jueves, 3 de septiembre de 2026

Luneburgo, la ciudad de la sal

La historia y la fortuna de Luneburgo se resume a una sola palabra: sal. Durante la Edad Media la sal era esencial para conservar alimentos. Como miembro de la Liga Hanseática, Luneburgo fue una de las ciudades más ricas de la alianza gracias al comercio del "oro blanco".

Entrado el siglo XVII, otras fuentes de sal hicieron que el mercado local pierda relevancia, produciendo un estancamiento económico que se iba a instalar durante los dos siguientes siglos. Paradójicamente este estancamiento hizo posible que Luneburgo conserve una importante cantidad de edificios medievales con fachadas de ladrillos, tejados escalonados y sus calles de adoquinado irregular.
Ubicada a sólo 50 kilómetros al sur de Hamburgo,en Baja Sajonia, Luneburgo puede que sea uno de los destinos más encantadores del norte de Alemania para hacer una escapada de un día saliendo desde Hamburgo. En mi caso salí en auto alquilado con mi primo y su mujer, pero en menos de 30 minutos se puede llegar en uno de los trenes regionales.
Mientras que Hamburgo fue completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, Luneburgo corrió con mejor suerte y no sufrió la destrucción de su casco medieval,

Dejamos el auto en las afueras del casco antiguo y continuamos a pie. Enseguida uno nota que Luneburgo combina el encanto de una ciudad medieval típica de la Liga Hanseática, pero con el dinamismo propio de una ciudad con vida universitaria que suma unos 75.000 habitantes.
Pese a que la imponente fachada exterior es de estilo barroco, y fue añadida en 1720, el Ayuntamiento de Luneburgo, uno de lo más atractivos del norte de Alemania, oculta tras de sí una compleja red de edificios góticos y renacentistas que fue creciendo a lo largo de 500 años.
En este caso en particular, lo más destacado de este ayuntamiento se encuentra puertas adentro, dónde se puede apreciar una sala tallada en madera que está considerada como una obra maestra del Renacimiento.

La leyenda local cuenta que todo se lo deben a unos cazadores que mataron a un jabalí, y este tenía en su pelaje incrustaciones de sal, y que así se descubrió la presencia de las salinas que tanta prosperidad traerían a Luneburgo. 
Un hueso de ese jabalí aún se conserva en el Rathaus o ayuntamiento.

Luneburgo es una ciudad sumamente caminable. Recorrimos su casco antes y después de un riquísimo almuerzo en una taberna medieval dónde servían buenas carnes y podíamos refugiarnos del frío invernal por un rato.
Uno de los edificios que mas llamó mi atención fue el de la Alte Ratsapotheke, un destacado exponente de la arquitectura gótica de la ciudad con un exterior con un enorme tejado escalonado para dar sensación de altura al conjunto edilicio.
La puerta es de estilo renacentista y a cada lado de la puerta tiene las figuras de los dioses Apolo y Esculapio, asociados a la medicina y la curación.
Su historia está documentada desde 1475, cuando el consejo de la ciudad decidió establecer una farmacia para abastecer a la población. Lo notable es que esa misma farmacia sigue funcionando más de 500 años más tarde.

Aunque la sal era el motor económico, lo cierto es que funcionaban más de 80 cervecerías preparadas para abastecer a las tripulaciones de las rutas comerciales, y por supuesto a sus ciudadanos con su cerveza local, la Luneburger Pilsener. Como curiosidad, Luneburgo es la segunda ciudad europea con más bares por metro cuadrado y por residente, solo superado por Barcelona.
Desde los años setenta que la ciudad viene siendo minuciosamente restaurada con el fin de preservar y destacar su impronta medieval, y de alguna manera reinventarse (desde 1989 con la ayuda de la universidad) Es una fórmula que funciona y los resultados están a la vista.
En el antiguo puerto (Stintmarkt), a orillas del río Llmenau, aún se puede apreciar una antigua grúa de madera (Alte Kran) que se usaba para cargar sal en los barcos. 
Con la noche cayendo, y con ocasional llovizna, emprendimos un tranquilo regreso hacia Hamburgo.