miércoles, 20 de agosto de 2014

Se hizo largo el camino a la Pulpería San Gervasio

Desde chico me han gustado las pulperías. Hace 200 años había unas 500 de ellas desparramadas por la provincia de Buenos Aires. La mayoría desaparecidas, algunas aún en pie, y muy pocas abiertas al publico. La pulpería de San Gervasio es una de ellas, y guarda una rica historia como testigo directo de la reconstrucción de la actual ciudad de Tapalqué, tras ser arrasada por los malones.

Era mi último día de aquel viaje, y lo que menos necesitaba era sumarle kilómetros a mi camino de vuelta. Aún sabiendo que la ciudad de Tapalqué no tenía mayores atractivos, me desvié para conocerla, y desde allí acercarme a Campodónico, un paraje sito a 30 kilómetros.
El camino de acceso a la localidad se me paso por alto, y cuando bien pasados los 30 encontré un camino rural, me metí con la seguridad de que me llevaría a la pulpería. Tras andar otra treintena de kilómetros me crucé con un paisano en un tractor quien nunca había oído hablar de la pulpería y desconocía si ese camino llegaba a Campodónico. Como el esquivo poblado seguía sin aparecer en mi GPS, continué la marcha un buen rato por caminos que por momentos presentaban muy mal estado.
Cuando divisé en la pantalla del GPS las vías de un ferrocarril, supe que Campodónico iba a estar a la vera o cercanía de aquellas vías, por lo que tome en el próximo cruce de caminos, el que me llevaba paralela a ellas.

Supongo que fue aquí donde volví a equivocarme, pues cuando finalmente apareció Campodónico a la distancia, yo me encontraba en el lado contrario de un canal o arroyo, y tuve que manejar una última hora hasta encontrar un puente y una nueva ruta que me llevase a esta famosa pulpería.

Yo veía de lejos una construcción blanca y hacia allí me estaba acercando cuando vi esta pintoresca construcción a la derecha del camino. ¿Será San Gervasio?
Bajé a tomar unas fotografías, y cuando un buen hombre salió de la casa contigua, pude confirmar que estaba en la ansiada pulpería y el traía las llaves para abrir sus puertas y contarme su rica historia.
Hacia mediados del 1800, el hombre blanco había consolidado una linea de fortines que establecía como límite natural entre el territorio indio y el de los blancos, al Río Salado.

Un 13 de febrero de 1855, los fuertes de Azul y de Tapalqué fueron arrasados por una horda de 5.000 lanceros a cargo de los caciques Juan Catriél , Calfucurá y Cachul. En ese histórico Malón robaron mas de 20.000 cabezas de ganado y se llevaron consigo a 150 mujeres, dejando cuantiosos daños.
La Pulpería San Gervasio ya funcionaba como tal, y a partir de ese momento fue fundamental para la reconstrucción de Tapalqué, ya que fue usada como base para repartir los materiales que en carreta llegaban hasta esta "posta de caminos". El almacén de ramos generales amplió su oferta de productos y comenzó a vender los materiales que fueron usados en las primeras construcciones de la zona.
Hasta 1910 siguió pasando por "Posta Libertad" (tal era su antiguo nombre) el servicio de postas de carretas que unía las ciudades de Azul y Las Flores.
En su interior, la pulpería,  guarda desde el año 1850 la reja característica que protegía al pulpero de sus clientes. No siempre era ameno el trato en nuestras pulperías. Ya lo sabemos por Jorge Luis Borges.
Las altas estanterías de madera en donde se exhiben los productos, y el viejo mostrador enchapado en estaño también son parte original de su mobiliario.
Hoy la Pulpería de San Gervasio sigue cumpliendo las mismas funciones que hace 150 años, supliendo a los habitantes del lugar con bienes básicos de consumo. Sigue siendo para los parroquianos el mismo lugar de encuentro "de toda la vida" de parte de la Patria Gaucha, bebiendo los mismos alcoholes que en las épocas de antaño, y con problemas que hoy son mas grandes, serios y preocupantes que los de aquel entonces.
Valió la pena escuchar de la boca del mismo pulpero que regentea la pulpería de San Gervasio las "mil y un" historias de lo que pasaba en estos confines, mientras comía una picada con queso duro y amarillo, y salame de picado grueso. El mismo pulpero hijo de otro pulpero que desde 1920 administran este histórico almacén de ramos generales.
Don Toso, el viejo pulpero, me invitó a jugar a las bochas, y acepté el desafío. Mas tarde caminamos juntos caminamos hasta el aljibe y la vieja estación del ferrocarril.
Era hora de regresar. La mayor parte posible por solitarias vías rurales.
Las últimas lluvias seguían provocando retrasos y malestares en los habitantes de la zona. El camión con hacienda bovina abordo iba a necesitar de la ayuda de tres o mas tractores para desencajarlo.

P.D.: Edgar Toso, dueño de San Gervasio y conocido por muchos como "El Último Pulpero" dejó de existir en mayo de 2015.