martes, 16 de junio de 2015

Conociendo Lihué Calel

Le tenía ganas hace mucho al Parque Nacional Lihué Calel. Sentía curiosidad pues había pasado por la puerta en varias oportunidades, pero se me hacía difícil congeniar el tiempo para visitarlo, teniendo en cuenta que las distancias hacia la Patagonia siempre son grandes.

Esta vez no se me podía escapar. Venía volviendo desde Chile y sabía que hacía noche en algún lugar en General Acha, la ciudad mas cercana al parque, a "sólo" 120 kilómetros de distancia.

Al cruzar la puerta sentí una leve satisfacción que se fue agrandando con el correr de las horas.
Inmediatamente uno nota el ecosistema que se ha formado en el espacio protegido de Lihué Calel difiere de las llanuras del resto de una provincia chata como pocas en el mundo. Lihué Calel es un verdadero oasis en medio de la pampa seca y espinosa gracias a las "Sierras de la Vida" que cruzan en sentido noroeste- sureste este desconocido parque nacional de la Argentina.
El Calden
A lo poco de haber entrado me presenté ante el guarda parques para dar aviso de mi presencia (es poca la gente que llega hasta aquí), me hice de un mapa y me dispuse a recorrer el sendero vehicular.
Este parque nacional, creado en 1977, guarda entre sus serranías mas de 10.000 años de historia. Su peculiar geografía protegía del viento a los antiguos habitantes, cazadores y recolectores como los Tehuelches y los Araucanos, quienes encontraban en este lugar la posibilidad de acumular agua, vital en una zona con bajas precipitaciones anuales. También abundante vegetación y fauna.
Mas tarde serían los Jesuitas que aprovecharon las ventajas de las sierras para usar de base en su camino desde Valdivia hasta Asunción del Paraguay.
Una de serie de caminos nos van acercando a las atracciones que este desconocido parque nacional de 32.000 hectáreas tiene para ofrecer. No existe la posibilidad de perderse. Son muchos los carteles indicativos y son tan prolijos que llamaron mi atención.
Me dispuse luego a recorrer caminando el primero de los senderos interpretativos que existen y que nos van explicando la historia del lugar. Esa primer parada nos lleva a las ruinas de lo que fuera el casco de la Estancia Santa María de Lihué Calel, expropiada por un decreto del Poder Ejecutivo Nacional veinte años mas tarde de su construcción, con el fin de crear una reserva natural y proteger los restos de las culturas originarias quienes enterraban a sus muertos en esta zona.
Restos del casco de la Estancia Santa María de Lihué Calel
Quedan algunos de esa casa que aunque joven (1944), supo mantenerse poco en pie. La casa de adobe deja entrever en sus paredes los restos de huesos, cáscara de huevo y piedras con que los antiguos habitantes labraban sus instrumentos, o sea restos arqueológicos.
Poco para ver. En cambio me sorprendía gratamente por el paisaje que me era ofrecido en una provincia que por lo general es muy plana. Lihué Calel es una verdadera isla desde el punto de vista geomorfológico. Algunos de los cerros que atraviesan esta porción del centro de la provincia de La pampa rozan los 600 metros de altura (Cerro Sociedad Científica).
Flora en Parque Nacional Lihué Calel
Un segundo sendero nos acerca a lo que antiguamente era un cementerio de los mas antiguos habitantes. A este lugar se lo conoce como El Chenque, y al menos hay personas de dos culturas diferentes. Se cree que estos grupos intercambiaban creencias religiosas con otros de lugares lejanos.
Creían en la trascendencia, o vida mas allá de la muerte. Se embellecían los cuerpos con tinturas e incluso han encontrado restos de perros junto a sus dueños.
Gracias al estudio de los huesos en este lugar sagrado, se pudo determinar que padecían las mismas enfermedades de la actualidad. Algunos cráneos encontrados habían sido deformados en vida, probablemente para diferenciar el status social dentro del grupo.
Un halcón patrulla desde lo alto
La vegetación brota con mas facilidad alrededor de los arroyos estacionales que guardan en estos suelos impermeables el agua de lluvia caída durante la primavera y el otoño. A sus lados crecen los alpatacos, las jarillas, Sombra de Toro, el chañar, los algarrobos y el caldén, el árbol mítico de La Pampa del cual existían millones de ejemplares hoy desaparecidos por la mano del hombre.
A medida que se avanza entre el camino y los fachinales, divisando zorros, guanajos y vizcachas por doquier, el entorno se vuelve mas especial. Esta singular geografía se creo hace unos 240 millones de años cuando una gran masa de gases provenientes del interior del planeta explotó haciendo salir la lava por la corteza de la tierra.
Al no poder recorrer una gran extensión, dado a lo chato del terreno, la lava se enfrió dando origen a estas piedras que son tan duras y compactas como el granito mismo, y que hacen que la geografía de Lihué Calel difiera del resto de la provincia.
Ya próximos a terminar el sendero vehicular, luego de haber transitado poco mas de 20 kilometros, nos vamos acercando a uno de los platos fuertes que tiene para ofrecer Lihué Calel, y que fuera además el asiento de las tolderías del Cacique Ceferino Namuncurá hasta que el avance del ejercito en la Campaña del Desierto lo obligó replegarse y abandonar la zona.
Es el Valle de las Pinturas. Aquí encontraremos luego de una caminata de 600 metros por sobre las redondeadas piedras, un alero de unos 3 metros de largo con una serie de pinturas rupestres correspondientes al arte rupestre tardío de unos 2.000 años de antigüedad.
Pinturas rupestres en el Parque Nacional Lihué Calel
Las pinturas rupestres se encuentran en gran estado de conservación y con certeza pertenecen a la Cultura Tehuelche (dentro de este grupo están los Querandíes, los Hets y los Pampa),  que mas tarde fue adaptada por los Araucanos. Se advierten en las paredes del alero un número de figuras geométricas y de tipo abstracto no siempre fáciles de entender.
Estas manifestaciones gráficas dejan plasmadas la forma de ver el mundo que tenían los antiguos habitantes, y las formas y materiales que utilizaban para subsistir.
Para hacer estas pinturas usaban de pigmento a la Hematita (también conocido como Ocre Rojo), que curiosamente se sigue usando hoy en día con el mismo propósito. Las pinturas suelen ser de dos colores, y usaban un tercero, el blanco como fondo.
Me gusto poder conocer este esquivo parque nacional. Sin duda es un oasis, y eso es justamente lo que mas sorprende al visitante de Lihué Calel. Cuan diferente es al entorno que rodea estas sierras.

Ya había visto la caída del sol (siempre un espectáculo en La Pampa) y aún pretendía llegar a General Acha a tiempo para ducharme y comer, dormir algunas buenas horas y continuar sin mas mi camino hacia Buenos Aires.

Para tener en cuenta

Hay una estación de servicio de bandera blanca y algunos hoteles de mala muerte en Puelches, poco mas que un paraje a 35 kilómetros de la entrada a Lihué Calel. Para encontrar mas comodidades no queda otra que llegar a las ciudades de General Acha y Santa Rosa, a 120 y 240 kilómetros respectivamente.

Existe un camping dentro del parque, pero ofrece poco mas que sombra, así que si su plan es acampar, deben traer todo lo necesario.

Las temperaturas son bajas durante el invierno y altas en el verano.

Hay una enorme cantidad de insectos.

Otras entradas de la provincia de La Pampa:

El Paseo Don Tomás

Las Colonias Menonitas de Guatraché