miércoles, 6 de abril de 2016

Sierras de Guayaguas (día 1)

Se había armado un lindo grupo. Teníamos pensado para esta travesía repasar algunas zonas remotas de las provincias de San Luis, San Juan y La Rioja, visitando alguna mina abandonada, sorteando extensos espinales, cruzando desiertos por donde lo había hecho el Rally Dakar, comprobando que hay quebradas imposibles y logrando demostrar que el Paso Lamar se podía cruzar en vehículos. Una semana en donde volvimos a darle rienda suelta a nuestra pasión por el 4x4.

Día 1:
Como para ir entrando en calor.

Un viernes de junio de 2015 llegamos desde distintos puntos del país. Pese a salir en diferentes horarios y desde distancias dispares, casi todos coincidimos en algún punto de la ruta con los otros, terminado los últimos kilómetros de la jornada en caravana.
Todo viaje comienza por un principio y este fue el de este. El destino que nos iba a encontrar esa primera noche era la pequeña localidad de El Volcán, cercana a la capital de la provincia de San Luis.

En las últimas semanas veníamos conectados por mail para ultimar los detalles finales de la travesia, tales como la comida necesaria para cada día de campamento, y algunos elementos de rescate de esos que pocos convencionales y que no te acompañan en cada salida, tales como la motosierra, grandes mazas, y barretas metálicas que nos permitirían abrirnos camino, como ya verán en los días sucesivos.

Comimos abundantemente en un restaurante excelente en El Volcán, y nos fuimos a unos cabañas que Panastas había conseguido, y que oh casualidad estaban literalmente pegadas al restaurante.

Pasadas las siete de esa fría mañana apuntamos hacia el norte para encontrarnos con Néstor Queralt y Nacho Barco, dos expertos moteros con quienes compartiríamos esta primer parte del recorrido hasta la Estancia Guayaguas (hoy abandonada) por tracks que ellos conocían.
Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas
Este primer día sería uno de enlace que nos permitiera acercarnos a nuestros verdaderos objetivos. Aquellos donde otros habían fracasado y nos demandarían suerte y la mayor de las atenciones en el desafío que siempre supone circular por lugares remotos y que muy pocos han visto.

Cuando llegamos a la entrada del salar divisamos a unos pocos centenares de metros una construcción de gran tamaño sobre la cual no teníamos conocimiento. Se trata del recientemente inaugurado "Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas". Tuvimos que acercarnos hasta la puerta para darnos cuenta.

¿Es esto un golpe comando?

Imaginen la situación y la cara de los guardias cuando "en el medio de la nada" se aparecen cuatro camionetas y dos motos, con suficiente para espacio como para sacar a todos los (pocos) reos del lugar.
Ya veíamos que para los policías del penal este no era un día ordinario ya que con gran velocidad se movilizaron y pudimos ver que algunas camionetas del Servicio Penitenciario Nacional se acercaban a gran velocidad hacia la puerta de entrada hacia donde nos encontrábamos estos distraídos Viajeros.
Antes de meternos en problemas (apenas hubiéramos siquiera empezado nuestro derrotero) decidimos largarnos de ahí lo más rápido posible, y hacia el lado en donde era mas difícil seguirnos. Bah, en realidad íbamos hacia allí en todo caso….

Si la idea de una cárcel es que sus presos no se fugen (algo discutible en Argentina) creemos que el "Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas" está muy bien ubicado, ya que en la parte trasera existe la Pampa de las Salinas  (un salar), por donde no es nada fácil circular, en especial durante algunas épocas del año en el que el suelo se torna especialmente traicionero.
Ese día teníamos que apuntar hacia algunos pequeños caseríos que se encuentran en los montes de la provincia de San Luis para acercarnos a nuestros verdaderos objetivos. Para llegar a esas picadas que cruzaban parte del monte espinoso que existe en este área debíamos primero rodear salar. El piso estaba demasiado blando como para acortar camino por su superficie. Lo habían probado las motos y la Nissan Patrol de Tobhias y supimos "al toque" que no íbamos a tener éxito yendo por lo blanco.

Tengo una fascinación por los salares y este no era una excepción, aunque sólo podía verlo hacia uno de mis lados. Disfruté mucho de esta parte del recorrido ya que el piso era de lo mas ameno.
Tras superar el salar nos internamos en lo ralo de estos montes espinosos, no sin antes toparnos con alguna que otra tranquera cerrada que nos obligaba a encontrar otra variante.
Los caminos son de tierra suelta muy fina, y viajando en caravana no es difícil perder visibilidad, ya que esta queda suspendida por un largo tiempo en el aire.
En algunas partes de estas picadas en particular hay que tener cuidado, pues profundos surcos erosionados por el agua pueden hacernos quedar colgados del chasis, tal como me paso a mí ante la primera desconcentración (o falta de visibilidad). Un golpe seco cuyo "volantazo" me dejó la muñeca dolorida por dos días enteros.

Ese día fuimos pasando por minúsculos poblados como lo son Barzola o el Paraje Árbol Solo que por el tipo de vegetación y del suelo me recordaban a El Impenetrable. Estas son sendas por la que nadie o muy pocos han pasado en los últimos 60 años, en donde la vegetación del bosque se cerró borrando los trazos por donde el hombre había andado.
Tras salirnos de la huella y buscar a campo traviesa la forma de acercarnos a nuestro primer objetivo nos empezamos a familiarizar con el chirriar de las ramas sobre las partes metálicas de nuestras camionetas. Un ruido que nos acompañaría casi sin descanso durante los próximos días.

Seguimos cruzando la Sierra de Guayaguas, en lo mas remoto de la provincia de San Luis, hasta dar con el lecho de un río (muy bonito por cierto) por el cual nos fuimos acercando por dos variantes y errando alguna que otra vez, hacia  Estancia Guayaguas, casi un punto imaginario en el mapa y el sitio en donde haríamos campamento esa segunda noche.
Casco de Estancia Guayaguas
El casco de la estancia domina desde lo alto el paisaje de Guayaguas. Está abandonado hace varias décadas y no son pocos sus faltantes, pero es una edificación sana y sin peligro de derrumbe. Tampoco hay tantos excrementos animales en su interior, por lo que sigue siendo una buena alternativa para los aventureros que pudiesen llegar hasta aquí. Sus paredes y habitaciones hicieron de refugio para algunas de las carpas de nuestros compañeros, y fue el lugar elegido para la comida de esa noche.
Antes de que caiga el sol nos despedimos de Néstor Queralt y de Nacho Barco (¡Que clara la tienen!)
quienes contaban con un atajo "solo apto para dos ruedas" para llegar con sus motos a juntarse nuevamente con su camioneta que había quedado estacionada sobre alguna ruta no muy lejana. Al final nos preocupamos pues la noche lo esperaba en esa geografía que sabe ser muy accidentada.

Al día siguiente debíamos encontrarnos en las Dunas de Encón, pero no supimos mas de ellos. Incluso al día siguiente hicimos uso del teléfono satelital que Andy (lo extrañamos en esta travesía) generosamente nos había prestado para dar con su paradero, pero tampoco tuvimos suerte. Por suerte los muchachos siguen vivitos y coleando. (Atrás habían dejado un rico queso y una longaniza. Se los cuidamos por 72 horas, pero con botellas de vino de por medio se nos hizo imposible no comérnoslos).
En una galería del casco de Estancia Guayaguas pusimos la mesa y nos acomodamos mientras se gestaba el primer plato "fatto in casa" de esta travesía. Comer bien estaba en la nueva lista de objetivos, en un claro intento de mejorar el deficit de alimentación de salidas anteriores. Amén de que siempre es un placer comer bien, en este tipo de viajes no es mala idea estar bien alimentados, pues nunca se sabe que es lo que depara el destino para los días siguientes.
En esta segunda noche le tocaba a Tobhias encargarse de todo lo referido al tema gastronómico. Nuestro amigo se lució con un regio pollo "al Wok" acompañado de un arroz condimentado con especias exóticas y picantes que el mismo recolecta en sus viajes alrededor del mundo (y que lleva siempre a todos lados) y hongos de esos que no pegan. Para compensar todo venía regado por una "Jarra Loca" de su autoría (con ingredientes desconocidos) a la que le siguieron varias botellas de vino y algún que otro destilado que por nombre pretendía ser ruso.

Había sido este un día de enlace pero que no nos privo de conocer algunos nuevos y variados paisajes de nuestra geografía remota, enorme y argentina. Siempre es un placer juntarse con amigos con los mismos vicios e intereses y que tienen tanto para enseñar, y mas a sabiendas que lo mejor de esta nueva travesía estaba por llegar en los días venideros. 
Bien entrada la noche, nos entregamos (cada uno a su ritmo) a los brazos de Morfeo.
Al fondo el casco de la Estancia Guayaguas y en mi primer plano mi carpa recién planchada
La verdad es que dormí bárbaro esa noche en las inmediaciones del casco de la Estancia Guayaguas. El secreto fue estar lo mas lejos posible de mis compañeros. Y quizás el vino.

El relato continúa pinchando este enlace: En los Médanos Grandes