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lunes, 31 de julio de 2023

La Manzana Jesuítica en Córdoba

Cuando los Jesuitas llegaron a América del Sur, todo el territorio que hoy es Córdoba pertenecía a la Provincia Jesuítica del Paraguay. Cuando se establecieron aquí, lo que hoy es Córdoba pasó a ser el corazón de las tareas de evangelización de la Compañía de Jesús.
A su llegada en 1589 se establecieron en pequeños solares donados por el rústico cabildo de la ciudad, pero estos pronto le quedaron chicos a la Compañía, por lo que comienzan a erigir una serie de obras en lo que hoy se conoce como la Manzana Jesuítica, en el centro mismo de la ciudad capital de Córdoba, hoy la segunda urbe más poblada e importante de la República Argentina.
Propiamente en 1608 comienzan a toda máquina las obras, comenzando por el Colegio Máximo, concluido en 1610, y creado con el fin de formar nuevos sacerdotes de la Compañía de Jesús. Fue aquí dónde una madrugada de 1767, unos 80 soldados de la infantería española detienen a los Jesuitas para trasladarlos a Buenos Aires y desde allí expulsarlos para siempre de las américas por Real Cédula de Carlos III de España.
Con el Colegio Máximo funcionando a pleno ya como Rectorado de la Universidad de Córdoba, siguieron obras para hacer la universidad propiamente dicha (1622), la iglesia, la residencia de los padres, una capilla doméstica y un convictorio. 

Para lograr todos estos objetivos y el avance de la Compañía de Jesús, la orden tenía que poder sustentarse a sí misma. Para lograrlo, establecieron una serie de establecimientos agro ganaderos repartidos en el interior de la provincia y mancomunados en trabajar para el crecimiento y desarrollo de la Compañía de Jesús en sus australes territorios.
Paralelamente a las obras en lo que hoy es el centro de Córdoba, los Jesuitas adquieren en 1616 de los Sanavirones (nativos) sus primeras extensiones de tierra a 40 kilómetros de la ciudad. Se trata de Colonia Caroya (ver link). En este sitio han pasado varias personalidades patricias, como el ex presidente Nicolás Avellaneda. También funcionó como la primera fábrica de armas del país, pero ya retirados los Jesuitas de América.
La segunda porción de tierra fue la maravillosa Estancia Santa Catalina en 1622 (ver link). Con poco más de 167.000 hectáreas, esta fue la más grande de la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba. En Santa Catalina tenían una amplia gama de actividades económicas, con diversos talleres, telares, ganado ovino, fábrica de jabones, dos molinos hoy desaparecidos e importantes huertos con agua que se habían ocupado de traer desde Ongamira.
Mientras seguían consolidándose las obras en la actual Manzana Jesuita, la orden seguía adquiriendo tierras en la provincia y se hacen de la Estancia Alta Gracia (la más productiva de todas y posterior vivienda del Virrey Liniers tras la Revolución de Mayo), Estancia Jesús María (1618), Estancia La Candelaria (1683) y Estancia San Ignacio (1725).
Fue impresionante el crecimiento de de la Compañía de Jesús en su corto tiempo en América del Sur, y que mejor que comprender su obra desde la Manzana Jesuita, epicentro de una organización económica, religiosa y social que abarcaba enormes porciones de territorios de lo que hoy es Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

miércoles, 7 de octubre de 2020

La serrana Villa del Totoral

Villa del Totoral es una localidad colonial situada al norte de la provincia de Córdoba. Se encuentra apostada en el Valle de Cavisacate, a 784 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a poco más de 80 de Córdoba capital. Villa del Totoral fue morada y refugio de un ganador del Premio Nobel de Literatura y de otros grandes poetas y pintores del siglo XX, pero su historia comienza mucho antes, en los tiempos en el que era una posta en el Camino Real que unía Buenos Aires con el Alto Perú (actual Bolivia), y que llegaba hasta Lima, capital del Virreinato de Perú.

Esta apacible localidad serrana de unos 8.500 habitantes permanentes, como muchas otras del interior argentino, tiene estructura de damero, y sus edificios más importantes se encuentran alrededor de la plaza principal. Allí encontramos, por ejemplo, a su bella iglesia. Se trata de Nuestra Señora del Rosario erigida entre 1870 y 1872 gracias a una importante donación de un tal Narciso Navarro y a la dedicación de un albañil llamado Victorio Zedda, que le valió un poema del famoso Pablo Neruda.
Pablo Neruda, uno de los dos chilenos en ganar un Premio Nobel (la otra es Gabriela Mistral, también en Literatura) pasó una temporada en Villa del Totoral, en donde escribió uno de sus famosos poemas. Se trata de "Oda al albañil tranquilo" , el cual transcribo a continuación:
El albañil
dispuso
los ladrillos.

Mezcló la cal, trabajó
con arena.

Sin prisas, sin palabras,
hizo sus movimientos
alzando la escalera,
nivelando
el cemento.

Hombros redondos, cejas
sobre unos ojos
serios.

Pausado iba y venía
en su trabajo
y de su mano
la materia
crecía.

La cal cubrió los muros,
una columna
elevó su linaje,
los techos
impidieron la furia
del sol exasperado.

De un lado a otro iba
con
tranquilas manos
el albañil
moviendo
materiales.

Y al fin
de
la semana,
las columnas, el
arco,
hijos de 
cal, arena, 
sabiduría y manos,
inauguraron
la sencilla firmeza
y la frescura.

¡Ay, que lección
me dio con su trabajo
el albañil tranquilo!


Otro de los visitantes ilustres de Villa del Totoral, y también poeta, fue el andaluz Rafael Alberti, quien vivió aquí entre 1939 y 1942 mientras escapaba del Franquismo en España. Vivió en el mismo lugar en dónde Pablo Neruda, una estancia que perteneció al abogado Rodolfo Aráoz Alfaro, secretario general del Partido Comunista en América Latina.
Ya en 1576, Jerónimo Luis de Cabrera, (fundador de Córdoba, militar, explorador y conquistador) repartió las tierras del Valle de Cavisacate y en 1590 cede en merced las tierras dónde hoy se encuentra Villa del Totoral al Capitán López Correa, hombre de su estricta confianza. Le deja la misión de crear una posta en el Camino Real, el camino que unía Buenos Aires con Lima y más allá. Este camino tenía un sistema de postas para los viajeros, y la más cercana era la Colonia Caroya, aunque fundada recién en 1616 por la Compañía de Jesús en su paso por América.
En 1592, dos años más tarde de la venta, el Cuzqueño Pedro Luis de Cabrera, hijo del otro, tres veces alcalde de Córdoba, militar e hidalgo, vuelve a comprar las tierras y forma la Estancia San Esteban del Totoral, que ya es dividida por sus hijas cuando el muere.
Pasaron siglos hasta que en 1862 finalmente se funda Villa del Totoral  como Villa General Mitre, en honor a las exitosas campañas del general. No obstante como fecha de fundación figura el 6 de agosto de 1860, que fue el año en el que se promulgó una Ley de Expropiación dictada durante el gobierno provisorio de don Félix de la Peña. 
Hoy se multiplicaron los árboles a la vera del serpenteante río. También las casas sobre sus calles de tierra, pero sigue manteniendo su espíritu serrano incluso en los meses de temporada, en dónde triplica su población original. La gente llega hasta aquí buscando paz y un contacto con la naturaleza sin sacrificar algunas comodidades propias de la ciudad.
Entre las actividades principales que Villa del Totoral ofrece a los visitantes se encuentra el balneario "Cajón de Piedra" o "La Cascadita". Allí quedan algunos morteros en las piedras hechos por los Comechingones, los habitantes más antiguos que se conocen de la zona.
El Museo Octavio Pinto también merece un rato para conocer detalles de la vida del pintor.


sábado, 23 de mayo de 2020

Hotel El Eden

Uno de los hoteles más famosos de Córdoba, y en sus años dorados quizás de Sudamérica toda, es el Hotel Eden en la localidad de La Falda, a menos de 80 kilómetros de la capital provincial.
Tras su inauguración en enero de 1898 pasaron por sus puertas y salones destacadas figuras de la época. Un puñado de presidentes argentinos, Humberto II (último rey de Italia), el Príncipe de Gales, el Duque de Saboya, el poeta nicaragüense Rubén Darío, el músico italiano Arturo Toscanini, el físico alemán Albert Einstein o la familia de Ernesto Guevara que llevaban allí a su pequeño "Che" para tratarlo contra su problema de asma.

Al momento de mi visita el hotel estaba en pleno proceso de refacción y posterior puesta a valor en un esfuerzo conjunto entre privados y la municipalidad con el objeto de dar a conocer las historias y leyendas que esconde este mítico hotel argentino.
Cuándo el hotel abrió sus puertas aún restaban por construirse varias de las 100 habitaciones con las que llegó a contar El Eden. Los cuartos estaban distribuidos en dos plantas, contaba con amplios y muy ventilados salones, un gran comedor para 250 comensales al que era obligatorio asistir de esmoquin durante las noches serranas. Lo curioso es que en los primeros tiempos el hotel contaba solamente con 4 baños que eran compartidos por la crema de Europa y Argentina (con el correr de los años llegaron a ser 38 los baños, pero así y todo resultan insuficientes). Algo que llama la atención en un lugar que vendía sus servicios como SPA o sitio en dónde la gente venía a curarse de diferentes afecciones en estadías que rondaban entre 30 y 90 días. 
El hotel tenía una cancha de golf de 18 hoyos, cuidadas caballerías y un gran parque en dónde salir a andar a caballo. También había una pileta llena de agua de vertiente, canchas de tenis y media docena de actividades ofrecidas por algunos de los 250 empleados con los que contaba El Eden.

El hotel se auto abastecía completamente. No sólo contaba con animales propios y un huerto cuidado, si no que tenía su propia usina eléctrica capaz de dotar de luz y calefaccionar todos los ambientes del hotel. También contaba con su propia cámara frigorífica
El hotel tenía siempre sus habitaciones ocupadas y los grandes salones estaban abarrotados de gente cada noche. Pese a ello los créditos tomados eran imposibles de pagar y la sociedad original de disuelve en 1904. Maria Herbert de Kreautner, una de las socias del emprendimiento original, llega a un arreglo con Ernesto Tornquist, el banquero que había financiado el hotel y uno de los empresarios más ricos de Argentina. Para hacer más rentable el negocio comienza a apuntar a un público europeo que iba a pasar largas estancias en El Eden. Agranda la capacidad del lugar y el negocio cobra rentabilidad.

En 1912 Maria Herbert de Kreautner decide volver a Europa y pone la propiedad en venta. Poco tiempo después es adquirida por los hermanos alemanes Bruno y Walther Eichhorn, amigos personales de Adolfo Hitler, y financistas de los primeros años del Partido Nacional Socialista de Alemania.
Pese a que el hotel seguía funcionando "a todo trapo", los hermanos no consiguen pagar el crédito. Para financiarse deciden lotear parte de la vieja Estancia  Falda de la Higuera que contaba con 900 hectáreas a los pies del Cerro El Cuadrado. Estos loteos dieron origen a la ciudad de La Falda que hoy cuenta con casi 40.000 habitantes.
Siempre se sospechó de la amistad de los dueños del hotel con el Nacional Socialismo de Alemania. En 1945 cuando Argentina le declara la Guerra al Eje, el hotel fue incautado como botín de guerra y pasa a ser utilizado como prisión para los miembros de la diplomacia de Japón en Argentina. Incluso algunos marinos del acorazado Graf Spee hundido en el Río de la Plata.
Con la llegada de Juan Perón al poder, el hotel les fue devuelto en forma inmediata a los dueños, pero estos lo pusieron en venta inmediatamente, pese a que Perón siempre fue un gran simpatizante del régimen Nazi.

El Hotel El Eden queda sumido en el abandono y es comprado nuevamente pero nada sucede y es puesto a remate nuevamente antes de un último intento por reflotar algo de sus mejores años. Su última noche como hotel fue en 1965.

En 1995, cincuenta años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, el FBI desclasificó una serie de documentos que confirmaban las sospechas iniciales. Walther Eichhorn y su mujer Ida Bonfert habían conocido a Hitler en un bar de Berlin cuando éste apenas era un cabo, quedando impresionados con sus ideas. Habían puesto todos sus ahorros a disposición del Nacional Socialismo Alemán, partido que tiempo más tarde llegaría al poder con los resultados y acontecimientos que son conocidos por todos.
En los documentos del FBI hay al menos 3 cartas en dónde Hitler agradece en forma personal los aportes hechos por los Eichhorn, a quienes trata como amigos de siempre.
En la misma estancia vivió Josef  Schwammberger, un alto oficial de la Schutzstaffel (SS) que fue capturado y entregado a Alemania en 1.987. No son pocos los que juran que el mismo Adolfo pasó aquí un tiempo junto a su mujer Eva, pero lo que es seguro es que contaban con la complicidad y la amistad de sus ex dueños, quienes lo habían apoyado desde la creación del partido.
Como si el pasado del Hotel El Eden no estuviera lleno de historias de por si interesantes, desde hace décadas de viene denunciando la aparición de fantasmas en la propiedad. Los testigos son cientos lo que ha llevado a los expertos paranormales a investigar que es lo que sucede dentro de las paredes de este ex gran hotel. Cuentan que hay cambios bruscos de temperatura y que pasan cosas raras por los pasillos y recovecos. Según cuentan es una niña que llora y cuando se enoja corre por los pasillos golpeando las puertas. También aparece la figura de una señora elegante que podría haber sido la primera de las dueñas, pero no termina ahí. Un tercer fantasma vive en una de las oficinas. Se trata de un bebe que murió de hipotermia ante un descuido de sus padres.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Estancia Jesuítica Jesús María

La Estancia Jesús María era una de las cinco estancias que la Compañía de Jesús tenía en la provincial de Córdoba, que por aquellos tiempos era, nada más y nada menos que capital de la Provincia Jesuítica del Paraguay, un enorme y fértil pedazo de tierra que abarcaba parte de los territorios actuales de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay.
La Estancia Jesús María fue adquirida en 1618, apenas dos años más tarde que la Estancia Caroya distante a pocos kilómetros de distancia. Jesús María contaba en ese entonces con 20.000 vides, un molino y dos construcciones que hoy están desaparecidas. La función principal de la estancia era la producción de vino para sustento del Colegio Máximo en la capital. El vino alcanzó gran calidad. Para colaborar con la economía de la orden, en las 9.000 hectáreas de la estancia se hacía cría de Ganado, multiplicando las 250 vacas, 35 cerdos y 20 bueyes que recibieron con la compra de la tierra. Tambien hacían telares y huertas para consumo personal.

Con el paso del tiempo en Jesús María, los Jesuítas llegaron a tener 300 esclavos negros comprados en el puerto de Buenos Aires. También trabajaron en estos dominios cientos de aborígenes asalariados, en especial Sanavirones.
El edificio principal de la Estancia Jesús María, y que hoy funciona como un museo, cuenta con una colección permanente de arte sacro colonial de los siglos XVII y XVIII, y objetos etnográficos y arqueológicos divididos en 18 salas entre planta baja y primer piso.

El edificio data del siglo XVIII, o de los últimos días de la Compañía de Jesús antes de que en en 1767 fueran expulsados de todos los territorios de España y Portugal por el rey Carlos III. Así fue como acabó el sueño de una Gran Nación Jesuíta.
La Estancia Jesús María, junto a sus hermanas la Estancia Caroya, la Estancia Alta Gracia, La Candelaria, Estancia Santa Catalina y el conjunto de la Manzana Jesuítica en Córdoba capital (colegio Montserrat, Universidad y residencia de los padres) forman parte desde noviembre del año 2000 del Patrimonio UNESCO Cultural de la Humanidad. Todo un honor para Argentina y para la provincia de Córdoba, y un sello de calidad.

A este sitio en el norte de Córdoba, Monumento Histórico Nacional desde 1941 se le fue reconociendo su importancia histórica con el correr de los años. Hoy la Estancia Jesús María forma parte de la Ruta de las Estancias y también destaca como sitio de memoria de la Ruta del Esclavo desde 2014. Es fácil llegar. Sólo hay que seguir la RN9 y hacer un corto desvío hasta la huella del Viejo Camino al Alto Perú.

El patio cuadrangular sigue el modelo de las construcciones medievales. A sus lados se encontraban las bodegas que almacenaban más de 15.000 litros de vino.
La iglesia es simple y de estilo Barroco Americano. Es el segundo edificio principal de la Estancia Jesús María. Tiene forma de cruz latina y una bóveda central de forma abovedada.
La puerta es de algarrobo y la fachada no llegó a terminarse por la expulsion de los Jesuítas.
De buen tamaño y manufactura austera, la iglesia logra sorprender al visitante. Es obra del arquitecto Andrés Blanqui, un italiano de Lombardía también responsable de la Iglesia San Ignacio, la Iglesia San Francisco, la Iglesia del Pilar y la actual Recova de Recoleta en Buenos Aires, como así también de la Catedral de Córdoba o de la iglesia de la Estancia Santa Catalina. Verdad que la obra fue muy larga y hubo otros arquitectos que intervinieron en la obra.

Es un buen programa recorrer todas las estancias en dos o tres días. Como siempre ocurre con los sitios UNESCO los caminos son impecables, hay guías para quienes requieran del servicio o quieran profundizar más acerca de la histioria de  estos interesantes sitios.

domingo, 13 de octubre de 2019

La Iglesia de los Capuchinos en Córdoba

La provincia de Córdoba tiene algunas de las iglesias más viejas e importantes del país, y algunas que simplemente son bellas. Tal es el caso de la "Iglesia de los Capuchinos", ubicada al sur de la ciudad en Nueva Córdoba, uno de los barrios más dinámicos y cotizados de la capital provincial y segunda ciudad más poblada de Argentina.
La Iglesia del Sagrado Corazón (tal es el nombre formal de la Iglesia de los Capuchinos) se encuentra entre los templos más queridos de Córdoba Capital, no en vano fue elegida por la gente como la Primera Maravilla Artificial de la Ciudad, una iniciativa del matutino local  "La Voz  del Interior".

La iglesia tiene dos torres. Hay una primera incompleta o trunca de 53 metros de alto que representa nuestra finitud, o la materia que muere. Se trata de la torre Oeste a la cuál se puede subir por una escalera caracol. La otra llega a los 70 metros de Altura y simboliza el camino del alma hacia el cielo.
En 1926 la Orden Franciscana comenzó con la construcción de la Iglesia del Sagrado Corazon, y aunque fue inaugurada en 1934, los trabajos no terminaron si no hasta 1980, pero eso es un detalle.
El responsable de la construcción fue el arquitecto italiano Augusto César Ferrari quien utilizó el estilo Neogótico y Románico aprendido en sus años de estudiante en Roma y Genova para esta obra, otras en la ciudad de Unquillo y Río Cuarto y alguna otra en la vecina ciudad de Villa Allende, dónde fue residente durante varios años.

Las bóvedas del techo alcanzan una altura condiderable y tienen la particularidad de estar hechas por diferentes artistas. Además representan el cielo de la provincial de Córdoba en cada bóveda, bóvedas cargadas de estrellas dorados.
A los laterales se narra en cuadros la vida de San Francisco de Asís.
Antes de entrar la iglesia sita en Obispo Oro y la esquina con la calle Buenos Aires ya  puede apreciarse desde lejos, y es armonioso el contraste que tiene con algunos edificios muy modernos de los alrededores, por ejemplo el Paseo del Buen Pastor, un centro que se encuentra al frente, u otros edificios vidriados o de corte moderno.
Al llegar a la Puerta se aprecian una veintena de columnas chicas talladas por el incansable Augusto César Ferrari. Representan a muchas de las culturas que existieron antes de la llegada de Jesús
Para los locales es otra iglesia de la cúal sentirse orgullosos, y para los turistas un paseo bonito para sumar a la larga lista de atractivos que tiene la capital provincial.

lunes, 21 de marzo de 2016

La última casa del Virrey Liniers

En pleno centro de lo que hoy es la ciudad de Alta Gracia, en la Córdoba argentina, se encuentra una de las Estancias Jesuitas que sostenían la economía de la Compañía de Jesús en épocas en la existía la Provincia Jesuítica del Paraguay, un enorme "paraíso" que comprendía parte de lo que hoy son los territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. De esa enorme provincia, Córdoba era su capital, y uno de sus núcleos productivos mas importantes era la Estancia Alta Gracia, distante a sólo 36 kilómetros de distancia.
Ya había escrito tiempo atrás sobre mi visita a la Estancia Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers pero para no hacer tan extensa la entrada, había obviado la parte del museo que corresponde a la casa en donde, por ejemplo, pasó los últimos 5 meses de su vida Santiago de Liniers, penúltimo Virrey del Río de la Plata (1807-1809), y que forma parte desde 2.000 de los sitios Patrimonio de la Humanidad (UNESCO) de la República Argentina.
El Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers tiene sus puertas abiertas al público desde 1972, aunque fue oficialmente inaugurado en 1977.
El museo funciona en lo que era el casco de la Estancia Alta Gracia, expropiada por el estado en 1968. 

Caminar por la propiedad es una oportunidad para entender la magnitud de la obra de los Jesuitas en su paso por América del Sur. Ya había visitado otras estancias y ruinas de la orden en el cono sur (en este blog hay varias entradas sobre esos lugares), pero la de Alta Gracia tiene un gran valor arquitectónico y tiene la particularidad de estar en pleno casco urbano y contar con un museo.
En el interior de la parte del edificio destinada al museo funcionan 17 salas que a través de objetos de época importados de Europa evocan el modo de vida de los habitantes de las Sierras de Córdoba durante los siglos XVII, XVIII y XIX. La verdad que está muy bueno, en especial para quienes gustamos de este tipo de lugares.
Al margen del rico legado dejado por los Jesuitas en la Estancia Alta Gracia, es Santiago de Liniers quien como dueño temporal de la misma sigue enriqueciendo su historia.
Santiago de Liniers había nacido en Francia en el seno de una familia noble y católica. Desde los 12 años se desempeño como militar. En sus primeros años para Francia y mas tarde (desde los 21) para la Corona Española a la cual juró lealtad.

En su primer incursión en el Virreinato del Río de la Plata (1776-1814), Santiago de Liniers participa junto a 1.200 hombres de la toma de Colonia del Sacramento (Uruguay) en la que los españoles se enfrentaron una vez mas a los portugueses por el dominio de las nuevas tierras de estas latitudes, que ya tenían una importante posición estratégica para el comercio.
El 27 de junio de 1806 ocurre la Primera Invasión Inglesa, en donde miles de hombres al mando del Comodoro Home Popham toman la ciudad de Buenos Aires (por entonces de 44.000 habitantes) desde el Puerto de Ensenada.
La ocupación inglesa dura 45 días, pues Liniers se junta con Martín de Alzaga (por entonces Gobernador de Buenos Aires) y se convierte en héroe el 12 de agosto tras organizar a los combatientes que posibilitaron "La Reconquista" de la ciudad de Buenos Aires desde Montevideo.
La flota inglesa permaneció en aguas del Río de la Plata hasta que llegaron refuerzos desde el Reino Unido, y si bien unos 10.000 hombres tomaron la ciudad de Montevideo, estos fueron nuevamente expulsados de Buenos Aires en 1807 durante lo que se conoce como la Segunda Invasión Inglesa, marcando el origen de la búsqueda de la Independencia Argentina.
Ese mismo año se dio un hecho inédito hasta entonces en Argentina, cuando en un Cabildo Abierto se elige por primera vez a un representante, siendo elegido (y no impuesto por la Corona Española) como Virrey, a Santiago de Liniers.
Napoléon Bonaparte había tomado España, y tras encarcelar al Rey Fernando VII, pone en su lugar a su hermano José Bonaparte, despertando dudas acerca de la fidelidad de Santiago de Liniers, pues este había nacido en Francia, y servido gran parte de su vida a la Corona española.

El héroe de "La Reconquista" tuvo que exiliarse junto a su familia en esta estancia que antaño perteneciere a los Jesuitas, sin saber que apenas le quedaban unos meses de vida.

En Alta Gracia lo sorprendió la Revolución de Mayo, una serie de acontecimientos que dieron origen al Estado Argentino con la Primera Junta liderada por Cornelio Saavedra.
Santiago de Liniers decide enfrentar a las tropas patriotas liderando un contingente de hombres desde Córdoba, pero es tomado prisionero y mas tarde es fusilado apenas comenzado su camino hacia el Alto Perú, y aú en suelo de la provincia de Córdoba.
Los revisionistas de la historia consideran que Liniers no merecía ser fusilado.
En 1820 los herederos de Santiago de Liniers, penúltimo Virrey del Río de la Plata, venden la estancia a José Manuel Solares, último dueño de la propiedad. Años mas tarde es el quien organiza un loteo para mandar a subasta pública las tierras que rodeaban a la estancia, dando origen a la actual ciudad de Alta Gracia.

Otra de las salas del museo muestra como era un cuarto típico de las clases acomodadas de Córdoba durante el siglo XIX. Allí podemos ver una de las "Cama Caja", llamadas así pues ahí se velaban a los muertos de las familias, y un reclinatorio que da muestra de la fe de la gente de aquel entonces.
En el comedor de la Estancia Alta Gracia encontraron pintado en una de sus paredes (bajo 8 capas de pintura) un escudo Masónico del cual poco se sabe.

Casi todos los muebles son posteriores a la muerte del Virrey Liniers, aunque pertenecieron a sus familiares, como el reloj de péndulo de 1903 que cuelga de una de las paredes.
Al igual que en otras salas, los muebles también pertenecieron a la familia Lozada, últimos herederos de José Manuel Solares, el último dueño de Estancia Alta Gracia. El gran aparador de roble es de estilo alemán barroco del siglo XIX.

Dicen que en este mismo comedor se pudo haber firmado en 1830 el Pacto de Alta Gracia, en donde de la mano del entonces Gobernador de Córdoba, el General Paz, firmaron un acuerdo de mutua defensa con varias provincias vecinas, consolidando el futuro de Argentina como nación.
Hay otro sector del museo, ya en el camino a uno de sus patios, que está dedicado a enseñar las tareas realizadas en la Estancia Alta Gracia. En este caso un recorrido por la Herrería, en los mismos cuartos en donde los Jesuitas enseñaron a trabajar los metales a los indígenas con gran éxito.
En la foto se aprecia un gran fuelle de cuero desde donde se alimentaba el fuego.
En 1767 salían desde esta herrería campanas para iglesias. Nunca se habían hecho hasta entonces (en América del Sur) trabajos tan grandes en metal, que era escaso y todavía difícil de obtener.
Una vez expulsados los Jesuitas de América, la herrería pasó a ser primero una carpintería y mas tarde una cocina, justamente en los tiempos en los que el Virrey Santiago de Liniers habitó la estancia.

El museo recibe cerca de 140.000 visitantes anuales, por lo que la de Alta Gracia es la estancia mas visitada de todas las que hay en lo que denominan "El camino de las Estancias".

Otras estancias Jesuíticas de Córdoba:

Estancia Alta Gracia

Estancia Caroya

Estancia Santa Catalina




viernes, 10 de julio de 2015

Brochero, "el Cura Gaucho" y hacedor de milagros.

El padre José Gabriel del Rosario Brochero, mas conocido como "el Cura Gaucho", fue un luchador incansable y un hacedor de milagros.
Nació en 1840 en un pueblito de Córdoba en el seno de una familia grande y muy religiosa. Ya de joven sabía que iba a dedicar su vida a las tareas pastorales, por lo que se acercó a la ciudad de Córdoba para iniciar sus estudios de filosofía en la universidad, y desempeñar la vida sacerdotal. Siempre le gustó aliviar a los enfermos, especialmente durante la epidemia de cólera que afectó a Córdoba.
Padre José Gabriel del Rosario Brochero
Pocos años mas tarde se le asignó una enorme zona que contaba con una población de 10.000 habitantes (un gran número considerando la época). El principal problema era la pobreza en la que estas personas vivían y la falta total de caminos que mantenía a estas poblaciones aisladas por las sierras mas altas que tiene la provincia.
Con enorme esfuerzo fue juntando a la gente. Organizó varias caravanas con centenares de personas a Córdoba para realizar los Ejercicios Espirituales, viaje que suponía mas de tres días a lomo de mula.
Patio de la Casa de Ejercicios - Museo Brocheriano
Los nuevos fieles, en su mayoría prófugos de la justicia, iban dejando los malos hábitos y aceptaban una cultura de trabajo que por fin parecía tener sentido. Mucho del desarrollo económico y social de la zona de Traslasierra se lo debemos al Cura Brochero.

Para entender un poco mas la obra de uno de los curas mas queridos y populares de Argentina, me acerqué hasta esta pequeña ciudad emplazada entre las Sierras de Pocho y la Pampa de Achala en Córdoba. De este modo podría aprender un poco sobre la vida y obra del Beato Cura Brochero en el Museo Brocheriano. El museo es un monumento histórico y religioso mantenido por el Instituto de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús desde 1957. Se divide en 16 salas que pueden recorrerse en media hora. La intención del lugar es la de dar a conocer la vida y obra del fiel servidor, quien murió en esta misma casona.
Cama que ocupaba el cura Brochero en esta casa
Cuando Brochero llego a Villa del Tránsito (la ciudad que desde el segundo aniversario de su muerte lleva su nombre y de la cual es patrono), el padre recibió ayuda de todos los fieles para levantar la primer iglesia del lugar, como así también un colegio para niñas y la casa de los sacerdotes.
A todos convencía para que se le sumasen a su cruzada, y con ayuda de los pobladores se levantaron capillas y se hicieron caminos que conectaban por primera vez a las sierras circundantes.

En esta misma carreta se trasladaba el padre Brochero por los inexistentes caminos de las serranías cordobesas. Ha de haber sido una carreta muy resistente, pues el cura pasaba las mil horas en ella, llegando a donde la iglesia nunca antes.
Cocina en el Museo Brocheriano
Visitar el Museo Brocheriano y la iglesia que esta pared de por medio (ambas frente a la Plaza Centenario) me permitió empaparme de información, rodearme de objetos de época y evacuar todas mis dudas. En sus salas se recrea la vida del hombre de Traslasierra durante el siglo XIX.

La cocina que esta afuera en uno de los costados de la casa, puede preparar comida a varias docenas de personas al mismo tiempo, y aún se guardan todos los implementos utilizados en aquellos días.
Santuario del Cura Gaucho Brochero en la Iglesia Nuestra Señora del Tránsito
Entre el Museo Brocheriano y la Iglesia Nuestra Señora del Tránsito se encuentra este santuario vidriado que contiene los restos del Padre Brochero, "Venerable" (digno de estima y honor) según el Papa Juan Pablo II. Años mas tarde fue beatificado por el Papa Benedicto XVI, cuando validó uno de los milagros del "Cura Gaucho", quien había sanado a un niño que había sufrido un accidente automovilístico. Un milagro en el que los científicos de la época no encontraron explicación lógica.

El cura Brochero murió ciego y de Lepra en la ciudad que tomó su nombre. Nunca dejó de acompañar a los enfermos, los dolientes y los moribundos durante sus tareas de servicio pastoral.
Restos del acueducto Los Chiflones
A la salida de Villa Cura Brochero, y preguntando un poco a los vecinos (no me figuraba en el GPS) se llega al "Acueducto Los Chiflones", el primero que llevó agua hacia Villa del Transito, la antigua ciudad. Otra de las tantas obras del padre Brochero, hacedor de caminos, fundador de pueblos.