miércoles, 28 de enero de 2015

Una sorpresa inesperada (Día 4 antes de salir)

Hubiera sido difícil encontrar donde dormir aquella noche en Susques, pero Walter Picone, dueño del Hotel Pastos Chicos , una suerte de oasis en la Puna, nos hizo el favor de crear lugar para nosotros. No era para menos, una nueva edición del Rally Dakar se estaba corriendo en Argentina y la etapa 10 pasaba bajo nuestras narices y casi por arriba de nuestras camas.

Esa noche nos dimos varios lujos como comer carne vacuna, ricas ensaladas y las únicas cervezas frías de todo el viaje (y el N.O.A.), mientras intercambiábamos anécdotas .
 Al día siguiente coincidimos en el desayuno con pilotos, reporteros oficiales, dueños de equipos. En fin. Nosotros éramos los únicos que no teníamos nada que ver o hacer con el Dakar.
El sonido de los motores V8 de Toyota me provocaban ansiedad y ganas de tener uno para encenderlo cada mañana. Me conformaba con ver trabajar a los mecánicos llegados de todos los rincones del mundo, y codearme con los pilotos.
El mundo es chico, podía pasar, pero no dejo de sorprenderme y aplaudir el encuentro con nuestros amigos comunes Pexa y Diego dueños de Safe Parts y Gabriel L. quienes venían siguiendo el Dakar llegando desde Calama, Chile, y si mal no recuerdo tuvieron que pasar (a falta de lugar) la noche en las camionetas. Nos pusimos al día con los muchachos mientras los mates pasaban de mano en mano. En eso y para la envidia de todos mis amigos, viene de la nada un tipo de la televisión francesa y me regala un filtro de aire "Ont la meme camion"me dice señalando su camioneta y la mía.
Los chicos de Safe Parts, conocedores de las Toyota, solucionaron todo. Tenían la manguerita, también el aceite correspondiente.
Las cinco Toyota.
Recorrimos por entre los autos y hasta hubo tiempo de sacarse una foto con un príncipe de los caminos.
Con Nasser Al-Attiya, gran animador del Dakar
Cada uno tenía que seguir su camino. No íbamos a desaprovechar la oportunidad de ver pasar una etapa del codiciado Dakar, pero las huellas y senderos nos esperaban.
Basta de pavadas. Entre mangueras, amigos y pilotos se nos pasó media jornada, quizás, no lo sabíamos, el último día de nuestras vidas.

(Viene de acá)