lunes, 16 de junio de 2014

El Parque Nacional Chaco

Menuda sorpresa me lleve cuando finalmente conocí con el Parque Nacional Chaco. Muchas veces había pasado "por la puerta", pero nunca le presté mayor atención. Esta vez llegamos desde "el otro lado" ya que veníamos desde El Impenetrable y volviendo desde la provincia de Formosa (mas al norte), en donde cruzamos durante dos días enteros las picadas del severo monte espinoso.
Entramos desde el oeste vía Colonias Unidas, y tras bordear algunos parajes llegamos por la puerta de atrás a la pequeña localidad de Capitán Solari en donde hay algunos alojamientos para quien tenga el deseo de pernoctar en la zona. Desde aquí son solo 6 kilómetros hasta la entrada del parque.
Antes de llegar a la entrada del parque nos cruzamos con el río Negro, que se veía seco como todo lo que habíamos visto en este viaje por el Gran Chaco Americano.
Llegámos al portón de entrada. Comienza el recorrido. Estaba yo muy contento pues este era uno de los únicos parques nacionales que me quedaba por visitar en Argentina, y por que iba a poder apreciar como era un bosque de Quebracho, ya que la tala indiscriminada acabo con millones de hectáreas de ejemplares de este árbol de durísima madera, presente, por ejemplo, en los durmientes de decenas de miles de kilómetros de ferrocarril en la India.

El camino nos guía obligatoriamente hasta la casa del guarda parque desde donde ha de comenzar el recorrido por las entrañas de este espacio protegido del Chaco Húmedo.
Tras una breve parada en lo del guarda parque, informamos que 2 personas íbamos a recorrer el lugar. 
Muy predispuesto e informado sobre el entorno, nos regalo unos consejos y muy completa folletería sobre el parque nacional que estábamos a punto de recorrer. Ya empezaba a sorprenderme, y es que la provincia de Chaco, históricamente siempre ha sido un lugar olvidado. Un lugar relegado.
El guardaparque nos informara el estado actual del parque según la época del año en que lo visitemos. En esta oportunidad no llovía hace meses, pese a que ya transitábamos la época de lluvias.
Una vez arriba de la camioneta, y ya provistos de un mapa de caminos internos del parque (aunque los tenía a todos dentro de mi  GPS) comenzamos a recorrer el Parque Nacional Chaco.
Están todos los caminos muy bien señalizados, y en todo momento uno tiene la sensación de estar caminando o manejando en el lugar correcto, lo cual es muy bueno por que este es el tipo de lugares en donde no es bueno estar perdido, dado las altas temperaturas, y la proliferación de serpientes venenosas.
Los caminos van cambiando según la zona del parque, de tierra firme a guadales (talco) y arena en otros lugares. La mayoría del recorrido se maneja bajo la sombra de los quebrachos blancos y colorados, Guayacanes y otros árboles altos que ya venía extrañando después de tanto monte ralo. A estos sectores se los denomina como "Selva en galería".
Dentro de el espacio protegido del parque hay una importante fauna que comprende a el puma, el oso hormiguero, el pecarí de collar (tipo chancho), el tapir, el guazuncho (tipo ciervo), varios tipos de monos, hurones, tortugas y yacarés entre los mas destacados.
Los Birdwatchers estarán mas que a gusto ya que hay mas de 340 aves registradas en el parque.
Dentro del parque hay tres áreas bien diferenciadas. Esta el monte fuerte que es el que cuenta con los bosques de quebracho (3 tipos), algarrobo y los lapachos que saben regalar belleza cuando sus frondosas copas se llenan de flores blancas, amarillas o rosadas.
En el sector oeste del parque se encuentran las zonas bajas que se inundan dando lugar a la formación parcial (o estival) de cañadas, lagunas y esteros. Aquí, en esta suerte de sabana, predominan los palmares y los pastizales naturales.
Uno no tarda en volver a comprobar el terrible daño que el hombre causo en el Chaco, exterminando toda forma de vida a su paso, desapareciendo millones de hectáreas de bosques y llevando muchos animales a su extinción. Ya no quedan animales de gran porte en esta zona que supo tener uno de los bosques mas grandes del planeta.
Por suerte el Parque Nacional Chaco nos permite ver como era aquel Chaco original, y aunque el espacio protegido es poco (unas 15.000 hectáreas), recorriendo todos los sectores uno se lleva una idea.
Fuimos avanzando por sus caminos hasta llegar a todos los límites del parque, que con tal sequía ya ponía en evidencia cuanto mas lindo y verde ha de ser este lugar durante la época de lluvias.
Las lagunas estaban secas. Sin vida aparente a la vista, y aunque sabíamos que no veríamos agua, y que con el calor del mediodía, tampoco veríamos pájaros, no nos privamos de visitar las 3 que se encuentran dentro de los dominios del parque (Carpincho, Panza de Cabra y Yacaré).
En cada una de las tres lagunas han puesto sólidos miradores para observar las aves y la fauna que hasta aquí se acerca a beber. Debe ser un lindo espectáculo en época de lluvias y en la hora correcta.
En algún camino nos topamos con un cartel que invitaba a recorrer un sendero, por lo que bajamos de la camioneta y nos internamos por un rato entre lo tupido del monte. Los senderos son una delicia para quien gusta caminar, pero el extremo calor del Chaco lo hace mas difícil de llevar.
De tanto en tanto aparecen carteles con flechas y/o distancias. Tuvimos que abandonar a mitad de camino. El calor era aplastante, y la fauna no iba a aparecer hasta el final del día.
Tras gozar un rato del aire acondicionado puesto al máximo, y bajar nuestra temperatura corporal, recorrimos una vez mas los 12 kilómetros por monte de uno de los caminos del parque. El mas largo.
Disfrute mucho la visita a este lugar. Lo encontré cuidado y muy interesante. Menuda sorpresa me lleve, y lamento haber dilatado tanto mi visita a este lugar, el cual es fácilmente accesible desde la ciudad de Resistencia, la capital provincial, desde donde llegaré la próxima vez.

Volveré sin dudas a este lugar, y quisiera hacerlo después deuda lluvia, de modo de ver acentuados todos sus verdes.