viernes, 17 de octubre de 2014

Palacio Rundale, el Versalles de Letonia

Los campos sembrados de colza rebosaban de color, y hacían muy agradables  esos poco mas de 60 kilómetros que me separaban de mi hotel en Riga, la capital letona. Estaba camino a conocer uno de los sitios mas importantes y visitados de Letonia: El Palacio Rundale.
El palacio, que fuera propiedad de los Duques de Curlandia, es otra obra de Bartolomeo Rastrelli, el mismo y destacado arquitecto que construyó para los zares, el Palacio de Invierno, en donde funciona el Hermitage , y también de El Palacio de Catalina ambos en San Petersburgo, Rusia.
Ya desde lo lejos sorprende por un tamaño, que ahí en el medio del campo, lo hace parecer aún mas grande de lo que es.
El palacio se construyó a partir de 1736 en dos etapas de cuatro años cada una, y finalmente pudo ser  concluido en 1768 para alojar a los Duques de Curlandia y sus grandes comitivas de invitados.
En el Rundales Pils, nunca faltaban las fiestas de la que toda la alta sociedad de Lituania hablaba, ya que en ese momento, Letonia era parte del Reino de Lituania. Poco después lo fue de Rusia.

Durante la Guerra de la Independencia de Letonia el palacio sufrió daños considerables. Fue un granero, un hospital y también una escuela. Hoy se sigue usando, como en antaño, para hospedar a los líderes invitados de las naciones extranjeras, razón por la cual muchas de sus habitaciones permanecen cerradas al público.

Desde que se convirtió en museo en 1972, el Palacio Rundale vive de restauración en restauración.
Lo mejor esta afuera. Los jardines son simplemente  espectaculares. y los hay de todo tipo.
Al pagar la entrada uno puede elegir si quiere recorrer solo los jardines, o sacar el tour completo que permite también recorrer las entrañas del palacio. Esta fue mi opción. La entrada es muy barata.

Adentro del museo, como es de imaginar, hay mogollón de salas, la mayoría de un estilo barroco recargado como pocas veces he visto. No me ha gustado tanto, por no decir nada, sin embargo encuentro muy original (aunque también recargado) una habitación conocida como El Cuarto Rosa, de 1739,  dedicado a la reina de las flores y de la primavera,  y que se manifiesta con pinturas de fuertes colores en el techo. Lo pintaron Francesco Martini y Carlo Zucchi.

Entre tanta porcelana y rococó, solo encontré de mi agrado el dormitorio del duque y sus apartamentos privados de la planta alta, y el Salón Holandés, uno de los cuartos preferidos de los visitantes. Entre tantos cuadros colgados de sus paredes, no hubo uno solo de mi agrado.
Pocos cuartos mas guardaban sorpresas, o mobiliario interesante. Las chimeneas, o estufas de algunos, me recordaban inmediatamente a las que hay en las habitaciones de el Palacio de Catalina, y otros palacetes, como así también alguno de los trabajos que hay en los pisos de madera, que son muy lindos por cierto, pero menos espectaculares que los existentes en el Palacio de Invierno.
Uno de los lados del palacio, en donde están las rejas de entrada, encierra un patio entre sus alas.
El palacio es la mayor construcción barroca que tiene el país.



Palacio Rundale
El plato fuerte de Rundales Pils está en sus jardines, que recuerdan a los del Palacio de Versalles, aunque de menor tamaño, y sin las parvas de gente.
Los jardines también fueron dibujados por Francesco Bartolomeo Rastrelli, y fueron hechos al mismo tiempo que construían el palacio.
Están al sur del palacio, y simbolizan, como lo hacen generalmente los jardines afrancesados, el avance del arte por sobre la naturaleza. Demanda mucho trabajo, pero los resultados están a la vista.
La idea original de Rastrelli era que la entrada al palacio se haga cruzando el canal artificial y estos jardines, pero su plano no fue respetado, y hoy se entra desde el otro lado.

Entre pérgolas y fuentes, caminos y ligustrinas, nos invade el olor de las miles de flores de las 2.500 variedades de rosas y tulipanes, que aquí parecen crecer mejor que en ningún otro lado.
Los jardines, como el resto del complejo, esta permanentemente en obra, y aunque no está completado, es muy bello y demanda no menos de una hora y media para recorrerlo.
Hay jardines de todos lados y formas , abiertos, coloridos, cerrados, simétricos, grandes, aromáticos, angostos, mitológicos, floridos, y siempre muy cuidados.
Es una parada para nada obligada, y completamente evitable. El palacio no vale la pena, pero si el recorrido por sus cuidados jardines.

Con transporte propio es fácil llegar hasta aquí, pero no en transporte público, ya que solo llegan al pueblo de Bauska, sito a varios kilómetros de distancia, donde hay que tomar un segundo transporte.
Aunque el viaje desde Riga es relativamente corto, la visita al palacio demanda casi un día entero.
Lo ideal es conocerlo camino a Lituania, y no volver a Riga para dormir.