domingo, 28 de abril de 2019

Un rato en la Mesquita Juma

Shamakhi siempre fue una de las paradas importantes de la Ruta de la Seda. Está situada en una productiva zona en el este de Azerbaiyán. Con 30.000 habitantes podemos decir que es una ciudad mediana, que en este caso tiene mas de dos mil años de historia en sus espaldas que hicieron de Shamakhi un pueblo famoso por la calidad de sus alfombras y la habilidad de sus bailarines.
Once grandes terremotos hubo en Shamakhi, que no casualmente se encuentra en el área de mayor sismicidad de toda la Cordillera del Cáucaso. La ciudad tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones. La única edificación que logró salvar buena parte de su estructura fue, casualmente, la Mesquita Juma (Viernes). Su parte más antigua data del 743, lo que la convierte en la segunda mesquita mas antigua del Cáucaso tras su tocaya de Derbent, en la República de Daguestán.
Tras algunos siglos funcionando bajo una relativa paz, en 1123 fue destruida por los Georgianos. Luego vinieron años donde se impuso el Chiismo, una de las ramas del Islam que en este caso buscaba separarse, o alejarse del Imperio Otomano. Mandaron hasta 1539 dónde la ciudad volvió a cambiar de manos pese a que nunca dejó de aumentar su tamaño.
En 1721 hubo una masacre contra la población Chiita. Miles murieron. El ataque fue cometido por los Lezguinos, un pueblo del norte del Cáucaso que reparte su población entre Azerbaiyán y Dagestán sumando menos de medio millón de personas. Los Lezguinos (tambíen llamados Lezgos, Lezgicos o Lezgianos) son de mayoría Sunita.

Dos años más tarde, en 1723, entraban las tropas del Imperio Ruso durante las Guerras contra Persia, pero no tardarían en dejar la ciudad abandonada a la suerte.
Los Persas tomaron el control de la zona, una región en la cuál hoy en día siguen teniendo influencia. Poco más tarde, en 1742, el Shah de Persia (Nader) mandó a destruir la Mesquita de Juma castigando a los habitantes por su fe Sunita, una minoría en el país, si pensamos que en esos tiempos la ciudad estaba habitada por unas 60.000 personas, en su mayoría de origen armenio. Cien años más tarde el 90% de la población de Shamakhi sería musulmana.
Esta ciudad también fue importante durante los tiempos del Imperio Ruso, hasta que en 1859, tras uno de esos memorables terremotos que sacuden esta región del Cáucaso cada tanto, hizo que las autoridades tuvieran que trasladar la capital hacia Bakú, por segunda vez en su larga historia. En esa oportunidad, la Mesquita de Juma volvió a caer en pedazos, y hubo que recurrir nuevamente a las donaciones de los fieles para volver a ponerla en pie.

Tras lograrlo otra vez, los vecinos pudieron disfrutar de su arquitectura, de sus dos minaretes, de su tranquilidad y de sus servicios religiosos durante algunas décadas antes de que vuelva a ser destruida, ésta vez por la potencia de un incendio en 1918.
Así es la historia de la Mesquita de Juma, la cuál parece que está destinada a reconstruirse cada vez que el destino quiera tirarla abajo. La última de esas reconstrucciones ocurrió entre 2009 y 2013 por orden de Ilham Aliyev, el presidente, máxima autoridad y dueño de Azerbaiyán.
La Mesquita de Juma está abierta al público en general y se encuentra en perfecto estado de conservación y de limpieza tanto por dentro como por fuera. Es una construcción que permite admirar un regio ejemplo de la arquitectura islámica, especialmente en el interior del recinto.
Si se cuenta con transporte propio, vale la pena también visitar el Mausoleo de Yeddi Gumbaz (no es más que un cementerio). Hay allí algunas tumbas interesantes del siglo XVIII, pero lo que mas sorprende al visitante es el arte fotográfico sobre las lápidas de los muertos. Ver para creer.

lunes, 18 de marzo de 2019

Bakú de noche

La ciudad de Bakú siempre estuvo parada sobre enormes reservas de petróleo. Desde que dejó de formar parte de la ex URSS, la capital de Azerbaiyán no ha parado de crecer, por momentos a un ritmo vertiginoso, al punto de convertirse en la ciudad mas poblada y rica de todo el Cáucaso. Hay que decirlo: en poco se parece a las otras capitales de la región.
Los Petrodólares se dejan ver. A partir de un comentario publicado en la Lonely Planet a los locales les gusta decir que la arquitectura en Bakú es la hija ilegítima entre Paris y Dubai. Una mélange entre las dos ciudades. La capital tiene gracia y cierto estilo. Mientras escribo brotan modernos edificios de atrevidos estilos en los alrededores de su centro financiero. En una década puede que sea irreconocible para quienes alguna vez la visitamos.
La realidad es que a la postre la arquitectura de Bakú es mucho más compleja que esa mélange entre Paris y Dubai, ya que en la capital azerí hay monumentos medievales como el palacio, de cuando la ciudad era una parada en la Ruta de la Seda, ejemplos de arquitectura islámica como el caso de la Torre de la Doncella o en sus murallas y mezquitas. En sus anchos bulevares se aprecian regios ejemplos de la Arquitectura Imperial Rusa (período en el cuál la patria de Pedro se acerca a occidente) brotados a partir del primer boom del petróleo en 1870.
Dicen que la vida nocturna de Bakú se encuentra entre las mejores del mundo. Evidentemente no han viajado, pero de todos modos la noche de la capital es muy escénica, y tal como sucede en Paris está muy bien iluminada. Tiene incluso un cierto aire a Belle Époque el cruzar por los pasajes peatonales bajo las avenidas, pero las coincidencias acaban ahí.

La ciudad es mucho más abierta que las del resto del país. La única abierta o no tradicional. Se ven mujeres solas. Son muy bellas y visten de manera occidental, algo que no volveremos a ver en nuestro periplo por la tierra del fuego, como también se conoce a Azerbaiyán.
De noche la gente gusta de salir a las calles. Esas mismas calles que durante el día parecen estar ocupadas solo por vehículos de última generación dotados de enormes y potentes motores. Nadie camina.
Pasear por el Park Bulvar o la larga costanera mientras sopla la brisa fresca del Mar Caspio (el lago más grande del mundo), resulta una delicia de programa.
Las Flame Towers son los tres rascacielos más altos de Bakú. Por su modernismo acercan a Bakú al siglo XXI. Los edificios albergan un hotel, oficinas y viviendas.  Los edificios con forma de llamas constituyen un espectáculo en si mismo. Especialmente durante las noches ya que los 10.000 paneles vidriados de los edificios están iluminados con millones de lamparas LED que forman diferentes y coloridas figuras alegóricas al país.
Uno puede quedarse un buen rato mirando el juego de luces sobre los edificios que pueden verse desde gran parte de la ciudad. Según sitios especializados se trata de la mejor iluminación nocturna en el mundo, y puede que sea verdad, pues en la capital azerí las luces me han sorprendido en más de una ocasión.
Comer en la ciudad vieja buscando los sabores del cilantro o la menta es mejor que hacerlo con el vino local. A diferencia de sus vecinos, y obviamente por tratarse de un país musulmán (que aquí se muestra más laico que nunca), los vinos que producen no son logrados. Se sabe en cambio que su caviar es el mejor del mundo y hay toda una cultura para descubrir.
La ciudad ofrece un montón de opciones, algunas de las cuales son muy sofisticadas.



sábado, 9 de febrero de 2019

Vardzia, un monasterio medieval de 19 pisos

Alrededor del año 1.100 los habitantes del Reino de Georgia se protegían como podían de los continuos ataques de las hordas mongoles que todo asolaban en su paso por Asia Central y Europa. Las montañas de la zona representaban los límites del reino pero también del Cristianismo, muy cerca de la actual frontera con Turquía. Para poder profesar su credo en paz, los reyes mandaron a construir un enorme monasterio enclavado en las piedras del sur de Georgia, con más de 500 metros de largo y 19 niveles o pisos escondidos tras las rocas. Así nacía Vardzia.
La tarde anterior llovía y faltaba media hora o algo así para que se cerraran las puertas de Vardzia. No tenía sentido hacer una visita mala. Podíamos volver al día siguiente, eso no resultaba un problema ya que teníamos una reserva en un complejo cercano. Al despertar al día siguiente una casi constante llovizna desalentaba la excursión al monasterio. Lo bueno es que no hacía calor y las posibilidades de mojarnos eran relativamente bajas. Quedarnos en el hotel no era una opción (aunque alguno del grupo prefirió sus comodidades).

Desde el vamos podíamos apreciar unas vistas espectaculares por sobre los verdes valles y montañas de la zona. Tras pagar la entrada nos subimos a un mini bus que sube a los visitantes algunos cientos de metros. El transporte olía pésimo y el chauffeur discutía fuertemente con algún otro empleado. Seis u ocho personas a bordo esperábamos pacientes.
Recorrer el Monasterio de Vardzia exige cierto estado físico. No solamente por que el recorrido demanda casi dos horas. No. Hay que subir miles de escalones, agacharse en posiciones indignas durante metros y metros, bajar, sacudirse el polvo de los choques contra las paredes, seguir por pasarelas, también por puentes, túneles y pasadizos. Sepan los visitantes que en el área hay decenas de lugares enclavados en las rocas, cuyo recorrido es peor o más demandante que el de éste monasterio medieval.
La historia demuestra que la zona de las montañas de Erusheli fue habitada al menos desde los tiempos de la Edad de Bronce, no obstante nos interesa el período comprendido entre los siglos XII y XVI. Aquellos eran tiempos conocidos como la "Època dorada del Reino de Georgia". En ese período inicial gobernaba el rey Giorgi III de la Dinastía Bagrationi mandó a construir millares de recintos o refugios (hay más de 6.000) para todo aquel cristiano que fuera perseguido por la amenaza musulmana llegada de este, sur y oeste del Reino de Georgia.
Tamara o Tamar (თამარი) era hija del rey Giorgi III. Fue la primera mujer en gobernar el extenso Reino de Georgia, pero además de eso resulta ser uno de los personajes más importantes de la identidad y de la historia del pueblo georgiano.
Tras solo un año en el trono "Tamara La Grande" ordena la construcción de lo que podemos llamar un santuario subterráneo de gran tamaño en la misma citadela iniciada años atrás (circa 1184) por su señor padre.
Durante las tres décadas (o casi) en las que gobernó Tamara, la política exterior del Reino de Georgia fue agresiva y defensiva para con sus vecinos musulmanes a ambos lados de la frontera. Tiempos de enfrentamientos con la aristocracia local, Tamara supo controlar el poder de los señores feudales. La leyenda cuenat que Tamara siempre tuvo ayuda divina en cada uno de sus enfrentamientos.
Paralelamente a los acontecimientos políticos del país, el Monasterio de Vardzia y toda la citadela a la izquierda del río Kura crecía en tamaño hasta que un devastador terremoto en 1283 dejó gran parte del lugar en ruinas, causando la rotura de un millar y medio de las habitaciones existentes, y el colapso de un complejo sistema de túneles.
Tras el terremoto de 1283 muchos de los 119 complejos de cuevas quedaron expuestos en uno de los frentes de la montaña En el complejo que recorre el visitante hay un total de 409 habitaciones. El tamaño de las mismas varía. Hay 13 iglesias que ocupan los cuartos más grandes y coloridos del Monasterio de Vardzia. Existe una docena de cuartos con hornos de pan. Estando en Georgia a nadie le sorprende saber que estos tipos ya producían vino.
El Monasterio de Vardzia pudo recomponerse y recuperar parte de su esplendor oculto tras rocas, túneles y estrechos atajos que obligan a uno a agacharse. Durante unos buenos años reinó la paz aparente, hasta que en 1551, un ejército de persas comandado por Sash Tahmasp destruyeron todo cuánto encontraron a su paso, estableciendo un control parcial pero mayoritario por sobre el territorio del Reino de Georgia y sus misteriosas cuevas.
Durante años hubo escaramuzas y enfrentamientos en muchas de las cuevas de Vardzia. Casi todas las pinturas religiosas y de gran calidad fueron quemadas por los persas. Paradójicamente ésto fue lo que permitió salvarguardarlas en el tiempo.
Tras más de una hora caminando por este intrincado sistema de túneles podemos darnos cuenta de la magnitud de esta ciudad enterrada dentro de una montaña.
En 1578 la zona es invadida desde el otro lado, esta vez por los Otomanos. Desde entonces los cristianos abandonan el lugar durante varios siglos.
En algún momento del recorrido pasamos por otras iglesias, hornos, dependencias, y también unos protegidos pozos naturales con agua pura desde donde siglos atrás sacaban el líquido vital para un eficiente sistema de riego para sus viñedos y vegetales. La citadela no deja de sorprendernos mientras vamos ascendiendo y descendiendo por sus miles de rudimentarios escalones.
Con mis compañeros de viaje llegamos desde la industrial ciudad de Kutaisi , pero por supuesto que es posible hacerlo en transporte público o privado desde Tbilisi, Akhaltsikhe y otras.

La oportunidad del día era el caviar. Mientras bajamos generosas dosis de huevas de esturión con shots de vodka, sufríamos a un grupo de adolescentes que cantaban karaoke desde unas mesas cercanas. Eran odiables. Molestaban y desentonaban. Sin embargo en algún momento de la noche (supongo que el alcohol ayudaba) nos hicimos amigos y doblegamos nuestras fuerzas hasta lograr una noche inolvidable. Al menos para ellos.

sábado, 12 de enero de 2019

Batumi, la "Montecarlo del Cáucaso"

La segunda ciudad más importante de Georgia se llama Batumi. Está apostada sobre una porción de costa del Mar Negro, donde funciona el puerto más grande del país. Por herencia y esfuerzo de los rusos se convirtió en un destacado nodo ferroviario que extendía sus rieles hasta Bakú, la capital de Azerbaiyán sobre las costas del Mar Caspio. Todo por el altruista gesto de llevar petróleo a Europa.

Batumi tiene clima sub tropical y está muy cerca de la frontera con Turquía, razón por la cual es uno de los destinos vacacionales preferidos de los turcos, en especial de aquellos a quienes les gusta el juego y las apuestas, actividades prohíbidas en Turquía, y es que a Batumi también se la conoce como "Las Vegas del Mar Negro". Sea como sea es una zona de influencia de capitales turcos, y los georgianos se quejan un poco de la perdida de identidad cultural sobre esta región del país.

En ocasión de nuestra visita llegamos desde el este del país por una carretera muy bonita llena de curvas y contracurvas, siempre en bajada y con vacas sentadas sobre el camino. De fondo, de cerca y de lejos, la espesura de los bosques de algunos de los parques nacionales de este país.
Batumi pertenece a Georgia pero forma parte de la República de Ayaria o de Adjara. Esta región del país (a diferencia del resto de Georgia que es Cristiano) tiene desde el siglo XVI cuando era parte del Imperio Otomano, un tercio de población musulmana, su propio himno, bandera, y un dialecto que usa palabras turcas. Lo más importante es que también tiene una cierta autonomía por sobre las decisiones del país.

De día y durante 3 estaciones por año puede hacer mucho calor en Batumi. Lo mejor es pasarlo en las playas de roca o en las afueras de la ciudad, en el Parque Nacional Mtikala, el Kolkheti o el muy bello jardín botánico de la ciudad.
Si uno sale a caminar alguna agradable noche por la ciudad, puede que lo primero que llame a uno su atención sea la construcción de la Alphabet Tower (o Torre del Alfabeto). Se trata de una moderna construcción de 130 metros de altura que despliega la forma helicoidal del ADN humano y tiene su exterior decorado con letras del alfabeto georgiano.
Es verdad que el visitante se sorprende con la nueva cara de la ciudad cuando camina por la perfectamente bien mantenida costanera de 6 kilómetros de largo, con sus modernos, coloridos y atrevidos edificios llenos de luces LED, con curiosas estatuas de tanto en tanto y el sonido de las pequeñas olas del Mar Negro rompiendo y haciendo murmullo sobre la orilla de las playas. En gran parte gracias a los turcos y en menor medida a los rusos, hay un boom de inversiones en Batumi que nadie hubiera imaginado una o dos décadas atrás. O Tres.
Como ocurriese en tantas otras ciudades al norte y al sur de las grandes montañas del Cáucaso, Batumi vivió su mejor momento bajo la época de influencia ruso/soviética, período en el que se asentaron durante un tiempo las industrias de la zona hasta el colapso de la URSS en 1991. Luego siguieron años duros tras un golpe de estado y una posterior guerra civil en la que Georgia pierde los territorios de Abjasia (Abkhazia) al norte del Mar Negro. Años más tarde, en 2003 y sin derramamiento de sangre ocurrió la Revolución de las Rosas que logró incorporar la región de Adjaria (sur del mar Negro) a Georgia, pero no tuvo la misma suerte con otras repúblicas separatistas, por lo que en 2008  libraron una Guerra contra Osetia del sur, una minoría étnica amparada por Rusia, que le volvió a costar una porción de territorio a Georgia.

En la última década la ciudad viene creciendo en forma sostenida gracias a un puerto bien manejado, los casinos, el negocio de petróleo, de los cítricos y también del , por que así de diverso es Batumi.
La gastronomía de Georgia es uno de los grandes placeres del país. Cada vez que uno se sienta en la mesa es un festín para los sentidos, y en esta tierra todo alimento parece estar en su mejor versión. No obstante puedo decir que los restaurantes, dos, que se encuentran en una suerte de bola en lo más alto de la Alphabetic tower no merecen vuestro tiempo, mucho menos en una ciudad como Batumi, dónde además de la excelente gastronomía local, podemos encontrar restaurantes con cocinas del mundo.
Nobleza obliga admitir sin embargo, que las vistas que se obtienen desde lo más alto del afamado edificio puede que sean algunas de las mejores de la ciudad portuaria. La Montecarlo del Cáucaso.
La Old town o parte antigua de la ciudad, y vaya que es antigua ya que está poblada desde hace decenas de siglos es bastante compacta y fácil de caminar. La mayoría de los comercios, restaurantes y atractivos turísticos se encuentran sobre dos calles que corren paralelas, o a metros de las mismas, o sobre la bellísima promenade, sin embargo Batumi tiene mucho más. Es el color del Mar Negro y el calor de su gente. El sonido y ritmo de su música o el sabor y peculiaridad de su comida.
Si bien es cierto que los meses de calor son los más populares en Batumi, hoy en día hay que admitir que la ciudad no es sólo un resort de verano, un sitio vacío con buenos hoteles sin nada que ofrecer.

jueves, 10 de enero de 2019

Anitkabir, el mausoleo de Atatürk

El Mausoleo de Atatürk, uno de los sitios emblemáticos que nadie debe perderse en una primer visita a Ankara, la capital y segunda ciudad mas poblada de Turquía. No debíamos estar muy lejos desde el hotel en donde pasamos la primer noche. Quizás unas 20 o 30 cuadras, por lo que decidimos ir caminando. Ese día volvía a llover  en la capital turca, que una semana antes había sufrido las peores inundaciones en los últimos 500 años. Gran parte de la ciudad aún se encontraba con anegamientos. El día anterior habíamos padecido llegar a la ciudad en auto, con eternos embotellamientos y por momentos un poco de miedo de dañar el vehículo de alquiler.
Era nuestro segundo día en Ankara cuando decidimos, mis amigos y yo, que era momento de ir a conocer el mausoleo de Mustafa Kemal Atatürk, héroe de la nación turca, y es que gracias a él es que existe Turquía como país. Primeramente participó encabezando el Movimiento Nacional Turco tras la derrota del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, y luego como mariscal de campo (el rango más alto del ejército turco) durante las Guerras por la Independencia.
Los restos de quien fuera fundador y primer presidente de la República de Turquía descansan aquí.
Anitkabir significa literalmente "tumba conmemorativa". Se trata de una monumental construcción en honor al máximo héroe de Turquía, sitio que es visitada por cientos de miles de personas cada año. La mejor manera de llegar es cruzando la Calzada de los leones, una calle de casi 300 metros de largo con 12 pares de estatuas de leones, tal como existieron en algunas ciudades hititas.

El mausoleo se encuentra apostado sobre una colina que podía verse desde gran parte de la ciudad.
Durante su construcción se encontraron miles de piezas y artefactos de la civilización frigia, quienes habitaron la región de Anatolía unos 12 siglos antes de Cristo.
Hubo un concurso organizado por el gobierno turco con más de 50 participantes. Lo ganaron los arquitectos Emin Onat y Orhan Arda en 1941, y desde entonces se tomaron 9 años completos para concluir en cuatro etapas una de las obras mas monumentales y significativas jamás erigidas durante el Segundo Movimiento Nacional de Arquitectura, período que se caracteriza por la simetría y por su influencia con la arquitectura selyúsida y otomana, y también de la arquitectura de Alemania nazi.
La entrada al museo y mausoleo de Anitkabir es libre y gratuita. Se trata de un sitio muy lindo y extremadamente cuidado que los turcos saben aprovechar para dar a conocer la figura del fundador y primer presidente de la república, aunque también cabe destacar que está enterrado también el General Ismet Inonu, segundo presidente de Turquía, amigo personal de Atatürk y compañero durante las Guerras por la Independencia.
Son 750.000 metros cuadrados de los cuales unos 120.000 corresponden al mausoleo propiamente dicho. El parque está decorado con 50.000 árboles de 104 especies, y se utilizaron decenas de mármoles llegados desde todos los rincones de Turquía. Números que impresionan, y es que el de Anitkabir es uno de los mausoleos más grandes y espectaculares del mundo.