lunes, 18 de agosto de 2014

Epecuén, el pueblo hundido que un día emergió de las aguas

La laguna crecía medio metro por año pero nadie parecía temer lo peor, hasta que en la madrugada del 10 de noviembre de 1985, el terraplén que protegía a Villa Epecuén cedió, y el pueblo comenzó a hundirse, quedando varias décadas bajo un agua salada en extremo.

Como contaba con solo una semana, decidí recorrer en mayor profundidad algunos lugares de la poco poblada provincia de La Pampa. La ruta de acceso la elegí para hacer de Epecuén mi primer parada. Otra vez partí en solitario, y unas seis horas mas tarde estaba llegando a Termas de Carhué, el cercano pueblo que tomó la posta de toda la cuestión termal de la zona cuando la villa quedó bajo las aguas.

El hotel en donde pensaba alojarme estaba lleno, por lo que me sentí afortunado de encontrar lugar en el que era mi segunda opción. Pagué el cuarto, y como aún quedaba un poco de luz solar, me fui hacia lo que hasta no hace mucho tiempo era Villa Mar de Epecuén. Hoy las Ruinas de Epecuén.
Al dejar la camioneta me dispuse a caminar "barranca abajo" por lo que hasta poco mas de 30 años atrás era Av de Mayo, la arteria principal de la ciudad balneario. Sobre esta calle estaban los negocios mas importantes, y era en donde se concentraba la vívida vida social de la localidad termal.
Caminé la calle de punta a punta hasta el lago mismo. En el camino todo lo que alguna vez fueron hoteles, comercios y viviendas, todo está en ruinas. Apenas se ven unas poquísimas construcciones que aún lograron mantenerse en pie, pese a haber estado sumergidas por décadas en un agua hiper salina que corroía las entrañas metálicas de sus construcciones. La desolación es total.
Por sobre las veredas, la municipalidad de Adolfo Alsina puso varios carteles explicativos que nos cuentan la historia de los restos ruines que estamos mirando al pasar.
A medida que uno va adentrando al pueblo, y no importa en que dirección se mire, las pilas de ladrillos se van multiplicando por doquier. Epecuén es un pueblo cuyas paredes nunca han dejado de caer. Se requiere de cierto cuidado y atención a la hora de recorrerlo.
Había gente en el lugar (unas 20 personas), y un poco me sorprendió, por que ya saben, soy un cabrón con suerte y suelo tener los lugares todos para mi.
Me gusto ver las calles de Epecuén con un poco de vida en este escenario tan apocalíptico.
Al rato quede solo y la imagen fantasmagórica de las blancas ruinas de la ex población se acentuaba.
No recuerdo haber visto algo como Epecuén antes, y solo puede parecerse a una ciudad bombardeada y abandonada por siempre.

 Uno camina por los pisos regados en sal. En las calles adyacentes aún son cenagosos. Por donde uno vaya aprecia perfectamente lo que era el trazado urbano pese a que casi todas sus construcciones se desmoronaron y poco dejan a uno saber como han de haber sido.
El Hotel Monte Real es una de esas pocas construcciones que aún se mantiene en pie. Era un hotel de "medio pelo" que contaba con unas 30 habitaciones, y que había sido inaugurado en la década del 70´, la época dorada de la ciudad termal, cuando mas de 25.000 personas llegaban cada verano a disfrutar de las mágicas bondades de un agua llena de propiedades.
Son muchos los sueños destruidos. Los de todo un pueblo que esa fatídica madrugada de 1985 tuvo que resignarse a perder todo e irse para siempre hacia tierras mas altas, dejándolo todo atrás. Salvando solo lo que se podía salvar (algún tanque de agua, rejas, los muebles mas chicos). Todos los tractores de la zona entraban y salían cargados con las familias hacia el terraplén del ferrocarril que tuvo un papel muy importante en la evacuación de los pobladores de Epecuén.
La mayoría de los ex pobladores de Epecuén le iniciaron juicio al estado por negligencia, y han cobrado el 50% del valor de sus propiedades unos 15 años después de la gran inundación.

El Parque acuático que funcionaba junto a la laguna fue un incentivo del gobierno en el que lograron acercar también a los jóvenes a esta villa balnearia. Tenía piletas de agua dulce, vestuarios y confiterías a la vera del lago.
Las aguas del lago contienen 10 veces mas sal que el océano, y es muy fácil flotar en ellas. Esta peculiaridad y semejanza con el Mar Muerto de Israel atrajo desde tiempos tempranos a muchos miembros de la colectividad judía.
En el singular escenario de Epecuén se han filmado escenas de películas, entre ellas "El Viaje" del ex director de cine Pino Solanas, hoy devenido Diputado Nacional de Proyecto Sur. También estrenaron recientemente un Corto publicitario de la marca Red Bull que recomiendo si quieren ver en mayor profundidad como es que lucen hoy en día las Ruinas de Epecuén.

Apenas antes de quedarme sin luz solar apure el paso y la camioneta hacia lo que es el patrimonio edilicio mas valioso de Epecuén,  el Matadero Municipal, obra Art Decó del arquitecto Francisco Salamone, que estaba destinado a las nuevas industrias como el faenado de ganado a gran escala.
Ahí me di cuenta, cuando concidí con los mimos 20 de las calles de Epequén, que ellos estaban viajando todos juntos en un mini bus del municipio, y se estaban yendo. Esta vez tenía el Matadero para ver en completa soledad.
Por un triste boulevard de árboles muertos veo como el día llega a su fin. A lo lejos y por sobre las aguas de la laguna, parece como que las ruinas de Epecuén siguen emergiendo. El cielo siempre regala atardeceres furiosos.
Volví a la cercana y pequeña ciudad de Termas de Carhué en donde un voucher me fue entregado en la recepción del hotel para ir a la cena -show del primer hotel en donde no había conseguido lugar. Buena comida, los jóvenes de la tercera edad muy animados alborotando el ambiente. Muy divertido por cierto.

La propuesta de la ciudad con su plan termal y de spa (tienen los 1001 tratamientos) es muy buena. La hotelería es de 4 estrellas (3 en mi opinión), muchas veces de pensión completa.
Es una ciudad chica, prolija, y segura, y como se encuentra a "solo" 570 kilómetros desde la Capital Federal, bien puede visitarse en un fin de semana.