jueves, 12 de febrero de 2015

De Mina Julia hacia Antofagasta de la Sierra (Día 6)

Mi maldito colchón inflable adquirido para esta oportunidad comenzó a perder aire a gran velocidad apenas me apoyé sobre él.  Su caja pomposa ofrecía instrucciones en 18 idiomas diferentes. "No juzgues un libro por la tapa". En eso pensaba mientras se desinflaba todo. El piso estaba duro. Hoy me duele todo el cuerpo. Otra noche en la que me fue difícil conciliar el sueño.
Denis y Omar ya listos. Los Baldi siguen en cama
Tras una tempranera recorrida por las instalaciones del puesto Socompa junto a Omar, en donde caminamos por la estación y vimos los vagones de gas llegados desde Chile, nos dispusimos a levantar campamento e ir a tomar una infusión caliente junto a los gendarmes.

Omar y Sandra deciden seguir camino con nosotros hasta Antofagasta de la Sierra. Preferían arriesgar la integridad de su auto antes de volver solos por el camino de faldeo del día anterior.
Estación Socompa
Desde el puesto de gendarmería de Socompa desandámos unos kilómetros por el camino por el cual habíamos llegado y tomamos una tenue huella ascendente en la que pronto teníamos vistas de los volcanes Socompa (6.051 msnm), Llullaillaco (6.739 msnm) y Cerro Mellado (5280 msnm).

Recorriendo un portezuelo del Volcán Llullaillaco, el segundo volcán activo mas alto del mundo, vimos las "bombas" huecas que este coloso alguna vez arrojara. Eduardo nos explica que la lava expulsada por los volcanes adquiere formas aerodinámicas durante su vuelo, y cuando esta lava se enfría en el aire es que se convierte en bombas volcánicas. El viento cesa y hasta el Llullaillaco parece escuchar sus palabras.
Bombas volcánicas expulsadas por el volcán Llullallaico
El mismo volcán que era sagrado para los Incas es el lugar en donde cerca de la cima encontraron las famosas Momias de Llullaillaco que hoy se exhiben en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) frente a la plaza mas importante de la ciudad de Salta, un museo creado específicamente para albergar los cuerpos de estos tres niños espectacularmente conservados.
Corrida sur de lava del Vn Llullaillaco y la huella por la que subimos

Los Baldi con el formidable volcán Llullaillaco de fondo
Tras continuar camino en dirección oeste llegamos al lugar en donde se encuentra uno de los Hitos que marca el límite entre Argentina y Chile. Uno de los hitos fronterizos determinados por Buchanan en 1899.
Estamos a 4.850 msnm. El día espléndido y un gran recorrido por delante.
Tras las fotos grupales de rigor, nuestras y de las camionetas paradas junto al hito, tomamos una muy linda huella por la que fuimos descendiendo metros y metros mientras íbamos acercándonos a los bordes del Salar de Llullaillaco, con su laguna llena de flamencos. Este salar esta en manos de una compañía minera canadiense (TNR Gold) ya que es rico en Litio.

Esta huella que discurre entre dos abras es la única forma de salir de ahí si se viene de Socompa y se pretende llegar a Mina Julia, ya casi en el límite con la provincia de Catamarca, y también del de Chile.
El camino era ahora una suerte de pampa desde donde aún veíamos uno de los extremos del salar. Cruzamos muchas vicuñas, algunas de las cuales todavía no temían a los humanos.

Tras bordear el salar en dirección sur y descender algunos cientos de metros sobre el nivel de los mares, tomamos una polvorienta huella que obligaba a guardar un centenar de metros entre los vehículos.
A nuestra derecha vemos por primera vez al Cerro Estrella (o Cerro Azufre) desde donde se extraía el mineral durante todos los años en que Mina Julia era la mina de azufre mas importante de la Argentina.
Hacia allá nos dirigimos. Objetivo a la vista.
Los colores que regala el cerro son magnificos, acentuados por ese amarillo del azufre, y todos los blancos, marrones, naranjas y violetas de los cerros circundantes.
El camino nos va llevando en franco ascenso hacia lo que fue Mina Julia. El camino es de cornisa pero muy ancho, lo cual permite manejar prestandole al paisaje la atención  que se merece.
La cumbre norte de la Corrida de Cori yace monumental frente a nosotros. Hubo alguna vez una cumbre sur, pero Argentina se la robó a Chile "desapareciendo" mas de 1.000.000 de toneladas de azufre. Además  logró con ello modificar el límite fronterizo a su favor.

Era mi primera vez en Mina Julia y lamenté no haber venido antes. Mientras tanto grababa en mis retinas estos inusuales paisajes. La Puna otra vez me sorprendía con su belleza salvaje.
Por suerte ninguno de nuestros organismos presento problema alguno en la larga trepada hasta los + 5.200 metros, el punto mas alto en donde se pude llegar rodando (intentamos ir mas allá), y en donde los motores tampoco encuentran el oxigeno necesario para realizar en forma correcta la combustión.
Cuando ya no pudimos avanzar mas con los vehículos, pegamos la vuelta sobre la misma calzada cada vez mas estrecha, en otrora utilizada por los camiones mineros. Nos bajamos entonces a caminar por el lugar para entender la magnitud de esta obra y el esfuerzo que han tenido que hacer los mas de 600  mineros que trabajaban aquí entre los 5.300 y 5.800 msnm, en donde el clima extremo apenas permite respirar, la radiación solar es voraz y las temperaturas en invierno pueden alcanzar los 40° bajo cero.
Cable carril de Mina Julia. Al fondo el Salar de Río Grande
El viento sopla muy fuerte. La emoción por la tremenda vista y la historia del lugar se apodera de nosotros y nos deja mudos. El pecho se encoge al mismo tiempo que nuestros hombros y la garganta se anuda cuando pensamos en el tremendo esfuerzo que supuso la creación y ejecución de este lugar.
 Nadie quiere perderse este momento, y respirando fuerte por la nariz se nos queda grabado el olor a azufre. A ese azufre que hace (y que hizo) de Mina Julia un lugar diferente.

Desde arriba apreciamos la kilométrica linea del mineral caído de la época en que un cable carril enviaba el azufre puro en vagonetas con tachos de 200 litros  que iban desafiando el fuerte viento en los 15 kilómetros que recorría desde Mina Julia hasta Mina La Casualidad en donde se refinaba. Desde ahí era enviado en camiones a la Estación Caipe, o en tren a los arsenales que Fabricaciones Militares tiene en la provincia de Córdoba.
Instalaciones Mina Julia
Se movían en promedio unas 17.000 toneladas de azufre, doblando esa cantidad en los momentos mas prósperos, o cuando el azufre era un asunto estratégico de estado por su uso militar.
Veta abierta de azufre en Mina Julia. En el fondo el Vn Lastraria
Mirando hacia el oeste está el volcán Lastarria que es otro de los puntos que marcan el límite con Chile. A lo lejos se ven las fumarolas que expende su boca. Al fondo a la derecha el Salar de Río Grande.

Tras tratar de llegar a cada rincón de Mina Julia aguantando los embates del viento, tomamos en dirección a Mina La Casualidad, en donde se refinaba el azufre y vivía la mayoría de los mineros junto a sus familias.
El azufre hirviendo del Volcán Lastarría 
Llegar a Mina la Casualidad, aún sabiendo que es lo que uno va a encontrar, duele. De alguna manera me hacía acordar a Epecuén, aunque la historia de su desaparición es muy diferente.  Esta ciudad abandonada era el lugar en donde vivían los mineros que extraían el azufre de Julia, la verdadera mina de azufre sita mas de 1.000 metros mas arriba en donde la vida humana permanente es casi imposible.

Aunque descubierta una década antes, fue fundada en 1951y administrada por Fabricaciones Militares
la mina redujo notablemente su producción en 1978 y dejó de funcionar por un decreto del entonces Ministro de Economía José Alfredo Martinez de Hoz. Del día a la mañana, este pueblo que parecía próspero con sus 3.000 habitantes, su cine, casino y escuelas y todo lo necesario para una subsistencia digna en lo mas alto de la Puna, dejó de existir. Lo mas triste es que la historia de "Julia"es una mas entre 600 empresas que cerraron en esta gran proyecto de desindustrialización iniciado por el gobierno militar.Un proyecto que con el tiempo también se cargo a los ferrocarriles.
Nótese la linea de azufre que desciende desde Mina Julia
Era un pueblo con todas las comodidades que podía ofrecer la época tales como agua corriente, electricidad, cloacas, teléfono, gas, lugares recreativos como un club o un casino, escuelas etc. Con el tiempo todo el pueblo fue saqueado en repetidas oportunidades. Se llevaron techos, ventanas, artefactos y hasta los postes en donde se apoyaba el extenso cable carril que traía el azufre de Julia.

En el camino hacia Antofagasta de la Sierra subimos y bajamos sendas huellas y pasamos por el pequeño paraje de Mina Arita  desde donde lo alto de sus cortas calles ya se podía apreciar la curiosa formación de El Cono de Arita un cuerpo perfecto de 200 metros de altura que asemeja la forma de un volcán, o una pirámide y yace en el Salar de Arizaro. No son pocos lo que piensan que esta pudo haber sido una construcción milenaria hecha por el hombre, y según dicen un centro ceremonial de los Incas, pero lo mas probable es que este cono haya sido el trabajo constante e incesante de un viento que sabe soplar en todas las direcciones. Lo cierto es que además de bonito, este curioso cono es enigmático.
El paisaje vuelve a cambiar abruptamente cuando cruzamos el Salar de Antofalla.
De camino a Antofagasta de la Sierra
En otra linda porción de camino, en la que yo venía como cola de la caravana, veo que las dos camionetas del grupo original paran sobre el camino.
¿Pasara algo?
Nada. Un simple momento para estirar las piernas, y es que desde el "lejano" mediodía en La Casualidad que no tomábamos cerveza. El sol dibujaba sombras en los cerros y las latas estaban heladas. Como hechas para ese momento.
La gente del Tano Baldi de Hostería Incahuasi nos esperaban a las 23 horas con un rico cordero, y veníamos con tiempo de sobra, como para llegar relajados.

Faltando unos 100 kilómetros para llegar a Antofagasta de la Sierra, vuelvo a pinchar mi neumático trasero izquierdo. Esta vez destrucción total.

Verdad que el viento soplaba fuerte, pero no imaginé el "desastre ecológico" que produciría tras abrir el baúl de la camioneta que necesitaba tener abierto para acceder a mi segunda y última rueda de auxilio. Todo lo que era liviano (pañuelos, chaleco refractario, etiquetas, sobres de sopa, bolsas plásticas) salió volando a la intemperie. Me desesperé en recuperar toda mi basura, sintiendo mi primera falta aguda de aire. Estaba a 4.600 msnm

Tras comenzar con las tareas de recambio de neumático dí aviso por radio a mis compañeros. Algunos kilómetros por delante estaban Denis de piloto y Andy en la Toyota Land Cruiser. Algunos kilómetros por detrás Elsa y Eduardo con la Toyota Hilux. Mucho mas adelante el Tano, Gastón, Sandra y Omar, quienes se perdieron de la cerveza.

Cuando llegaron a  mi camioneta no había hecho mas que desenganchar el auxilio de los bajos de mi camioneta y colocar el cricket.
Eduardo  maniobra el cricket. Con cada centimetro de altura ganado el cricket oscila y la camioneta también. Dos piedras en las ruedas delanteras ayudan a frenar el bólido.

El viento sopla muy fuerte. Hay una tormenta que acecha y nadie quiere vivir, y un cordero que espera, ademas de sábanas limpias y una merecida ducha caliente.

De golpe veo en el "Pit Stop" que era el único que no estaba trabajando en el recambio del neumático de mi camioneta, por lo que tomé la goma destrozada para llevarla a la caja de la pick up de Elsa. La llevé rodando, pero con cuidado pues era barranca abajo, y cuando llegué a la camioneta blanca, tuve que hacer mucha fuerza para colocar la cubierta a la altura de mi cintura. Perdía fuerzas y se me caía, entonces fue cuando recordé el consejo que me había dado Gastón Baldi ese mismo día: "Yo cuando necesito subir una cubierta al techo, me ayudo pegándole un rodillazo de abajo"- me dijo.
Eso fue lo que hice, y casi me voy de culo al piso. Mas no quería soltar la puta goma, y con un esfuerzo bestial y descomunal, de esos que casi desgarran músculos y ponen las venas gordas, logré superar la tapa y subir la rueda en la camioneta de Elsa.

Casi la quedo. Literalmente. Durante dos o tres eternos minutos, pensé que moría. Mi corazón requería bombear sangre como nunca en su vida. No alcanzaba el lugar que mi pecho le da. Lo sentía latir hasta en mis oídos, y sin quererlo estaba preparándome mentalmente para tener un infarto.

-"Ya está. Este es mi último camino en la vida. Te iba a pasar viajando" - pensaba.

Mis deudos iban a consolarse diciendo "Murió haciendo lo que mas le gustaba".
No mis queridos. No me quiero morir cargando una fucking rueda de auxilio.

El viento (ya lo dije) soplaba muy fuerte. Como buscando aire apunté mi boca abierta y desesperada al soplido inútil y carente de oxígeno que nada podía hacer por mí. Mi campera abierta, como queriendo respirar por el pecho mismo y ese corazón a punto de explotar.

Andy se preocupa y cierra mi campera. La necesitaba abierta. Nada puede hacer mi amigo por mi. Estoy por morir.
Controlo mi respiración. Trato desesperadamente de no desesperarme. Estoy asustado. No se me pasan las mil imagenes por la mente ni veo la luz al final del túnel, pero le pido a Dios por mi. Quiero vivir.

Una vez repuesto de mi susto, proseguimos el camino. Yo con la inseguridad de no contar con una goma de auxilio para esos últimos 100 kilómetros hasta Antofagasta de la Sierra.

El cordero estuvo fantástico y nos la pasamos genial hasta "altas" horas de la noche. Un gran combustible para el alma. ¡La puta que vale la pena estar vivo!

(Viene de acá)