miércoles, 26 de febrero de 2020

Ayasofya, la joya de Constantinopla

Santa Sofía es, y con justa razón, el edificio más emblemático y famoso de Estambul, y probablemente de todo Turquía.  Un hito de la arquitectura bizantina que sigue sorprendiendo a propios y extraños desde hace casi 1.500 años, aunque su historia es aún más vieja.
También conocida como Hagia Sophia,Santa Madre Sofía, Sancta Sophia o Ayasofya para los turcos, el fantástico edificio se encuentra separado de la Mezquita Azul por el milenario Parque del Sultán, una suerte de esplanada  de unos 400 metros de largo que dota de aún más importancia a estas dos emblemáticas construcciones de la ciudad.

Al ser el sitio más visitado de la ciudad suele haber mucha cola, así que lo mejor será contratar un servicio de guía, que además de ahorrar la espera, será de gran ayuda para comprender el significado de la gran cantidad de mosaicos que se encuentran en la segunda planta, desde dónde dicho sea de paso, se obtienen buenas vistas de la Mezquita Azul y otros puntos del barrio de Sultanhamet, el antiguo corazón de Constantinopla.
La primer iglesia de Santa Sofía fue inaugurada por el emperador Constantino el 15 de febrero de 360 para servir como catedral ortodoxa bizantina. Esta iglesia fue reconstruida y nuevamente inaugurada un 10 de octubre de 415. Se trataba de una basílica con techo de madera que fue casi totalmente destruida por el poder del fuego durante la Revuelta de Nika.. Algunos restos de esta construcción se encuentran dentro del actual edificio de Santa Sofía mandado a construir entre 532 y 537 por el emperador bizantino Justiniano I. En aquel tiempo Ayasofya era el mayor templo religioso del mundo, título que ostentó durante casi 1.000 años hasta la construcción de la Catedral de Sevilla.
En el período comprendido entre 1.204 y 1.260 funcionó como catedral católica y sede del Papa.
Una vez dentro de la iglesia la sensación es francamente sobrecogedora. Estamos dentro de una de las iglesias más grandes del mundo (unos 7.500 metros cuadrados). Las imágenes cristianas se mezclan con los ocho medallones de los primeros califas y a dónde se mire resulta increíble y quita a uno el aliento. Difícil no emocionarse ante magnífica obra del hombre.
La cúpula elevada a 56,6 metros de altura luce impresionante y la luz del interior no tiene igual. El matemático Antemio Tralles tuvo que hacer complejos cálculos para lograr los deseos del arquitecto Isidoro de Mileto que, con presupuesto ilimitado sólo buscaba cumplir con el sueño de Justiniano I.
La cúpula se encuentra apoyada sobre cuatro semi arcos en sus costados, y con esto consigue esa fantástica sensación de flotabilidad, probablemente el mayor logro de los constructores.
Tras la Conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano en 1.453, fue saqueada y profanada por los soldados del sultán que, durante tres días tenían permiso para robarlo todo. Muchos pensaron encontrar importantes tesoros aquí dentro.Tras ello Santa Sofía fue convertida en mezquita y funcionó hasta 1.931 cuándo pasó a la esfera civíl convirtiéndose en museo por orden de Mustafa Kemal Ataturk.
Como toda construcción antigua, Santa Sofía no está excenta de leyendas y misterios por lo que pueda llegar a existir bajo sus cimientos, tomando en cuenta que en las construcciones religiosas de la época era muy común enterrar reliquias o importantes personalidades bajo las iglesias. 
Los mosaicos cristianos, al igual que todas las imagenes fueron tapadas cuándo el edificio pasó a funcionar como mezquita, ya que para los musulmanes está prohibido el uso de imágenes. Los mosaicos estuvieron tapados bajo yeso hasta las grandes refacciones del siglo XX.