia de San Buenaventura de Yaguarón, por lo general esta esta cerrada, ya que, lamentablemente, son pocos los visitantes que hasta aquí se acercan.

Para entrar hay que ir a buscar al Sr Alemán, quien guarda las llaves del templo, y con gusto contará la historia del lugar. Vive cerca, dos calles mas arriba, y es muy fácil dar con el , pues todos en el pueblo lo conocen.

Mientras escribo esto sonrío, pues recuerdo que en cada visita, la forma en la que narraba sus palabras fueron casi idénticas.
Muy interesantes los cuentos de este simpático y buen hombre, que ama Yaguarón como ninguno.


Hace mucho tiempo que este templo no recibe mantenimiento. No pasan un plumero desde la última vez que hicieron tareas de refacción y manutención, y eso fue en 1986.  Tiempo corrosivo para opacar una joya que debiera brillar como pocas si solo se la lustrase.
La fachada del edificio es muy simple y sencilla, como ocurre muchas veces en los templos Franciscanos asentados en pueblos que son pobres.

Del lado izquierdo de la iglesia hay una torre tipo mangrullo, donde nuevamente,  queda manifiesta la humildad en la simplicidad del diseño y los materiales utilizados.

A cada uno de sus costados tiene una galería con varias columnas de madera sosteniendo el techo.
Aquí se puede apreciar cuanto mas gruesa es la base del edificio construido en adobe. Las gordas paredes de hasta 1.50mts de ancho están llenas de huesos de los indígenas que iban muriendo.
Las grandes puertas de madera laboriosamente talladas se abren, y apenas se empieza a colar la luz,  es que uno nota de inmediato que se esta ante un lugar especial . Toda la rectitud y simpleza de la parte externa queda olvidada, y  vemos en su interior una explosión de formas y colores en sus espectaculares techos y columnas, con un trabajo muy rico, casi exuberante, como rasgo, o símbolo, de la espiritualidad franciscana. Para estos trabajos, los talentosos indígenas, utilizaron tinturas de origen vegetal, y así plasmaron su arte inspirándose en la flora y fauna local. 

Utilizaron para ello, como puede suponerse, las mejores maderas de la zona.
Cada una de estas caras en el techo representa, a modo de firma, la imagen del artista.
En la misión se le daba mucha importancia y cabida a los artesanos locales, pues eran muy talentosos.
El altar, de gran belleza, estaba construído en forma tal de poder enseñarles mediante símbolos, los principios de la religión a los indígenas de las reducciones que aún no sabían leer.

En los extremos están los cuatro elementos de la naturaleza. Fuego, tierra, agua y aire
Domina desde arriba el Padre Eterno. Acompañan la justicia y la gloria.

En el centro del altar hay una pirámide con una escalera que lleva al cielo, y simboliza el esfuerzo que tiene que hacer el hombre para conseguir la Gloria Eterna. Allí está colocada la Virgen de la Concepción que mediará el ascenso. Desde la parte superior de la hornacina vigila el Espíritu Santo.
A un costado San Miguél Arcángel matando al demonio. En el otro la figura de San Buenaventura, patrono del templo y del pueblo.

El entramado es muy didáctico. 

Pudimos acceder (siempre que fui, pude) a los cuartos de atrás, en donde guardan toda la parafernalia que usan en las misas y celebraciones, como son los trajes de los padres y monaguillos,  los viejos candelabros, y varias cosas mas, por demás curiosas. El mobiliario es muy interesante.
De todos maneras, estando aquí te hacen sentir especial haciéndote ver algo que aparentemente mantienen cerrado al público


Atrás de otra puerta, hoy también cerrada al público,  se encuentra un sistema de túneles utilizados por los franciscanos, que desembocan en el arroyo y en el cerro vecino, en donde esta la cruz grande.
No se sabe del todo si los hicieron por motivos de seguridad, o con otros fines, ya que como es de imaginar se han tejido las mas insólitas leyendas en lo que a esto respecta, como la de la huella de Santo Tomás (si pisas su huella te enamorarás en Yaguarón y no te podrás ir), o la de las lágrimas de Kerana, entre tantas otras aún mas inverosímiles.

Aparentemente alguno de esos túneles que salen desde las entrañas del Templo de San Buenaventura de Yaguarón, han sido cerrado por escape de gases tóxicos.

Grupos de arqueólogos alguna vez han trabajado en zona, pero como siempre sucede con Paraguay, algunas cosas no se hacen con la seriedad debida. Se sabe, es un hecho, que en Paraguay quedan muchos tesoros arqueológicos por descubrir.