lunes, 9 de noviembre de 2015

Campo de Piedra Pómez, Aguada del Médano y el Camino a Las Papas

En nuestro ante último día de esta nueva travesía por la provincia de Catamarca volveríamos a pasar por otros sectores del gigante Campo de Piedra Pómez. Desde allí buscaríamos, no sin dificultades, la "Aguada" del Médano y la huella abandonada que alguna vez llegó hasta Mesada de los Zárate. Sólo entonces saldríamos de la Puna cruzando la Cordillera de SanBuenaventura, su límite austral tomando el bellísimo Camino a Las Papas durante la hora de luz perfecta.

Día 7:

La jornada había comenzado a primera hora de la mañana en la pequeña localidad de El Peñón. Tras poco mas que una infusión caliente dimos arranque a los motores y partimos, ya confirmando que el temblor que habíamos experimentado 2 noches antes mientras cocinábamos en Mina El Quirquincho habían sido producto de un terremoto de 8.3 cerca de Valparaíso, en Chile.
Si bien tenía todavía algunos bidones con Gasoil, aproveché para llenar de todos modos mi depósito de combustible mientras revisábamos el circuito eléctrico del malacate que había dejado de funcionar, como así también el radiador y las mangueras tras las recalentadas de motor del día anterior.
A lo poco de salir, y siempre circulando por arriba de los 3200 metros sobre el nivel del mar, dimos con la figura de un viejo conocido. Se trata del volcán Carachi Pampa con su característico color que contrasta con los cerros y todo el campo de basalto negro que lo rodea dominando el salar homónimo.
Ya estábamos emprendiendo nuestro lento camino de regreso a nuestros respectivos hogares, en Buenos Aires y en Santa Fé. Volveríamos a pasar por paisajes de asombro de esos que uno gusta de volver a hacer, como es el caso del Campo de Piedra Pómez, aunque esta vez, para llegar a él utilizamos una variante diferente.
Allí hicimos una parada bajo el cálido sol y volvimos a maravillarnos con esas formaciones que parecen brotar del suelo como merengues, pero que dan muestra de la intensa actividad volcánica de la zona.
Son miles y miles las piedras que fueron arrojadas tras la explosión del volcán. Los bloques tenían una temperatura de unos 600º y su rápido enfriamiento, producto del choque térmico es la razón por la cual poseen esa porosidad tan particular de la Piedra Pómez.
 El viento aquí casi siempre sopla del oeste a partir del mediodía y nunca termina de darle forma a estas piedras blancas, ocres y rosadas, algunas de las cuales alcanzan los 50 metros de altura.
Desde ahí nos subimos a una huella marcada por la cual pudimos avanzar a buena velocidad. A nuestra izquierda todavía se aprecia el mar de figuras blancas del extenso Campo de Piedra Pómez.
Luego seguiría una porción de esos kilométricos arenales, aunque por un sector mas amable del que cruzamos aquella vez por la caldera del Cerro Blanco.
Pero no por mucho tiempo. Era hora de volver a circular campo traviesa. Había que torcer el rumbo buscando el primero de los cruces que haríamos de la Cordillera de SanBuenaventura, aquel conjunto montañoso que cruza en caprichosa forma transversal la Cordillera de los Andes. Esta primer variable la hicimos por el Portezuelo de Robledo, uno de los pocos puntos o abras desde donde es técnicamente posible cruzar al otro lado de la mencionada cadena montañosa.
Estábamos intentando llegar a una área que lleva el nombre de la Aguada del Médano, poco mas que un punto en la Cordillera de Sanbuenaventura, y que en nada se parece a los paisajes del Altiplano. El lugar es de gran belleza y de vital importancia para la fauna, pues cuenta con una cuenca de agua o manantial cercano. Un sitio ideal para acampar si acaso fuera necesario.
Habían pasado ya muchas horas desde que nos levantamos, y el bagre (la panza) picaba y ya veníamos mal acostumbrados, así que hicimos uso de unos antiguos corrales existentes bajo unas formaciones rocosas que podían protegernos un poco de los fuertes vientos que venían soplando ya hace varios días.
Aldo había estado de campamento años antes en este mismo lugar de la Aguada del Médano mientras exploraba la zona en busca de manifiestos arqueológicos.
Sombra apenas había, pero desde ahí, además de protegernos del viento podíamos ver al fondo los cerros hacia donde apuntaríamos después del almuerzo, y la aparición de la primera vegetación cubriendo el suelo.
Andy tenía todo bajo control y casi listo
Un maple de huevos había sobrevivido durante mas de 2.000 kilómetros por los terrenos mas irregulares por los que uno puede circular. Finalmente había llegado el día de cocinarlos, y así lo hicimos sobre un colchón de crujiente tocino que parecía gritar sobre la cocina Coleman de Andy.
pero vino Gabriel y se terminó llevando el crédito
Esos huevos con panceta sobre pan tostado de salvado que cada tres minutos sacaba Gabriel, nuestro cocinero oficial de esta tarvesía sabían a gloria. Siguiendo las reglas de "comportamiento en altura" seguíamos comiendo liviano, además de estar cuidando nuestro colesterol.

Denis se aparece con dos latas heladas de cerveza que tenía almacenada en esa fantástica heladera o "cooler" con las que vienen equipadas las Toyota Land Cruiser. Si no aparece con el consejo justo o el chiste perfecto para la ocasión, lo hace con dos gélidas latas de birra.
Después del almuerzo "volvimos a las pistas". A lo poco de andar llegamos a las primeras laderas de esos cerros circundantes que eran de pura arena suelta. Tuvimos que probar distintas variantes (lo cual nos demando cierto tiempo), solo para encontrar que por allí no era posible seguir avanzando. No quedaba otra alternativa que desandar nuestras propias huellas que ya se empezaban a borrar por la acción del incesante paso de Eolo. Claro que Eduardo de Viajeros4x4 tenía una vez mas la manera de sortear estos inconvenientes.

A campo traviesa encontramos la huella que iba de Mesada de los Zárate hacia la localidad de Chuquisaca (camino que desde hace años permanece cerrado por varios derrumbes) y la circulamos por un tiempo intentado unir con éxito dos puntos que no habíamos logrado el día anterior.

Los habitantes de la Puna Austral conocen esta zona como La Herradura, en donde hay una serie de caseríos que sus pobladores olvidados por los gobiernos fueron abandonando con el correr de los años.
Rodeamos entonces el Cerro La Hoyada y sus vecinos, explorados en 1913 a petición del gobierno argentino por el alemán Walter Penck,  para mas tarde volver a enfilar hacia el sudoeste buscando las aguas de nuestro próximo objetivo, la Laguna Aguada Alumbrera que nos sorprendería a quienes no habíamos tenido la oportunidad de conocerla antes.
Gran lugar resultó la Laguna Aguada Alumbrera con sus patos flotando y unos alrededores que por su belleza vuelven a quitarnos el aliento. Prometimos volver alguna vez, armar campamento aquí mismo, y  recorrer en mayor profundidad la zona.
El paisaje de la Laguna Aguada de la Alumbrera es diferente. Resulta que estas formaciones que rodean el ojo de agua son particulares de la Puna Austral, y de la Cordillera de SanBuenaventura, en Catamarca. Se aprecian en los amarronados cerros circundantes de esta laguna rocas de Ignimbrita (mescla de piedra Toba + desechos volcánicos) que, a mi parecer, asemejan esta vista a las de otras provincias mas serranas, como San Luis.
Para que mencionar que antes de estacionar la camioneta no podía entender por que habían detenido la marcha las dos Toyota Land Cruiser, obstaculizando de cierta manera mi camino. Tomé envión y antes de escuchar por la radio que el terreno presentaba un corte abrupto pude ver los brazos de Andy flameando en clara señal que advertía parar si no quería terminar hundido en la laguna.
Al día le quedaba poca luz. Era mejor continuar la marcha por si nos encontrábamos con algún derrumbe sorpresa en el camino de cornisa, o cualquier otro imprevisto. Desandar nuestros pasos nos llevaría al menos dos días, y teníamos algunos asuntos para resolver en Fiambalá.
Con la "luz dorada" del atardecer tuvimos entonces la oportunidad de tomar mejores fotografías de las que sacamos aquella vez en el mes de enero cuando también hicimos un recorrido similar que pasaba por El Campo de Piedra Pómez y el Camino a Las Papas
La luz perfecta para un camino de singular belleza ya circulando por fuera de los límites de la Puna.
En donde a cada paso se aprecia por el "balcón" generoso a la derecha de la huella, la aparición de una vegetación que es cada vez mas verde, alta y abundante.
Quedaban por recorrer unos cuantos kilómetros para hacer noche en Fiambalá, la ciudad mas cercana. Tras cruzar los incontables vados por los ríos, repusimos aire a los neumáticos y continuamos camino ya de noche. Estábamos "fuera de peligro" cada vez mas cerca de un bife de chorizo, unas papas fritas y una cerveza bien fría.
Al día siguiente fuimos con Aldo y Gabriel de Fiambalá hasta Tinogasta intentando conseguir un retén de la TLC verdolaga que Denis prefería cambiar antes de encarar tantos kilómetros de ruta. Cuando aprendimos que ese retén es el mismo que usan las Toyota Hilux, Aldo dio la buena noticia de tener uno en su camioneta, que estaba estacionada en Belén. Hacia allá fuimos.

En el Hotel de Turismo insistió en invitarme un almuerzo, y tras otra amena charla nos despedimos. Le metí pata los 200 kilómetros que me separaban de Fiambalá, en donde estaba esperando el resto del grupo y la TLC desarmada, esperando su retén. Aldo y su hermano Gabriel nos esperaron a un costado de la ruta hasta que Denis reparase su camioneta, lo cual hizo el mismo en sólo un rato.

Salimos en caravana hasta Alpasinche (LR). Allí se separaría el grupo. Aldo y Gabriel en la Hilux con la caja averiada custodiados por Denis y Andy partirían hacia sus respectivas casas. Diego, Eduardo y yo dormiríamos en la ciudad de Belén desde donde nos separaríamos al día siguiente.

Quien hubiera dicho que esa noche a la vera del camino en Alpasinche, iba a darle mi último abrazo a Aldo Lombardi, quien sólo algunos días mas tarde nos abandonó para emprender la travesía mas importante de su vida.

¡Hasta la vista!