viernes, 2 de octubre de 2015

Buscando la ciudad perdida del Pantano

El Bolsón de Pipanaco es un gran área comprendida entre el norte de la provincia de La Rioja y el Sur de la de Catamarca.  Es una zona muy dura para el hombre. No hay agua en kilómetros a la redonda, las temperaturas son extremas y hay una falta casi total de sombra en donde guarecerse al reparo. El piso es de arena tan caliente por el sol que en ciertas partes se convierten en verdaderas trampas para quienes tengan la osadía de cruzarlo.

Todo el Valle de Paccipas, como se lo conocía antiguamente, es un ambiente sumamente hostil en donde casi no se percibe vida. Apenas llegan a 300 los habitantes de esta vasta región que parece post apocalíptica. A donde uno mire sólo ve espinillos secos y árboles muertos, no todos de pie y con sus raíces desnudas. Es por ello que son muy pocos los que se aventuran hasta aquí, y la región permanece como una incógnita para la mayoría.

Había pasado en sendas oportunidades por los 4 costados de esta gran depresión que siempre despertaba en mi curiosidad ¿que habrá allá adentro? Sabía que el lugar estaba cargado de historia y de secretos sepultados bajo las arenas. Me molestaba ese "espacio en blanco" que siempre veía en mis mapas. Pensaba que nunca iba a tener la oportunidad de conocerlo, pero una vez, con mis compañeros de travesía acordamos una visita. Tenía que ser antes del verano. El día había llegado.

Día1 (solo ruta):

A las 6:45 AM estaba saliendo de casa ya duchado y mal dormido. Sólo me faltaba poner mi bolso en la camioneta. El resto ya estaba cargado y correctamente estibado.
Nos juntamos una hora mas tarde en la YPF del peaje de la Panamericana y salimos en tandem rumbo a la provincia de La Rioja. En el camino tuvimos algunos imprevistos con las camionetas. Nos llevó 16 horas recorrer los 1.100 kilómetros que nos separaban de la ciudad de Aimogasta, desde donde penetraríamos al Pipanaco al día siguiente.
Viejo algarrobo
Día 2:

Arrancamos la jornada un poco mas tarde de lo previsto. A media mañana ya estábamos on route, las 4 Toyota con los tanques y bidones llenos de Gasoil. Apenas anduvimos una docena de kilómetros por la ruta y nos despedimos del pavimento por varios días. Estaba ansioso por conocer los misterios de esta revolucionada área desértica que en antaño estaba cubierta por grandes bosques de Chañares y Algarrobos, y en donde vivieron varias civilizaciones de indígenas.
Primeros encuentros óseos y cerámicos
Mas no sería una visita cualquiera. De mis amigos siempre aprendo mucho en este tipo de viajes, y a este le sumamos un condimento. Sería de la partida Aldo Lombardi, arqueólogo y amigo, responsable del sitio aventuratucma Aldo ha venido a la zona en los últimos 30 años y es un apasionado de estas viejas culturas. Al poco tiempo de entrar ya nos estaba enseñando una lomada en donde nos quedamos un rato disfrutando de los primeros restos cerámicos que fuimos encontrando de las culturas antiguas. El día se auspiciaba prometedor, y la aventura por esta región habitada por el hombre desde hace mas de 10.000 años apenas había comenzado.
Vasija rota
Desde el año cero de nuestra era y hasta el 600 fueron habitados por la Cultura de la Ciénaga, ellos eran descendientes de la Cultura La Candelaria (originarios de Bolivia). A estos grupos indígenas le siguieron los de la Cultura Aguada (o Cultura de los Barreales), que durante 300 años se dedicaron a labrar cerámicos con mucho talento mostrando por primera vez en sus obras la aparición de lo religioso con motivos de felinos y deidades solares a las cuales adoraban. Entre el año 1000 y el 1450 d.C. florecería la Cultura de Belén, que mas tarde oficiaría como nexo de todas las tribus de origen Diaguita.
Acueducto abandonado
 Todas estos grupos indígenas eran parte de los tributarios mas australes del Imperio Inca y compartían cuando necesario un mismo idioma gutural, el Cacán (Caca o Chacka).
Viejo algarrobo
Sobre suelos de pedregullo y arena compacta y fácil de rodar fuimos avanzando varios kilómetros por el lecho del Río Colorado (o Salado), para ir mas tarde cruzando lo que se conoce como las Dunas de Arauco. Siempre utilizando mapas relevados años atrás por viajeros4x4  nos fuimos acercando hasta uno de los platos fuertes de esta visita. Los vestigios mas antiguos del patrimonio español de la zona.
Hacia el Fuerte del Pantano
Los Conquistadores explotaban a los indios con las tareas mas denigrantes o físicamente agotadoras que uno puede imaginar. Esto sucedía en América muchos años antes de que la Corona Española instaurara las "Leyes de Indias" en donde se comprometían a mantener a los indígenas bien tratados, en libertad, y como vasallos que abracen la fe Cristiana. Los Conquistadores que se estaban enriqueciendo a merced de los indígenas no cumplieron con esta orden y casi todos los pueblos del valle comenzaron a levantarse en su contra dando batalla.
Fuerte del Pantano
Para frenar el avance de las belicosas parcialidades indígenas, todas seguidoras del Cacique Chemelín, y de mayoría Diaguita, el Coronel Jerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador de Córdoba, manda a construir en las margenes del hoy desaparecido Río Colorado el Fuerte del Pantano en 1632  desde donde con 40 españoles intentaron pacificar a las tribus del Valle de Paccipas. El nombre no podía ser mas adecuado. Con las lluvias se formaban muchos pantanos, y cuando llegaba la época seca, la tierra casi arenosa también regalaba un suelo imposible de transitar.
Fuerte del Pantano
El fuerte tenía forma de rectángulo y unos 400 metros entre las atalayas de barro. A dos se las llevó la fuerza del río, pero las otras dos continúan visibles.
Las paredes sorprenden por lo grueso. En algunos sectores de la mejor conservada se notan hasta 5 capas de adobe, o mejor dicho "tortas de barro". Viendo esto surgen preguntas ¿era acaso un presidio? Tiene que haber sido. Al menos hay crónicas de que aquí estuvieron encerrados mas de 800Abaucanes y Andalgalás. ¿Cual era si no la necesidad de tener paredes tan gruesas cuando las armas de los españoles eran tanto mas poderosas que las de los indios?

Mirando el horizonte se hace difícil imaginar como ha de haber sido la vida en aquella década y media en la que fue ocupado por los españoles y en todos los años siguientes cuando era usado por los indígenas. Lo mismo le pasó al Sueco Eric Boman, quien permaneció 21 días en estos yacimientos arqueológicos antes de darlos a conocer en 1914.

Aunque el Fuerte del Pantano es Monumento Histórico Nacional desde 1966, no goza de ningún tipo de protección, la cual es menester si se quiere cuidar los vestigios españoles mas antiguos del país.
Aldo no lo puede creer. Las dunas han tapado algunos restos arqueológicos
Medio millón de indígenas ocuparon alguna vez estos valles, y poco a poco los fueron desapareciendo. En los alrededores del Fuerte del Pantano, o Fuerte San Blas de los Pantanos hubo una ciudad que hoy está perdida. Dicen que tenía forma de damero y siete iglesias, algunas llenas de oro. Para alimentar la leyenda, por ahí se cuenta que cada tanto, la ciudad perdida de San Blas del Pantano se aparece en el horizonte ante los ojos de unos pocos privilegiados.
La Toyota de Aldo 
Algo se rompe en la caja de cambios de la Toyota de Aldo, que queda trabada en 4ta marcha. Pierde tracción y da inicio a una serie de encajadas. Este día y los siguientes. Los muchachos logran destrabar la caja de velocidades, y aunque no del todo cómodo, la 1era marcha le permitía seguir avanzando por una geografía que con el correr de los kilómetros se iba a tornar mas accidentada.
Cráneo humano foto de Andrés Pino
En otro lugar en donde paramos eran visibles muchos restos arqueológicos. Recorrimos lo que seguramente en antaño fue un cementerio. La erosión de los grandes vientos que saben soplar en la zona ha dejado algunos restos óseos al descubierto.
Restos humanos al descubierto
Entre los muchos restos cerámicos diseminados por el área ya podíamos identificar a que cultura correspondía cada uno, según el tipo de dibujo o el material utilizado. Si eran simples tinajas o urnas funerarias para poner párvulos (niños).
Distintos restos de vasijas
Afuera el sol era implacable sobre nuestros cuerpos. La temperatura real era cercana a los 40 grados y mas de una vez, cuando parábamos a recorrer los sitios de interés sentí que me bajaba la presión por el calor, pero el interés era genuino y el Bolsón del Pipanaco me estaba resultando mucho mas interesante de lo que esperaba. Me sentía bien en  mi papel de explorador dando con los restos de las antiguas culturas.
Compañía peligrosa. Uno de los temibles alacranes - Foto Andrés Pino
Alargamos el camino para ver el conjunto de dunas mas notorias de esta gran depresión y continuamos por la arena hasta los restos de una de las siete iglesias de la ciudad perdida del Pantano.
Iglesia Pintada
Como el resto de las construcciones, lo que en poco tiempo quedará enterrado bajo la arena son los restos de la Capilla de la Virgen del Rosario del Pantano mas conocida como "Iglesia Pintada".
Iglesia Pintada
Se percibe en los restos soterrados que mas de una vez estuvo pintada de blanco. La capilla tiene forma rectangular y orientación noroeste. Estaba construida con materiales de la zona, es decir de una mescla de barro y paja. Probablemente tenía un techo a dos aguas con vigas de algarrobo y cañas. A su alrededor no se ve ninguna otra construcción que deje adivinar el trazo de la antigua y desaparecida ciudad...
Viejo mortero de piedra
… aunque si de los muchos habitantes indígenas que por aquí moraban.
Armando campamento (foto de Andrés Pino)
Quedando una hora de luz decidimos parar para armar el primero de una serie de campamentos en un lugar con reparo y con algunos troncos de leña seca cerca. Armamos las carpas orientándolas en contra de donde soplaría el viento a la mañana e hicimos una gran fogata.
A punto de comer
Que manera de reírnos esa noche alrededor del fuego y bajo el cielo estrellado del Pipanaco. Habíamos llevado comida como para un batallón, y empezamos de primera con unos bifes de chorizo y costillas de asado, acompañado por dos kilos de ensalada de rúcula.  Todo regado por varias botellas de buen vino y algunas otras de origen escocés y peruano. Se bebió copiosamente y todos nos fuimos a dormir, menos uno que estaba místico y quería hablarle a los espíritus.
Dunas traicioneras
Día 3:

En un momento de la noche me levanté con frío. Acomodé mis hombros por dentro de la bolsa de dormir y contemplé el cielo estrellado. Que raro. Nunca me había dado cuenta de que se podía ver el cielo desde mi carpa. Me pareció genial y seguí durmiendo.
A la mañana siguiente cuando me junté con el resto del grupo para una infusión caliente noté que el sobre techo de la carpa se había volado. Por eso podía ver las estrellas y despertaba por el frío.
La Toyota Land Cruiser de Diego traccionando
Nuestro plan para el día siguiente era seguir cruzando la extensa Depresión del Pipanaco, esta vez en sentido norte, en donde penetraríamos la provincia de Catamarca hasta alcanzar la ciudad de Belén. Allí dejaríamos la camioneta de Aldo a quien ya habíamos convencido de continuar con nosotros el resto de la travesía. El viajaría con Diego y Eduardo en la TLC bordó, y su hermano Gabriel vendría de copiloto en mi SW4.
El malacate de Aldo empieza a fallar
El día se presento lleno de obstáculos para sortear a cada paso. Algunos buscados adrede.
Dos conquistadores de cimas, dunas y volcanes - Foto Andrés Pino
Este día nos fuimos acercando a una serie de imágenes que Eduardo y Aldo veían como sospechosas en las fotos satelitales de Google Earth, pero la verdad es que mucho no encontramos, al menos que revista el interés arqueológico del día anterior.
Bolsón de Pipanaco - Foto Andrés Pino
Quizás así haya sido mejor, pues las camionetas y el tipo de terreno que ahora se presentaba demandaron de toda nuestra atención por el resto de la jornada.
Almuerzo en el Río Belén
La sombra es escasa o casi nula en esta zona, así que cuando vimos un conjunto de árboles, sentimos la obligación de aprovechar su sombra para comernos los restos del asado y una de nuestras clásicas e infaltables Ensaladas Jardineras de cada travesía. Costó arrancar de vuelta. El sol estaba implacable.
Aldo trepa las "pampas" cercanas al Río Londres
Tras salir del cauce del río nos internamos en los arenales de superficie muy blanda. Por suerte estaba llenos de matorrales que al pisarlos nos propiciaban un poco de tracción ahí cuando la perdíamos. Parecía una gran pampa
Arena tramposa
pero el terreno era insoportable y engañoso. Imaginen una gran pelota de golf estirada. Había que sortear miles de hoyos. Hacerlo rápido significaba hacer saltar toda la carga que llevabamos en las camionetas. Hacerlo lento significaba quedarse encajado.
Esperando ayuda de mis amigos
Sacar las camionetas con ayuda de las eslingas tampoco era tarea fácil, pues el terreno era sumamente accidentado o las camionetas directamente se enterraban al menor atisbo de tracción. 8 encajadas antes de llegar al último lecho de río por el cual transitaríamos hasta la ciudad de Belén.
Diego la tiene re clara con el High Lift
En un momento cuando miro el tablero de la camioneta veo que la aguja de la temperatura había subido al máximo. Doy aviso por radio al resto del grupo. Debía detener la camioneta antes de que se rompa algo, amén de que no llevaba líquido refrigerante. Para que si es una toyota. Estábamos en el medio de la nada y atravesando lo que alguien denominó como un "berenjenal". El calor reinante en el ambiente mas los grados que le suma la arena calentada por el sol no ayudaba a bajar la temperatura motor. No quedaba otra que seguir cruzando los dedos con "las bolas en la garganta".
Enfriando caja y motores
Tuve que hacer breves paradas en media docena de oportunidades cada vez que la aguja pretendía dispararse. Al terreno generoso en pozos se le sumaban ahora profundos cañadones que obligaban a ir muy atentos pues no se veían de lejos. Se hacía difícil imaginar una traza por donde pasar nuestros vehículos. Todo debía verse metro a metro.

Pasadas las 19 horas pudimos llegar al lecho seco del Río Belén en donde armaríamos campamento. El agotamiento era generalizado. Gabriel "Cabeza de Poronga" Lombardi (hermano de Aldo y buen pibe) se lució cocinando un terrible locro en una olla de hierro de fundición. Con el paso de los días se ganó el puesto de cocinero oficial del grupo. Tiene buena mano el muchacho.
Llegamos al Río Belén - Foto Andrés Pino
Día 4:

Hubiera querido seguir durmiendo pero Aldo y Denis estaban ruidosos y de lo mas animados, llenos de energía matinal. Apenas eran las siete de la mañana. Me incorporé con esfuerzo. Había dormido desparramado en un piso que creía parejo. Me dolía hasta el último hueso del cuerpo.
Una vez fuera noté que Gabriel, Diego y Eduardo seguían durmiendo. De mi querido amigo Andy no me quedaba duda. Podía oír sus ronquidos dobles ya desde mi carpa.
Nos llevó algunas horas levantar campamento. Lo bueno es que ya estábamos sobre el lecho del Río Belén. Casi con un pie afuera de esta gran depresión.
Por el lecho del Río Belén, provincia de Catamarca
Iba cerrando la caravana en una marcha mas lenta de lo habitual pues Aldo no podía desarrollar velocidad por el problema de su caja.

Tras superar la trabajosa etapa del día anterior, seguimos transitando por el lecho seco del río, en lo que para nosotros significaba una suerte de "autopista". Protegidos del viento pero no del sol fuimos avanzando por suelo arcilloso hasta uno de los puntos marcados en donde posiblemente podíamos subir con las camionetas para continuar con nuestro periplo.
Denis intenta salir del lecho del Río Belén
La verdad es que no había espacio suficiente para tomar la carrera necesaria para superar esas difíciles pendientes de suelo arenoso y muy blando. Todos hicimos nuestro intento en un suelo cada vez mas arruinado por nuestro propio paso.  Las dos Toyota Land Cruiser  fueron las que llegaron mas lejos asomando sus narices al punto deseado, pero no era suficiente.
Dos ballenas esperan ser remontadas
Con las camionetas casi arriba y a falta de un punto fijo en donde enganchar los cables de los malacates tuvimos que buscar un piso lo mas duro posible para hacer uso del ancla
Gabriel, Eduardo y Aldo ayudan al ancla 
y con ayuda de los cabrestantes, y mas tarde de las eslingas logramos subir las camionetas una por una.
La TLC de Denis ya está arriba
Un nuevo obstáculo superado. Subieron las dos TLC HDJ 80, luego fue mi turno con ayuda de mi malacate que quedo con el cable de plasma salido tras esa subida, y en último lugar la Hilux de Aldo con su caja trabada y su malacate que también dejó de funcionar.

Pudimos andar por arriba del lecho del río pero por sólo unos pocos kilómetros. Queríamos ver una "Hasha", lo que en verano se convierte en una suerte de salto de agua de unos tres metros de altura.
Diego aprovecha la sombra del "Hasha" o salto de agua
Sabíamos que por ahí no se podía seguir pero bien valía la pena un intento. De todos modos había que volver al lecho del río para buscar nuestro camino hacia la ciudad de Belén
Cayendo al río. Nótese que al primer intento de sacarla perdió 1 metro hacia abajo
Denis lo intenta pero el camino lo va chupando peligrosamente hacia el lecho del río poniéndolo en clara situación de vuelco. Para adelante no había lugar posible en donde "pegar la vuelta", y para atrás era todo aún mas difícil ya que la pesada Toyota Land Cruiser derrapaba hacia abajo en cada intento de moverla.
Ancla, polea y malacate
La hora del ingenio nos agarró con la panza llena y un calor poco mas que sofocante. Para rescatar la camioneta de nuestro rescatista estrella tuvimos que hacer nuevamente uso del ancla utilizando un sistema de poleas ante la imposibilidad de darle tracción directa a fuerza de malacate.
y un poco de palas
También utilizamos cuatro planchas de desatasaco. No había lugar para errores. Con un poco de paciencia sacamos de apuros a la camioneta de Denis.
Denis le pone garra
Para las 18 horas seguíamos transitando por el lecho del río en dirección a la ciudad de Belén. El lecho seco del río parecía estar lleno de "tejas musleras" de lodo gris que íbamos rompiendo a nuestro paso. El radiador de mi camioneta estaba lleno de pasto seco, y con 39º que no parecían bajar, no lograba mantener a punto la temperatura de mi motor.
Mojón en el camino
-"Muchachos. Otra vez me calienta el motor. Hago una frenada mas" - digo por la radio mientras bajo a abrir el capot.

- " No hay problema, Johi. Te marcamos el camino".


Así fué. El envase de tetrabrick sobre una piedra era obvio. Solo había que seguir las huellas. Poco tiempo mas tarde estábamos llegando las dos camionetas rezagadas a la ciudad de Belén. Los cuartos ya estaban reservados así que nos tomamos varias cervezas negras Salta antes de bañarnos y salir a comer.

En ese momento un fuerte viento se hizo presente en la región. Las tormentas de arena nos acompañarían en los próximos días, que estarían llenos de aventuras, adrenalina y off road del bueno.

El relato continúa aquí