miércoles, 12 de junio de 2019

Bratislava, prometedora capital del este de Europa

Bratislava es una antigua ciudad situada a los pies del río Danubio. Es la capital de Eslovaquia y su ciudad más importante. Con "sólo" medio millón de habitantes resulta ser la urbe mas densamente poblada de Europa Central.
La ciudad tiene una larga historia, y creo que hoy vive uno de sus mejores momentos. A sólo 60 kilómetros de Viena, la ciudad recibe en estos tiempos más de 5 millones de visitantes anuales.
Esta era mi segunda visita a Bratislava, y con décadas de diferencia entre una y otra. La primera vez era verano y Eslovaquia acababa de entrar en la Unión Europea. La segunda fue durante un día gentil de invierno, y a simple vista ya podía ver que muchas cosas habían cambiado, y para bien en Bratislava, la única capital del mundo que tiene frontera con dos países (Austria y Hungría).
Como el clima acompañaba dejamos el auto estacionado a unas 10 cuadras y salimos a dar un largo paseo por el centro antiguo (Staré Mesto). Esta zona está cargada de edificios históricos y tiene mucho más color que el que puede encontrar en el resto de la ciudad. Los comunistas han destruido barrios enteros y Bratislava puede ser muy gris, y no sólo me refiero al clima, que dicho sea de paso, por aquí comentan que los inviernos ya no son tan duros cómo solían ser. Apenas nieva y casi nadie pasa frío. Ya les dije: Todo mejora en Bratislava.
El Teatro Nacional Eslovaco (opera) es el más antiguo del país. De estilo Neo renacentista se encuentra en uno de los márgenes de la Plaza Hviezdoslav, una plaza muy famosa de Bratislava que ya existía hace 1.000 años. Cerca están las embajadas de Alemania y de U.S.A. y una de las veredas está bien surtida con restaurantes a la moda.
Este sitio es un buen y lógico punto para dar comienzo a un recorrido por el bonito y compacto casco histórico de la capital de Eslovaquia.
El Puente de la Insurrección Nacional Eslovaca (Most Slovenského národného povstania), mejor conocido como Most SNP, es un puente de 430,8 metros de longitud que cruza el río Danubio. Con este largo es el puente atirantado de un sólo pilón más largo del mundo. Punto para Bratislava.
Popularmente se lo conoce como Puente UFO o Puente OVNI. Sobre un pilón de 86 metros de altura funciona un restaurant y una plataforma de observación desde dónde se obtienen regias vistas de la ciudad. Subir tiene un costo para aquellos que no se queden a comer en el lugar.
Desde muchas callejuelas se observa a lo alto el complejo del Castillo de Bratislava, símbolo de la ciudad y el monumento más importante de Eslovaquia. Se trata de una gran estructura rectangular con 4 torres de defensa en sus esquinas, y parcialmente amurallado. Al menos una de sus torres es del siglo XIII, aunque sus partes más antiguas datarían del siglo X. El castillo propiamente hablando se encuentra en lo más alto de la ciudad, es del siglo XV, y fue mandado a construir por Segismundo de Hungría (también conocido como Segismundo de Luxemburgo, o "Siggy the piggy". para los amigos).
En 1811 el Castillo de Bratislava sufrió un gran incendio. Sólo dos años antes, las tropas al mando de Napoleón habían demolido el Castillo de Devin. Un golpe a la identidad de los Eslavos.

No fue hasta 1957 cuando comenzaron los trabajos de reconstrucción del castillo de la capital. Adentro funciona el Museo Nacional Eslovaco y tiene lugar la residencia presidencial del país.
La Catedral de San Martín es la más grande de Eslovaquia y una de las más antiguas. Once reyes y reinas fueron coronados en la Catedral de San Martín entre 1536 y 1830, años en los que la ciudad estaba gobernada por los Habsburgo (Austria). Su espiga de 85 metros de alto se luce en una zona donde muchos de sus edificios son del siglo XIV.
Dentro del casco antiguo de Bratislava hay muchas iglesias que fueron quedando con el correr de los siglos. Una de las más representativas es la Catedral de San Juan de Mata y San Félix de Valois, también conocida como la Trinitaria o Katedrála sv. Jána a sv. Felixa z Valois en eslovaco. Esta iglesia de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos fue construida entre 1717 y 1725 en el mismo lugar que alguna vez ocupó la Iglesia de San Miguel, demolida junto a todo el barrio homónimo en el afán de defender la ciudad del ataque de los Turcos.
Puede que esta iglesia sea el mejor ejemplo de la arquitectura barroca en Bratislava.
En Hlavné námestie, la plaza principal, o al menos de las más famosas de Bratislava podemos encontrar al ayuntamiento (Stará radnica), una de las construcciones de piedra más antiguas de Bratislava. Data de 1370 y es en realidad la unión de tres edificios modificados con los años. Hoy en día funciona allí desde 1868 el Museo de la Ciudad, pero en otros tiempos sirvió como cárcel. Está pegada a la Iglesia Jesuita, muy cerca de una  Embajada de Japón pintada de verde y de la representativa Fuente de Rolando, la más famosa del país, mandada a construir en 1572 por Maximiliano II, Rey de Hungría, Rey de Bohemia, Embajador del Sacro Imperio Romano Germánico, y el primero en ser coronado en Bratislava.
Resulta atractivo visitar Bratislava y Eslovaquia en general. Es menester sumarla a un recorrido por el Triángulo de Oro, las  siempre visitadas capitales, Praga, Viena y Budapest.
Entre lo más representativo encontramos el Palacio Primacial que sirve de asiento al alcalde o jefe de gobierno de la ciudad de Bratislava. Es un destacado edificio de estilo neoclásico construido entre 1778 y 1781. Está abierto al público y si bien nunca entré, es famoso su Salón de los Espejos.
La historia del Palacio Primacial es aburridísima, pero para destacar cabe mencionar que fue el sitio en dónde se firmó en 1805 la Paz de Presburgo entre Napoleon y Francisco I de Austria.
En lo más alto de su fachada puede verse un sombrero de 150 kilos que recuerda a los cardenales que vivieron aquí alguna vez.
La Puerta de San Miguel (Michalska Brana) es una de las edificaciones más antiguas de la ciudad y el único remanente de la frontera original que protegía a Bratislava. Durante siglos existieron cuatro puertas, siendo ésta la puerta más chica y menos importante. Por aquí entraban a la ciudad los pescadores, ya que era la que más cerca estaba de las costas del Danubio.
La Puerta de San Miguel hoy luce un aspecto barroco producto de una remodelación en 1758. De alguna manera sigue siendo el límite entre la ciudad nueva y la vieja.

Al un costado de la puerta se encuentra la casa más estrecha de Eslovaquia. Tiene 130 cms de ancho.
Escribí alguna vez sobre curiosas estatuas de Bratislava. En una de las plazas de hay una estatua tamaño natural de un soldado de Napoléon. Cuenta la leyenda que este tipo, un tal Hubert, se enamoró de una enfermera de Bratislava y nunca pudo abandonar la ciudad. Huber no es el único que ha sufrido el flechazo de esta emergente capital del este de Europa.

jueves, 30 de mayo de 2019

La isla de Chumbe

La Isla de Chumbe es paraíso sobre las aguas turquesas del Mar Índico en Tanzania. Una isla que durante años estuvo bajo control militar, pero que desde 1991 funciona como una reserva privada cuando descubrieron una de las áreas de corales más ricas y pristinas del este de África. Desde entonces la administración de la isla se ha tornado en un proyecto serio, responsable, premiado y sustentable que se puede visitar por algunos cientos de Dólares.
Estábamos viajando en grupo. Meses antes de salir ya teníamos reserva en Chumbe Island dónde pasaríamos 2 noches. El día había llegado y durante todos esos meses no había logrado cambiar mi preconcepto acerca de este destino.
Tras conocer unas ruinas cercanas nos acercamos hasta el bonito muelle de un hotel Protea a la espera del bote que nos llevaría a esta eco isla verde y sustentable.
La isleta es la más alejada de la de Zanzibar y se encuentra a unas ocho millas náuticas al sur de la mítica y famosa isla de las especias. El avance era lento pero muy agradable el surcar de las aguas.
En la isla fuimos recibidos por algún simpático empleado que nos explicó las reglas ecológicas, los horarios de las comidas y las peculiaridades de los siete "bungalows" para dos personas con los que cuenta Chumbe, y que eran todos nuestros por esas dos noches, razón por la cuál éramos los únicos huéspedes en la isla. Un lujo.

La isla tiene unas playas color manteca que son increíbles, con sus palmeras y el mar de fondo, pero los genios de Chumbe han puesto los cuartos lo suficientemente lejos para que sientas el mar pero no lo veas. Los cuartos son muy rudimentarios. Las paredes son de ramas que no detienen las inclemencias del tiempo.Tampoco detienen el sonido. Podía oír perfectamente a mis vecinos, algo que amantes y criticones deben tener en cuenta.
Los baños tienen un balde con un compost preparado para el número 2, las duchas son bastantes malas y funcionan con agua recolectada de las lluvias y calentada por paneles solares.
Por el costo de la estadía los cuartos dejan mucho que desear, por más excusa eco friendly tengan en Chumbe Island.
La isla es un paraíso. El visitante se siente muy bien atendido por algunos de los 45 empleados que trabajan en el proyecto. En Chumbe hay un puñado de actividades. En primer lugar recorrimos un bosque de manglares con algunos restos de coral que recuerdan que chumbe fue alguna vez una pequeña barrera de coral.
En el bosque hay puentes, caracoles, hongos, cangrejos, árboles de mango y gigantes baobabs.
También existe un faro centenario que aún funciona y que, cientos de escalones mediante, se puede subir hasta lo más alto, en dónde se logra tener la mejor perspectiva y vistas de la isla.
Con el paso de las horas se me fue pasando un poco el enojo con la isla, y es que el aire de mar, el entorno y las caminatas muestran la mejor cara de la isla.
La comida que ofrecen en la isla es la típica de Zanzibar, tan africana como hindú o árabe, sabrosa, especial, única, y en este caso excelente. En este tipo de programas de pensión completa la gastronomía resulta de vital importancia, y en Chumbe no defrauda. Punto para la eco island.
Una de las peculiaridades de la Isla de Chumbe es que aquí vive el Cangrejo de los Cocoteros, un tipo de cangrejo de hábitos nocturnos y que resulta ser el cangrejo terrestre más grande del mundo, con poderosas pinzas que pueden alcanzar los 45 cms de largo.
En el mismo bosque podemos divisar (y de hecho vimos cientos) al Zorro Volador, una especie de murciélago gigante que de noche vuela hacia Stone Town, la capital de Zanzibar, para alimentarse.

Claro que también hicimos snorkeling por sobre un coral que si mal no recuerdo se encontraba a unos 20 minutos de navegación de la isla. Aquí se encuentran el 90% de las especies de coral de África y 450 especies de peces, aunque en mi caso no logré ver más de 5 o 7. Un fracaso.

domingo, 28 de abril de 2019

Un rato en la Mesquita Juma

Shamakhi siempre fue una de las paradas importantes de la Ruta de la Seda. Está situada en una productiva zona en el este de Azerbaiyán. Con 30.000 habitantes podemos decir que es una ciudad mediana, que en este caso tiene mas de dos mil años de historia en sus espaldas que hicieron de Shamakhi un pueblo famoso por la calidad de sus alfombras y la habilidad de sus bailarines.
Once grandes terremotos hubo en Shamakhi, que no casualmente se encuentra en el área de mayor sismicidad de toda la Cordillera del Cáucaso. La ciudad tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones. La única edificación que logró salvar buena parte de su estructura fue, casualmente, la Mesquita Juma (Viernes). Su parte más antigua data del 743, lo que la convierte en la segunda mesquita mas antigua del Cáucaso tras su tocaya de Derbent, en la República de Daguestán.
Tras algunos siglos funcionando bajo una relativa paz, en 1123 fue destruida por los Georgianos. Luego vinieron años donde se impuso el Chiismo, una de las ramas del Islam que en este caso buscaba separarse, o alejarse del Imperio Otomano. Mandaron hasta 1539 dónde la ciudad volvió a cambiar de manos pese a que nunca dejó de aumentar su tamaño.
En 1721 hubo una masacre contra la población Chiita. Miles murieron. El ataque fue cometido por los Lezguinos, un pueblo del norte del Cáucaso que reparte su población entre Azerbaiyán y Dagestán sumando menos de medio millón de personas. Los Lezguinos (tambíen llamados Lezgos, Lezgicos o Lezgianos) son de mayoría Sunita.

Dos años más tarde, en 1723, entraban las tropas del Imperio Ruso durante las Guerras contra Persia, pero no tardarían en dejar la ciudad abandonada a la suerte.
Los Persas tomaron el control de la zona, una región en la cuál hoy en día siguen teniendo influencia. Poco más tarde, en 1742, el Shah de Persia (Nader) mandó a destruir la Mesquita de Juma castigando a los habitantes por su fe Sunita, una minoría en el país, si pensamos que en esos tiempos la ciudad estaba habitada por unas 60.000 personas, en su mayoría de origen armenio. Cien años más tarde el 90% de la población de Shamakhi sería musulmana.
Esta ciudad también fue importante durante los tiempos del Imperio Ruso, hasta que en 1859, tras uno de esos memorables terremotos que sacuden esta región del Cáucaso cada tanto, hizo que las autoridades tuvieran que trasladar la capital hacia Bakú, por segunda vez en su larga historia. En esa oportunidad, la Mesquita de Juma volvió a caer en pedazos, y hubo que recurrir nuevamente a las donaciones de los fieles para volver a ponerla en pie.

Tras lograrlo otra vez, los vecinos pudieron disfrutar de su arquitectura, de sus dos minaretes, de su tranquilidad y de sus servicios religiosos durante algunas décadas antes de que vuelva a ser destruida, ésta vez por la potencia de un incendio en 1918.
Así es la historia de la Mesquita de Juma, la cuál parece que está destinada a reconstruirse cada vez que el destino quiera tirarla abajo. La última de esas reconstrucciones ocurrió entre 2009 y 2013 por orden de Ilham Aliyev, el presidente, máxima autoridad y dueño de Azerbaiyán.
La Mesquita de Juma está abierta al público en general y se encuentra en perfecto estado de conservación y de limpieza tanto por dentro como por fuera. Es una construcción que permite admirar un regio ejemplo de la arquitectura islámica, especialmente en el interior del recinto.
Si se cuenta con transporte propio, vale la pena también visitar el Mausoleo de Yeddi Gumbaz (no es más que un cementerio). Hay allí algunas tumbas interesantes del siglo XVIII, pero lo que mas sorprende al visitante es el arte fotográfico sobre las lápidas de los muertos. Ver para creer.

lunes, 18 de marzo de 2019

Bakú de noche

La ciudad de Bakú siempre estuvo parada sobre enormes reservas de petróleo. Desde que dejó de formar parte de la ex URSS, la capital de Azerbaiyán no ha parado de crecer, por momentos a un ritmo vertiginoso, al punto de convertirse en la ciudad mas poblada y rica de todo el Cáucaso. Hay que decirlo: en poco se parece a las otras capitales de la región.
Los Petrodólares se dejan ver. A partir de un comentario publicado en la Lonely Planet a los locales les gusta decir que la arquitectura en Bakú es la hija ilegítima entre Paris y Dubai. Una mélange entre las dos ciudades. La capital tiene gracia y cierto estilo. Mientras escribo brotan modernos edificios de atrevidos estilos en los alrededores de su centro financiero. En una década puede que sea irreconocible para quienes alguna vez la visitamos.
La realidad es que a la postre la arquitectura de Bakú es mucho más compleja que esa mélange entre Paris y Dubai, ya que en la capital azerí hay monumentos medievales como el palacio, de cuando la ciudad era una parada en la Ruta de la Seda, ejemplos de arquitectura islámica como el caso de la Torre de la Doncella o en sus murallas y mezquitas. En sus anchos bulevares se aprecian regios ejemplos de la Arquitectura Imperial Rusa (período en el cuál la patria de Pedro se acerca a occidente) brotados a partir del primer boom del petróleo en 1870.
Dicen que la vida nocturna de Bakú se encuentra entre las mejores del mundo. Evidentemente no han viajado, pero de todos modos la noche de la capital es muy escénica, y tal como sucede en Paris está muy bien iluminada. Tiene incluso un cierto aire a Belle Époque el cruzar por los pasajes peatonales bajo las avenidas, pero las coincidencias acaban ahí.

La ciudad es mucho más abierta que las del resto del país. La única abierta o no tradicional. Se ven mujeres solas. Son muy bellas y visten de manera occidental, algo que no volveremos a ver en nuestro periplo por la tierra del fuego, como también se conoce a Azerbaiyán.
De noche la gente gusta de salir a las calles. Esas mismas calles que durante el día parecen estar ocupadas solo por vehículos de última generación dotados de enormes y potentes motores. Nadie camina.
Pasear por el Park Bulvar o la larga costanera mientras sopla la brisa fresca del Mar Caspio (el lago más grande del mundo), resulta una delicia de programa.
Las Flame Towers son los tres rascacielos más altos de Bakú. Por su modernismo acercan a Bakú al siglo XXI. Los edificios albergan un hotel, oficinas y viviendas.  Los edificios con forma de llamas constituyen un espectáculo en si mismo. Especialmente durante las noches ya que los 10.000 paneles vidriados de los edificios están iluminados con millones de lamparas LED que forman diferentes y coloridas figuras alegóricas al país.
Uno puede quedarse un buen rato mirando el juego de luces sobre los edificios que pueden verse desde gran parte de la ciudad. Según sitios especializados se trata de la mejor iluminación nocturna en el mundo, y puede que sea verdad, pues en la capital azerí las luces me han sorprendido en más de una ocasión.
Comer en la ciudad vieja buscando los sabores del cilantro o la menta es mejor que hacerlo con el vino local. A diferencia de sus vecinos, y obviamente por tratarse de un país musulmán (que aquí se muestra más laico que nunca), los vinos que producen no son logrados. Se sabe en cambio que su caviar es el mejor del mundo y hay toda una cultura para descubrir.
La ciudad ofrece un montón de opciones, algunas de las cuales son muy sofisticadas.



sábado, 9 de febrero de 2019

Vardzia, un monasterio medieval de 19 pisos

Alrededor del año 1.100 los habitantes del Reino de Georgia se protegían como podían de los continuos ataques de las hordas mongoles que todo asolaban en su paso por Asia Central y Europa. Las montañas de la zona representaban los límites del reino pero también del Cristianismo, muy cerca de la actual frontera con Turquía. Para poder profesar su credo en paz, los reyes mandaron a construir un enorme monasterio enclavado en las piedras del sur de Georgia, con más de 500 metros de largo y 19 niveles o pisos escondidos tras las rocas. Así nacía Vardzia.
La tarde anterior llovía y faltaba media hora o algo así para que se cerraran las puertas de Vardzia. No tenía sentido hacer una visita mala. Podíamos volver al día siguiente, eso no resultaba un problema ya que teníamos una reserva en un complejo cercano. Al despertar al día siguiente una casi constante llovizna desalentaba la excursión al monasterio. Lo bueno es que no hacía calor y las posibilidades de mojarnos eran relativamente bajas. Quedarnos en el hotel no era una opción (aunque alguno del grupo prefirió sus comodidades).

Desde el vamos podíamos apreciar unas vistas espectaculares por sobre los verdes valles y montañas de la zona. Tras pagar la entrada nos subimos a un mini bus que sube a los visitantes algunos cientos de metros. El transporte olía pésimo y el chauffeur discutía fuertemente con algún otro empleado. Seis u ocho personas a bordo esperábamos pacientes.
Recorrer el Monasterio de Vardzia exige cierto estado físico. No solamente por que el recorrido demanda casi dos horas. No. Hay que subir miles de escalones, agacharse en posiciones indignas durante metros y metros, bajar, sacudirse el polvo de los choques contra las paredes, seguir por pasarelas, también por puentes, túneles y pasadizos. Sepan los visitantes que en el área hay decenas de lugares enclavados en las rocas, cuyo recorrido es peor o más demandante que el de éste monasterio medieval.
La historia demuestra que la zona de las montañas de Erusheli fue habitada al menos desde los tiempos de la Edad de Bronce, no obstante nos interesa el período comprendido entre los siglos XII y XVI. Aquellos eran tiempos conocidos como la "Època dorada del Reino de Georgia". En ese período inicial gobernaba el rey Giorgi III de la Dinastía Bagrationi mandó a construir millares de recintos o refugios (hay más de 6.000) para todo aquel cristiano que fuera perseguido por la amenaza musulmana llegada de este, sur y oeste del Reino de Georgia.
Tamara o Tamar (თამარი) era hija del rey Giorgi III. Fue la primera mujer en gobernar el extenso Reino de Georgia, pero además de eso resulta ser uno de los personajes más importantes de la identidad y de la historia del pueblo georgiano.
Tras solo un año en el trono "Tamara La Grande" ordena la construcción de lo que podemos llamar un santuario subterráneo de gran tamaño en la misma citadela iniciada años atrás (circa 1184) por su señor padre.
Durante las tres décadas (o casi) en las que gobernó Tamara, la política exterior del Reino de Georgia fue agresiva y defensiva para con sus vecinos musulmanes a ambos lados de la frontera. Tiempos de enfrentamientos con la aristocracia local, Tamara supo controlar el poder de los señores feudales. La leyenda cuenat que Tamara siempre tuvo ayuda divina en cada uno de sus enfrentamientos.
Paralelamente a los acontecimientos políticos del país, el Monasterio de Vardzia y toda la citadela a la izquierda del río Kura crecía en tamaño hasta que un devastador terremoto en 1283 dejó gran parte del lugar en ruinas, causando la rotura de un millar y medio de las habitaciones existentes, y el colapso de un complejo sistema de túneles.
Tras el terremoto de 1283 muchos de los 119 complejos de cuevas quedaron expuestos en uno de los frentes de la montaña En el complejo que recorre el visitante hay un total de 409 habitaciones. El tamaño de las mismas varía. Hay 13 iglesias que ocupan los cuartos más grandes y coloridos del Monasterio de Vardzia. Existe una docena de cuartos con hornos de pan. Estando en Georgia a nadie le sorprende saber que estos tipos ya producían vino.
El Monasterio de Vardzia pudo recomponerse y recuperar parte de su esplendor oculto tras rocas, túneles y estrechos atajos que obligan a uno a agacharse. Durante unos buenos años reinó la paz aparente, hasta que en 1551, un ejército de persas comandado por Sash Tahmasp destruyeron todo cuánto encontraron a su paso, estableciendo un control parcial pero mayoritario por sobre el territorio del Reino de Georgia y sus misteriosas cuevas.
Durante años hubo escaramuzas y enfrentamientos en muchas de las cuevas de Vardzia. Casi todas las pinturas religiosas y de gran calidad fueron quemadas por los persas. Paradójicamente ésto fue lo que permitió salvarguardarlas en el tiempo.
Tras más de una hora caminando por este intrincado sistema de túneles podemos darnos cuenta de la magnitud de esta ciudad enterrada dentro de una montaña.
En 1578 la zona es invadida desde el otro lado, esta vez por los Otomanos. Desde entonces los cristianos abandonan el lugar durante varios siglos.
En algún momento del recorrido pasamos por otras iglesias, hornos, dependencias, y también unos protegidos pozos naturales con agua pura desde donde siglos atrás sacaban el líquido vital para un eficiente sistema de riego para sus viñedos y vegetales. La citadela no deja de sorprendernos mientras vamos ascendiendo y descendiendo por sus miles de rudimentarios escalones.
Con mis compañeros de viaje llegamos desde la industrial ciudad de Kutaisi , pero por supuesto que es posible hacerlo en transporte público o privado desde Tbilisi, Akhaltsikhe y otras.

La oportunidad del día era el caviar. Mientras bajamos generosas dosis de huevas de esturión con shots de vodka, sufríamos a un grupo de adolescentes que cantaban karaoke desde unas mesas cercanas. Eran odiables. Molestaban y desentonaban. Sin embargo en algún momento de la noche (supongo que el alcohol ayudaba) nos hicimos amigos y doblegamos nuestras fuerzas hasta lograr una noche inolvidable. Al menos para ellos.

sábado, 12 de enero de 2019

Batumi, la "Montecarlo del Cáucaso"

La segunda ciudad más importante de Georgia se llama Batumi. Está apostada sobre una porción de costa del Mar Negro, donde funciona el puerto más grande del país. Por herencia y esfuerzo de los rusos se convirtió en un destacado nodo ferroviario que extendía sus rieles hasta Bakú, la capital de Azerbaiyán sobre las costas del Mar Caspio. Todo por el altruista gesto de llevar petróleo a Europa.

Batumi tiene clima sub tropical y está muy cerca de la frontera con Turquía, razón por la cual es uno de los destinos vacacionales preferidos de los turcos, en especial de aquellos a quienes les gusta el juego y las apuestas, actividades prohíbidas en Turquía, y es que a Batumi también se la conoce como "Las Vegas del Mar Negro". Sea como sea es una zona de influencia de capitales turcos, y los georgianos se quejan un poco de la perdida de identidad cultural sobre esta región del país.

En ocasión de nuestra visita llegamos desde el este del país por una carretera muy bonita llena de curvas y contracurvas, siempre en bajada y con vacas sentadas sobre el camino. De fondo, de cerca y de lejos, la espesura de los bosques de algunos de los parques nacionales de este país.
Batumi pertenece a Georgia pero forma parte de la República de Ayaria o de Adjara. Esta región del país (a diferencia del resto de Georgia que es Cristiano) tiene desde el siglo XVI cuando era parte del Imperio Otomano, un tercio de población musulmana, su propio himno, bandera, y un dialecto que usa palabras turcas. Lo más importante es que también tiene una cierta autonomía por sobre las decisiones del país.

De día y durante 3 estaciones por año puede hacer mucho calor en Batumi. Lo mejor es pasarlo en las playas de roca o en las afueras de la ciudad, en el Parque Nacional Mtikala, el Kolkheti o el muy bello jardín botánico de la ciudad.
Si uno sale a caminar alguna agradable noche por la ciudad, puede que lo primero que llame a uno su atención sea la construcción de la Alphabet Tower (o Torre del Alfabeto). Se trata de una moderna construcción de 130 metros de altura que despliega la forma helicoidal del ADN humano y tiene su exterior decorado con letras del alfabeto georgiano.
Es verdad que el visitante se sorprende con la nueva cara de la ciudad cuando camina por la perfectamente bien mantenida costanera de 6 kilómetros de largo, con sus modernos, coloridos y atrevidos edificios llenos de luces LED, con curiosas estatuas de tanto en tanto y el sonido de las pequeñas olas del Mar Negro rompiendo y haciendo murmullo sobre la orilla de las playas. En gran parte gracias a los turcos y en menor medida a los rusos, hay un boom de inversiones en Batumi que nadie hubiera imaginado una o dos décadas atrás. O Tres.
Como ocurriese en tantas otras ciudades al norte y al sur de las grandes montañas del Cáucaso, Batumi vivió su mejor momento bajo la época de influencia ruso/soviética, período en el que se asentaron durante un tiempo las industrias de la zona hasta el colapso de la URSS en 1991. Luego siguieron años duros tras un golpe de estado y una posterior guerra civil en la que Georgia pierde los territorios de Abjasia (Abkhazia) al norte del Mar Negro. Años más tarde, en 2003 y sin derramamiento de sangre ocurrió la Revolución de las Rosas que logró incorporar la región de Adjaria (sur del mar Negro) a Georgia, pero no tuvo la misma suerte con otras repúblicas separatistas, por lo que en 2008  libraron una Guerra contra Osetia del sur, una minoría étnica amparada por Rusia, que le volvió a costar una porción de territorio a Georgia.

En la última década la ciudad viene creciendo en forma sostenida gracias a un puerto bien manejado, los casinos, el negocio de petróleo, de los cítricos y también del , por que así de diverso es Batumi.
La gastronomía de Georgia es uno de los grandes placeres del país. Cada vez que uno se sienta en la mesa es un festín para los sentidos, y en esta tierra todo alimento parece estar en su mejor versión. No obstante puedo decir que los restaurantes, dos, que se encuentran en una suerte de bola en lo más alto de la Alphabetic tower no merecen vuestro tiempo, mucho menos en una ciudad como Batumi, dónde además de la excelente gastronomía local, podemos encontrar restaurantes con cocinas del mundo.
Nobleza obliga admitir sin embargo, que las vistas que se obtienen desde lo más alto del afamado edificio puede que sean algunas de las mejores de la ciudad portuaria. La Montecarlo del Cáucaso.
La Old town o parte antigua de la ciudad, y vaya que es antigua ya que está poblada desde hace decenas de siglos es bastante compacta y fácil de caminar. La mayoría de los comercios, restaurantes y atractivos turísticos se encuentran sobre dos calles que corren paralelas, o a metros de las mismas, o sobre la bellísima promenade, sin embargo Batumi tiene mucho más. Es el color del Mar Negro y el calor de su gente. El sonido y ritmo de su música o el sabor y peculiaridad de su comida.
Si bien es cierto que los meses de calor son los más populares en Batumi, hoy en día hay que admitir que la ciudad no es sólo un resort de verano, un sitio vacío con buenos hoteles sin nada que ofrecer.