martes, 10 de junio de 2014

Un cigarrillo para el triunfo

Una noche de primavera venía manejando una camioneta por La Condesa, uno de los barrios de moda del Distrito Federal, en donde hay muy buenos bares y restaurantes en cantidad. Las calles estaban llenas de gente, luces de neón, y música que se mezclaba con el olor a comida.

Sin previo aviso ni razón aparente, siento un estrujo en mis entrañas que encendió la luz de alarma en mi sistema. Era hora de actuar rápido y buscar un lugar en donde verter mi toxicidad.

El avance no era rápido. Nada peor que tener que aguantar las tripas estando atrapado en el maldito tráfico. La urgencia se había apoderado de mí. Por momentos iba tanteando y evaluaba la posibilidad de acuclillarme entre dos autos, ahí nomás, con las balizas de la camioneta encendidas, frente a cualquiera que pase y con la gente maldiciéndome con justa razón . Era eso o cagarme encima y frente a mi nueva novia.

Agudicé mi vista y divisé un cartel de Pemex, lo cual me dio la fuerza necesaria, y una meta a la cual apuntar.
Llegué hasta la estación de servicio. Antes de frenar la camioneta ya estaba casi llegando al baño, con pasos mas largos que los de Johnnie Walker .

En eso me frena el guardia de la estación.

- "Que no puedes aparcar el carro ahí. Que lo muevas. Que no, que no. Póngale, ándale"

Con un último esfuerzo estaciono casi en dos ruedas y salgo corriendo al baño. Puerta cerrada. No estaba preparado mentalmente para mas retrasos.

Entro al shop, sorteo a la gente que hacía la cola para pagar, y pido encarecídamente y rápido (lo cual es un milagro en México) las llaves del maldito y ansiado baño.

(Esta es genial)

Tras darle dos vueltas a la cerradura del baño, entro, empujo con mi pie la puerta del cagadero, ¿y que me encuentro? un chingue mexicano sentado, cagando y leyendo una revista.
Le pegue tal susto que le hundí el culo en el agua. Hizo un rollo con su revista y alcanzó a pegarme dos veces en el brazo. Todavía me zumba el oído por sus maldiciones ("Chinga tu madre culero").

Yo no podía esperar, y me preguntaba hace cuanto habrá estado aquel pinche cabrón encerrado en el baño cagando, que estaba encerrado y ni cuenta se había dado.

Plan B

Me meto inmediatamente al baño de mujeres arriesgándome a que me traten de depravado y me encuentro con una señorita que estaba limpiando el piso con su balde su trapo y su parsimonia.
La agarro de los hombros y haciendo caso omiso a lo que me decía la saco del baño, y entro por fin, a un cubículo a descargar mi tanque atmosférico a punto de rebalsar.
Una sensación solo comparable a un multi orgasmo me embargo por algunos minutos. Mi alivio era difícil de callar y se manifestaba en pequeños gritos de alivio mientras secaba el sudor de mi frente con la parte externa de mi mano y hacía equilibrio entre las angostas paredes del receptáculo.

Estos son los pequeños grandes momentos que nos recuerdan que a veces, las cosas mas importantes solo son las mas urgentes.

Casi con orgullo sonreí por esta seca hazaña de haber llegado a evacuar a tiempo.
Con tanta urgencia ni había pensado en como me limpiaba el culo. Nada tenía para sacrificar hasta que por el bolsillo de mi camisa vi asomar un paquete de cigarrillos sin abrir. Con el primer pedazo metálico de papel fue poco lo que pude hacer, así que comencé con los cigarrillos. Uno primero, de ambos lados y al inodoro, dos cigarrillos, tres, catorce, diecinueve. El último me lo guarde para festejar.