martes, 29 de julio de 2014

Trinidad del Paraná, el paraíso perdido.

Las Ruinas de la Santísima Trinidad del Paraná son el sitio histórico mas importante del Paraguay.
Habíamos amanecido en la ciudad de Encarnación, a menos de 40 kilómetros de distancia, y guardábamos todo un día para recorrer esta maravilla.
En el lugar había muy pocas personas, por lo que era muy fácil perderse y caminar en soledad por los restos de la misión jesuíta mas extensa del país, y mejor conservada, e imaginar como era la vida en aquellos tiempos, cuando la Compañía de Jesús se encontraba en franco apogeo.
Trinidad del Paraná fue fundada en 1706 en las costas del Río Uruguay, pero tuvo que ser re localizada seis años mas tarde. Creció rápidamente hasta tener una población de aproximadamente 5.000 indígenas guaraníes. Fue la mas grande de todas las misiones en el Paraguay.

De un estilo Barroco Romano impreso por el arquitecto milanés Giovanni Battista Primoli, deslumbra en detalles que los guaraníes exquisitamente plasmaban en las piedras rosetas.

En 1993 fue declarada Patrimonio UNESCO de la Humanidad. Una lástima no haber podido proteger este sitio antes de ser víctima del vandalismo. Así y todo, es la única de las ruinas en la que aún se pueden apreciar mosaicos de colores en los pisos, y restos del pigmento de pintura en varias de sus muchas esculturas y otros detalles que ya les iré contando.
Para los eventos sociales contaba con una plaza mayor. A su alrededor estaban como siempre ocurre, los edificios mas importantes, como la iglesia con su torre de 12 campanas y un reloj, pero también se encontraban las viviendas de los indígenas en tres de sus costados, y la de los españoles, que eran de mayor calidad. Los techos eran de paja y/o de tejas, y con al abandono, todo el lugar fue saqueado en repentinas oportunidades durante mas de 200 años tras la expulsión de los Jesuitas.

La huerta, los talleres, el colegio y el cementerio completaban los alrededores de la plaza mayor, bastante mas grande que la de las otras reducciones, y todo se ve y aprecia a simple vista.
La misión convivía en perfecta armonía con los indígenas. Pretendían una evangelización pacífica y contar con el apoyo de los indígenas para proteger las fronteras todavía inexistentes de un Portugal que todavía era expansivo.

Si bien cada una de las reducciones era completamente auto suficiente, se complementaban entre si, y cada una lograba destacarse del resto. Hubo 60. La mayoría desaparecidas. Ocho sobrevivieron, entre las que destacan además de Trinidad del Paraná, las ruinas de San Cosme & Damian, el observatorio jesuita, con destacados astrónomos y valiosos descubrimientos, la reducción de Jesús de Tavarangué (para mi las mas lindas), y las de Santa María de fe, a la que le queda tanto por descubrir.
La misión contaba con por lo menos 25.000 cabezas de ganado, ya que se necesitaban no menos de 11.000 vacas por año para alimentar al mismo tiempo a una población tan grande como la de Trinidad.


La torre campanario es muy linda y tiene la particularidad de estar alejada de la plaza mayor. No se sabe a ciencia cierta si tuvo un propósito defensivo, o solo formaba parte de la antigua y desaparecida iglesia primitiva . Se ve muy sólida y bien plantada.
En mi opinión también tenía un fin defensivo, ya que en aquellos tiempos se intentaba tener un contacto visual entre las diferentes misiones, de modo que pudieran alertarse entre si mismas ante el ataque de los Bandeirantes que venían de Sao Paulo.

El interior de la iglesia asombra por su tamaño, y cuando ciertos mis ojos trato de imaginar las dulces melodías ejecutadas por los talentosos músicos guaraníes y ese coro de 200 niños que existía en Trinidad, el primero de América.

Las medidas de la iglesia hablan por si solas. Tenía 85 metros de longitud, 43 de ancho, y al momento de la expulsión el techo llegaba a los 14 metros de altura, y tenía proyectado ser mucho mas alto.
Mas de 500 obreros trabajaron durante 6 años para su construcción. Tuvo una enorme cúpula que sucumbió en dos oportunidades, probablemente por el agua que absorbían estas piedras porosas con las cuales fue construida Trinidad del Paraná.
Todo el piso de la iglesia es original, y bajo la nave central se encuentran enterrados dentro de enormes jarrones y en posición fetal, los caciques guaraníes que vivieron en esta misión. De noche sus restos eran custodiados por indios que hacían guardias nocturnas. En la cripta descansaban los padres jesuitas (nunca había mas de tres trabajando en el mismo lugar), y en el cementerio pegado a la plaza mayor enterraban a los indios comunes.

Las misas se impartían en idioma nativo, aunque los guaraníes aprendían el idioma latín y recibían en los colegios, según los jesuitas, "una educación mucho mejor que la de los príncipes de Europa".

Dentro de la iglesia se conservan restos de gran valor histórico y espiritual como el púlpito de piedra o un baptisterio que están en gran estado de conservación.
Dentro de la reducción funcionan el Museo Jesuítico con esculturas de piedra como la de la foto inferior, y también el Museo Lítico con tallas en piedra de menor envergadura, pero mucho mas rico en cuanto a cantidad de motivos artísticos, por supuesto tallados en piedra.
Cuando la Compañía de Jesús fue expulsada de América, los españoles pasaron los dominios de los jesuitas a la Orden Franciscana. Solo bastaron 35 años para que no quede un solo indio guaraní viviendo bajo sus dominios. Todos prefirieron volver a su estado primitivo de íntimo contacto con la naturaleza. Estaban llenos de conocimientos y mantuvieron su fe durante muchos años.
El escenario nunca sería el mismo y los guaraníes no supieron mantenerse unidos.
Los años siguientes fueron de genocidios perpetrados por los colonos y la expulsión de las tierras que antiguamente habitaban.
Se calcula que hoy son al menos 100.000 los guaraníes viviendo entre los territorios de Paraguay, Brasil, Bolivia y Argentina.
Vista desde la torre campanario
Varias noches por semana se brinda un espectáculo de Son et Lumiere (luces y sonido).
Los amantes de la historia y la arqueología se sentirán muy a gusto en las ruinas de Trinidad del Paraná.

Si se visitan las ruinas de Jesús de Tavarangue y de Trinidad del Paraná, una excelente opción para dormir o almorzar en zona es el Hotel Papillon. Un lugar manejado por alemanes, muy cuidado como es de esperar, y con un amplio buffet que vende comida "al peso" y tiene una excelente atención.
Bella Vista es la ciudad en donde se encuentra, y en las cercanías están las colonias alemanas. Toda la zona es rica, pujante, limpia, funcional, moderna, florida, fértil. De aquí sale el grueso de la producción agrícola nacional. Bien merece conocerla por un recorrido por cualquiera de sus caminos.

He quedado tan gratificado con su pasado, sus paisajes y su gente, que no dudo en que pronto volveré a  recorrer el área con mas ímpetu. Paraguay nunca te va a dejar indiferente.