martes, 19 de abril de 2016

A un pelo de salir (día 7)

Atrapados en el monte espinoso no quedó otra que armar campamento ahí, tan cerca de salir y tan lejos a la vez. Ya lo veía en la pantalla de mi GPS desde el día anterior. Estábamos a muy pocos kilómetros en línea recta de la Ruta 40 pero aún quedaba ver como hacer el cruce mas peligroso del río Bermejo.
(El relato viene de: Una jornada dura en el Paso Lamar)
Viéndolo en retrospectiva siempre es lindo estirar cualquier encuentro entre amigos, pero la noche anterior me había quedado "con la espina en el ojo" por no poder concluir a tiempo esta travesía que nos trajo por las provincias de San Luis, San Juan y La Rioja. Ahora que lo escribo meses mas tarde me siento un pelotudo por que el amor sabe esperar, pero en ese momento hacía poco mas de un mes que había conocido a mi actual novia y en el medio había metido dos viajes por lo cual estábamos llevando una relación a la distancia justo al principio, el peor momento. También tenía obligaciones que cumplir en Buenos Aires, tal como el resto del grupo.

Después se me pasó. El cielo estaba cubierto de estrellas, disfruté de las charlas nocturnas alrededor del fuego y del vino Sanjuanino. También del entorno, tanto mas ameno si se hace de a pie. La arena blanda hizo de colchón hasta que las voces de mis amigos me despertaron a la mañana siguiente.
Desayunamos alrededor del fuego y levantamos campamento. Exactamente a las 9:26 AM comenzábamos nuestro último día de travesía, con la idea fija (al menos yo) de ir hacia el Este buscando la salida hacia la ruta y el cruce de este último río.

La primer parte del recorrido consistió en salir de el monte en el cual estábamos atrapados, otra vez avanzando como podíamos por sobre la (no tan) rala y siempre espinosa vegetación.
Finalmente, tras salir del monte, estábamos frente a frente a la parte mas complicada de sortear. Por la época del año el cauce del río se encontraba con poco caudal de agua. De todos modos es ancho y el mayor peligro radica en la ciénaga en la que se convierte su piso.

Teníamos a mano todos los implementos de rescate, así que sin mas comenzamos a cruzar el río. Todo "manso" pero a 20 metros del final, mis dos ruedas traseras desaparecen en el fango. Si miraba hacia atrás solo veía grandes burbujas que ratificaban mi hundimiento. Ni valía la pena intentar traccionar a riesgo de hundirme mas, por lo que le pasé el cable de plasma de mi malacate a Tobhias, quien me lo cruzó al otro lado. Una vez ahí usé su camioneta de ancla y pude salir sin problemas.
Con todo el grupo sano y salvo del otro lado del río Bermejo continuamos nuestro camino por el lecho de este buscando un lugar en donde los "escalones" no sean tan pronunciados. Allí nos aguardaba un vistoso y divertido campo de arena color manteca, con trepadas cortas y empinadas y la ocasional apariciones de árboles de mucho mayor porte del que habíamos estado viendo los últimos días.
Saliendo de ahí nos subimos a unas huellas bastante marcadas que iban hacia la Ruta 40. Al cabo de unos pocos kilómetros llegamos hasta el puesto (o "Balde") de Montegrande, en donde estaban todos sus pobladores, e incluso algunos familiares de ellos que habían llegado de visita.
Siempre con ánimo de hacer nuevos amigos y aprender mas sobre las costumbres de los lugareños de los los sitios que visitamos (y que la mayoría de las veces son remotos), paramos a presentarnos.
El dueño del lugar nos llevó con orgullo a conocer el "Balde" del Puesto Montegrande, sin el cual no sería posible la vida permanente en este lugar desértico.
Un "Balde" es como se conoce a este tipo de pozos desde donde se extrae agua de las capas freáticas. Se encuentran en algunas zonas remotas y desérticas. En la región del Cuyo se usan hace 400 años.
Estos pozos de agua suelen ser cuadrados y están empalizados con alguna madera dura como el Quebracho, el Algarrobo, Guayacán  o Lapacho. En algunos casos (y a un coste obviamente mayor) pueden ser redondos y revestidos de ladrillos.

Siempre es una bendición al acceso al agua potable, y está clarísimo como influye en el desarrollo de los pueblos.
Vimos el funcionamiento del balde. Como van subiendo el agua de a poco, para pasarlo a otros recipientes y ser aprovechada. Primero se llenan los bebederos para los animales (cabras, gallinas, algún caballo o mula) y mas tarde los bidones que son para consumo humano. Mientras charlábamos tomamos unos sorbos de agua.
Estamos en la cercanía de las Minas de Gualcamayo (de Yamana Gold). La boca del túnel de entrada a esta mina se encuentra a 2.200 metros sobre el nivel de los mares. Desde ahí y 500 metros bajo tierra extraen 2.500 toneladas de mineral cada día (oro y plata).

Paradójicamente se usa una cantidad desproporcionada de agua, justo aquí, en un lugar que tanto falta. Ni hablemos del uso de Cianuro y otras sustancias que envenenan las napas.

Consultando el tema aquí nos dicen que "las cosas son como son", pero lo dicen como en el buen sentido. Ellos ven el desarrollo de la mano de las mineras. Los empleos (500 trabajadores sólo este yacimiento minero), los caminos, todo sienten que se lo deben a ellas, aunque el precio se pague con la salud de las generaciones venideras.
Como era un día especial para la familia, algunos de los hombres estaban carneando un cabrito, que acompañado con vino de Damajuana nunca falta en estas zonas. Con mucho gusto les hubiéramos bien comprado un animal para sumarnos al "festejo", pero la realidad era que siendo domingo y estando a mas de 1.400 kilómetros de nuestras casas, ya debíamos emprender la vuelta.
Llegados a la ruta nos despedimos con besos y abrazos felicitándonos por otra exitosa y divertida travesía por la geografía argentina. Desde ahí, y cada uno a su ritmo comenzaríamos nuestro lento regreso hacia nuestros hogares.

Le metí pata en la ruta como un "caballo desbocado". Los kilómetros caían bastante rápidos entre las canciones de José Larralde, Ramones, Dire Straits, Led Zeppelin, Johnny Cash y Bob Marley. Quizás pararía unas horas en algún lugar hotel de la ruta. Así es que van apareciendo cada vez con mas frecuencia las ciudades a la vera del camino, mejoran las rutas y hasta aparece la luz por momentos. Estaba tentado con frenar en Rosario, pero faltaba "tan poco" que seguí. Así fue como cerca de las 4 AM estaba entrando a mi casa en Buenos Aires.