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jueves, 7 de abril de 2016

En los Médanos Grandes (día 2)

Teníamos un largo día por delante. No sabíamos cuan complicadas iban a resultar las arenas de los Médanos Grandes (o el Desierto de Encon), la mayor extensión de médanos de la Argentina. No teníamos del todo claro si íbamos a lograr llegar ese día a Vallecitos o Difunta Correa, la ciudad en la cual pretendíamos repostar combustible para continuar unos 200 kilómetros que aún nos separaban de San Agustín del Valle Fértil, en donde pensábamos pasar la noche, pero antes de todo debíamos salir de la zona de influencia de Estancia Guayaguas.

No tardamos mucho en desarmar campamento, y a lo poco de salir nos encontramos un cementerio con varias docenas de cruces. Bajamos un rato a curiosear y prestar respeto por los muertos, y nos sorprendimos con algunas costumbres funerarias que no suelen verse en otras áreas de Argentina.
Desde la Estancia Guayaguas deberíamos probar diferentes variantes hasta acercarnos a nuestro próximo destino, haciendo de "plato de entrada" el mismo camino que alguna vez recorriera en su paso por la provincia de San Juan el Rally Dakar, sólo como para ir entrando en calor en esta travesía que se iba a poner cada vez mas dificil con el correr de las horas y los días.
El día había amanecido gris, lo cual se agradece en estas latitudes que pueden ser muy calurosas (se han registrado temperaturas de mas de 50º). Mientras avanzamos nos fuimos despidiendo de la provincia de San Luis y de las Sierras de Guayaguas. Poco a poco aparecería la arena bajo nuestras ruedas (una vez transitando la provincia de San Juan) que cada vez mas pesada nos acompañaría durante el resto de la jornada mientras íbamos internándonos en los Médanos Grandes, formados durante la última Gran Glaciación, y que tienen mas de 250.000 hectáreas (mas de 2.000 kilómetros cuadrados). 
En las travesías siempre hay lugar para retrasos por lo que hay una regla implícita que dice que siempre que se pueda ganar tiempo hay que hacerlo. En la primer parte del recorrido avanzábamos tan rápido que no se me presentaba siquiera la oportunidad de sacar una fotografía. Recuerdo que esta de arriba fue la primera de la saga. No quería perderme por nada que fuera la vista que se obtiene desde lo alto de uno de los tantos médanos que hay entre los departamentos de Caucete y 25 de Mayo.
La verdad que le metimos muy buen ritmo y sin descuidar nuestros vehículos. Ni siquiera habíamos "soltado" (no hacía falta) un poco de aire de nuestros neumáticos en nuestro afán de mayor flotabilidad para un cruce mas sereno por la primera parte de las arenas del Desierto de Encon.
Aunque por momentos parecía un verdadero "laberinto de arena", no quedaban dudas de que íbamos a poder salir de allí de la mano de Eduardo Cinicola (Viajeros Mapas) y/o alguno de los 5 GPS que llevaban a bordo en la Toyota Hilux de Elsa.
Para mi gusto cruzamos este lugar  (que encontré de gran belleza ) un tanto rápido, por lo que me prometí una visita en solitario, alguna vez, a este enorme patio en donde no hay límites para jugar.
Con la temperatura en ascenso la arena se estaba poniendo cada vez mas pesada así que cada uno a su tiempo fue encontrando el momento y lugar para dejar las cubiertas con menos aire (unas 18 libras), como para encontrar mayor flotabilidad sobre este tipo de terreno.
Esta zona, situada a sólo 120 kilómetros de San Juan (la capital provincial) es muchas veces elegido como escenario para diversas competencias de renombre como el Rally Cross Country Argentino o el Campeonato Argentino de Navegación. Para complicar un poco las cosas decidimos hacerlo (en todo caso veníamos del otro lado) en sentido contrario, lo cual aumenta su dificultad.

Algunos de estos "Médanos Grandes" alcanzan los 300 metros de altura, y lo que parecía fácil no lo fue del todo. Para superar este escollo tuvimos que dividirnos en dos grupos y hacer varios intentos tanto por izquierda como por derecha.
Dos camionetas probaban cada una por una variable diferente. El resto observaba desde la distancia. Tobhias había logrado subir la Nissan Patrol "Zeteando" su camino hasta lo mas alto. Aunque no veíamos la camioneta el humo negro de su escape así lo confirmaba.

Cuando fue mi turno, tomé toda la distancia que pude y encaré hacia donde estaba mi compañero, y exactamente un metro antes de llegar mis dos ruedas delanteras quedaron completamente tapadas por la arena y ya no pude avanzar.
Mientras ato el cable de plasma a uno de los puntos de anclaje de la camioneta de Tobhias (tratando de no tragar humo), veo que Denis prueba por otra variable y queda a un golpe de eslinga de llegar, pero el suelo y el poco espacio disponible para la maniobra no lo hacen posible.
Tendría que bajar y buscar una tercer variable que encontró a algunos centenares de metros de distancia.
Finalmente las cuatro camionetas estaban en lo mas alto prontas a continuar el recorrido.
Veníamos avanzando mucho mas rápido de lo previsto por lo que pudimos darnos el lujo de parar a disfrutar de un almuerzo a la sombra de unos retamos en donde no faltaron esos grandes clásicos de la gastronomía que suelen acompañarnos siempre, como la Ensalada Jardinera con atún, las galletitas con paté y un chorizo colorado de Sunchales que estaba para chuparse los dedos.
Las últimas dos horas no pudimos establecer comunicación con Denis por algún problema en los cables de su radio, pero con un poco de imaginación se pudo recuperar contacto.
No fue fácil levantarse de las sillas. Aunque con gusto nos hubiésemos quedado un rato mas, era hora de continuar nuestro camino. Tras concluir el almuerzo cruzamos un jarillal (jarilla es un tipo de planta típico de la zona) que parecía una suerte de oasis en este desierto. De hecho en este tipo de lugares es en las hondadas  o "bolsones" donde se encuentra mas cantidad de vida.
El cielo se había disipado hace varias horas y el fuerte sol puso la arena blanda. Un condimento extra para enfrentar a la duna mas alta del día.
De a uno, "zeteando" entre la arena y arrastrando los costados de nuestros bólidos contra las espinosas plantas, intentamos superar la pendiente sin éxito. No había forma de no enterrarnos.

Paralelamente Tobhias iba recargando aire en sus cubiertas (tenía dos pinchadas) y yo esperaba a que se enfríe el aceite caliente de mi caja de cambios.
En el cuarto o quinto intento Elsa queda encajada sin posibilidad de retroceder.
Intentamos atar el malacate a alguno de los retamos, pero no tenían la fuerza necesaria para hacer de ancla para las casi 3 toneladas de la camioneta. Tampoco había chance (vaya si lo habremos probado) de poner una camioneta mas alto de lo que lo había logrado nuestra valiente compañera. Por lo menos no lo suficientemente cerca.
Era hora de un poco de trabajo en equipo, y con dos machetes (Panastas se lució) fuimos liberando el camino para que la camioneta de Elsa pudiese salir hacia atrás.

Siendo las 17 horas quedaba poco mas de una hora de luz, y aunque no teníamos dudas de que en poco tiempo íbamos a estar nuevamente rodando, aún nos quedaban varios kilómetros por delante.
Con la caída del sol comenzamos a recibir la visita de algunos alacranes (o escorpiones). Parado en la arena y con alpargatas en los pies de golpe me sentí indefenso.

Lo pasamos bárbaro y salimos ya sin "perder" tiempo hacia la civilización en busca de combustible.
Santuario de la Difunta Correa en Vallecitos, provincia de San Juan
En la Ruta Nacional 141 había mucho movimiento. Debe de haber sido un día de fin de semana. Las motos y los cuatriciclos iban de aquí para allá.Ya que estábamos en la localidad de Vallecitos hicimos una breve parada en el Santuario de la Difunta Correa, una figura mítica argentina venerada por multitudes. De hecho cada año mas de 1.000.000 de personas se acercan hasta el Santuario de la Difunta Correa aquí en Vallecitos, y son cientos los santuarios improvisados a los costados de las rutas facilmente reconocibles por la cantidad de botellas de agua que dejan los devotos a sus costados.

Cargamos aire a nuestras ruedas y llenamos los depósitos de combustible con Gasoil de una estación de Bandera Blanca. Manejamos ya de noche los 200 kilómetros que nos separaban de la localidad de San Agustín del Valle Fértil por una ruta ondulada.

Esa noche quería Wi-Fi así que como el hotel en donde pararía el resto no tenía, salí en busca de otro. En San Agustín del Valle Fértil hay un montón de posibilidades de alojamiento, pero ese día de temporada baja tenía a todos los lugares cerrados. Pasé por media docena sin éxito y cuando quise volver al hotel del grupo, no conseguí que nadie me abriera la puerta. De alguna manera me lo merecía.
Finalmente conseguí una pocilga con paredes húmedas y sin baño en donde pasé una noche con mucho frío vestido con toda la ropa que tenía.

El relato continúa aquí: Hacia la mina abandonada de Amaná

miércoles, 6 de abril de 2016

Sierras de Guayaguas (día 1)

Se había armado un lindo grupo. Teníamos pensado para esta travesía repasar algunas zonas remotas de las provincias de San Luis, San Juan y La Rioja, visitando alguna mina abandonada, sorteando extensos espinales, cruzando desiertos por donde lo había hecho el Rally Dakar, comprobando que hay quebradas imposibles y logrando demostrar que el Paso Lamar se podía cruzar en vehículos. Una semana en donde volvimos a darle rienda suelta a nuestra pasión por el 4x4.

Día 1:
Como para ir entrando en calor.

Un viernes de junio de 2015 llegamos desde distintos puntos del país. Pese a salir en diferentes horarios y desde distancias dispares, casi todos coincidimos en algún punto de la ruta con los otros, terminado los últimos kilómetros de la jornada en caravana.
Todo viaje comienza por un principio y este fue el de este. El destino que nos iba a encontrar esa primera noche era la pequeña localidad de El Volcán, cercana a la capital de la provincia de San Luis.

En las últimas semanas veníamos conectados por mail para ultimar los detalles finales de la travesia, tales como la comida necesaria para cada día de campamento, y algunos elementos de rescate de esos que pocos convencionales y que no te acompañan en cada salida, tales como la motosierra, grandes mazas, y barretas metálicas que nos permitirían abrirnos camino, como ya verán en los días sucesivos.

Comimos abundantemente en un restaurante excelente en El Volcán, y nos fuimos a unos cabañas que Panastas había conseguido, y que oh casualidad estaban literalmente pegadas al restaurante.

Pasadas las siete de esa fría mañana apuntamos hacia el norte para encontrarnos con Néstor Queralt y Nacho Barco, dos expertos moteros con quienes compartiríamos esta primer parte del recorrido hasta la Estancia Guayaguas (hoy abandonada) por tracks que ellos conocían.
Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas
Este primer día sería uno de enlace que nos permitiera acercarnos a nuestros verdaderos objetivos. Aquellos donde otros habían fracasado y nos demandarían suerte y la mayor de las atenciones en el desafío que siempre supone circular por lugares remotos y que muy pocos han visto.

Cuando llegamos a la entrada del salar divisamos a unos pocos centenares de metros una construcción de gran tamaño sobre la cual no teníamos conocimiento. Se trata del recientemente inaugurado "Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas". Tuvimos que acercarnos hasta la puerta para darnos cuenta.

¿Es esto un golpe comando?

Imaginen la situación y la cara de los guardias cuando "en el medio de la nada" se aparecen cuatro camionetas y dos motos, con suficiente para espacio como para sacar a todos los (pocos) reos del lugar.
Ya veíamos que para los policías del penal este no era un día ordinario ya que con gran velocidad se movilizaron y pudimos ver que algunas camionetas del Servicio Penitenciario Nacional se acercaban a gran velocidad hacia la puerta de entrada hacia donde nos encontrábamos estos distraídos Viajeros.
Antes de meternos en problemas (apenas hubiéramos siquiera empezado nuestro derrotero) decidimos largarnos de ahí lo más rápido posible, y hacia el lado en donde era mas difícil seguirnos. Bah, en realidad íbamos hacia allí en todo caso….

Si la idea de una cárcel es que sus presos no se fugen (algo discutible en Argentina) creemos que el "Complejo Penitenciario Modelo Pampa de las Salinas" está muy bien ubicado, ya que en la parte trasera existe la Pampa de las Salinas  (un salar), por donde no es nada fácil circular, en especial durante algunas épocas del año en el que el suelo se torna especialmente traicionero.
Ese día teníamos que apuntar hacia algunos pequeños caseríos que se encuentran en los montes de la provincia de San Luis para acercarnos a nuestros verdaderos objetivos. Para llegar a esas picadas que cruzaban parte del monte espinoso que existe en este área debíamos primero rodear salar. El piso estaba demasiado blando como para acortar camino por su superficie. Lo habían probado las motos y la Nissan Patrol de Tobhias y supimos "al toque" que no íbamos a tener éxito yendo por lo blanco.

Tengo una fascinación por los salares y este no era una excepción, aunque sólo podía verlo hacia uno de mis lados. Disfruté mucho de esta parte del recorrido ya que el piso era de lo mas ameno.
Tras superar el salar nos internamos en lo ralo de estos montes espinosos, no sin antes toparnos con alguna que otra tranquera cerrada que nos obligaba a encontrar otra variante.
Los caminos son de tierra suelta muy fina, y viajando en caravana no es difícil perder visibilidad, ya que esta queda suspendida por un largo tiempo en el aire.
En algunas partes de estas picadas en particular hay que tener cuidado, pues profundos surcos erosionados por el agua pueden hacernos quedar colgados del chasis, tal como me paso a mí ante la primera desconcentración (o falta de visibilidad). Un golpe seco cuyo "volantazo" me dejó la muñeca dolorida por dos días enteros.

Ese día fuimos pasando por minúsculos poblados como lo son Barzola o el Paraje Árbol Solo que por el tipo de vegetación y del suelo me recordaban a El Impenetrable. Estas son sendas por la que nadie o muy pocos han pasado en los últimos 60 años, en donde la vegetación del bosque se cerró borrando los trazos por donde el hombre había andado.
Tras salirnos de la huella y buscar a campo traviesa la forma de acercarnos a nuestro primer objetivo nos empezamos a familiarizar con el chirriar de las ramas sobre las partes metálicas de nuestras camionetas. Un ruido que nos acompañaría casi sin descanso durante los próximos días.

Seguimos cruzando la Sierra de Guayaguas, en lo mas remoto de la provincia de San Luis, hasta dar con el lecho de un río (muy bonito por cierto) por el cual nos fuimos acercando por dos variantes y errando alguna que otra vez, hacia  Estancia Guayaguas, casi un punto imaginario en el mapa y el sitio en donde haríamos campamento esa segunda noche.
Casco de Estancia Guayaguas
El casco de la estancia domina desde lo alto el paisaje de Guayaguas. Está abandonado hace varias décadas y no son pocos sus faltantes, pero es una edificación sana y sin peligro de derrumbe. Tampoco hay tantos excrementos animales en su interior, por lo que sigue siendo una buena alternativa para los aventureros que pudiesen llegar hasta aquí. Sus paredes y habitaciones hicieron de refugio para algunas de las carpas de nuestros compañeros, y fue el lugar elegido para la comida de esa noche.
Antes de que caiga el sol nos despedimos de Néstor Queralt y de Nacho Barco (¡Que clara la tienen!)
quienes contaban con un atajo "solo apto para dos ruedas" para llegar con sus motos a juntarse nuevamente con su camioneta que había quedado estacionada sobre alguna ruta no muy lejana. Al final nos preocupamos pues la noche lo esperaba en esa geografía que sabe ser muy accidentada.

Al día siguiente debíamos encontrarnos en las Dunas de Encón, pero no supimos mas de ellos. Incluso al día siguiente hicimos uso del teléfono satelital que Andy (lo extrañamos en esta travesía) generosamente nos había prestado para dar con su paradero, pero tampoco tuvimos suerte. Por suerte los muchachos siguen vivitos y coleando. (Atrás habían dejado un rico queso y una longaniza. Se los cuidamos por 72 horas, pero con botellas de vino de por medio se nos hizo imposible no comérnoslos).
En una galería del casco de Estancia Guayaguas pusimos la mesa y nos acomodamos mientras se gestaba el primer plato "fatto in casa" de esta travesía. Comer bien estaba en la nueva lista de objetivos, en un claro intento de mejorar el deficit de alimentación de salidas anteriores. Amén de que siempre es un placer comer bien, en este tipo de viajes no es mala idea estar bien alimentados, pues nunca se sabe que es lo que depara el destino para los días siguientes.
En esta segunda noche le tocaba a Tobhias encargarse de todo lo referido al tema gastronómico. Nuestro amigo se lució con un regio pollo "al Wok" acompañado de un arroz condimentado con especias exóticas y picantes que el mismo recolecta en sus viajes alrededor del mundo (y que lleva siempre a todos lados) y hongos de esos que no pegan. Para compensar todo venía regado por una "Jarra Loca" de su autoría (con ingredientes desconocidos) a la que le siguieron varias botellas de vino y algún que otro destilado que por nombre pretendía ser ruso.

Había sido este un día de enlace pero que no nos privo de conocer algunos nuevos y variados paisajes de nuestra geografía remota, enorme y argentina. Siempre es un placer juntarse con amigos con los mismos vicios e intereses y que tienen tanto para enseñar, y mas a sabiendas que lo mejor de esta nueva travesía estaba por llegar en los días venideros. 
Bien entrada la noche, nos entregamos (cada uno a su ritmo) a los brazos de Morfeo.
Al fondo el casco de la Estancia Guayaguas y en mi primer plano mi carpa recién planchada
La verdad es que dormí bárbaro esa noche en las inmediaciones del casco de la Estancia Guayaguas. El secreto fue estar lo mas lejos posible de mis compañeros. Y quizás el vino.

El relato continúa pinchando este enlace: En los Médanos Grandes