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viernes, 22 de septiembre de 2023

La imperdible Villa d´Este

 Villa d´Este es un majestuoso complejo de jardines. Una verdadera obra maestra del paisajismo y uno de los mayores símbolos de la Italia Renacentista. No sólo eso, sino que es uno de los jardines renacentistas más bellos de todo Europa, no por nada es Patrimonio de la Humanidad UNESCO, galardón otorgado en 2001.

Villa  d´Este se encuentra en Tivoli, una localidad que se encuentra a unos 30 kilómetros al norte de Roma, y que desde hace más de medio milenio es elegida como villa veraniega por su ubicación en la montaña dónde el fresco es más frecuente y el verano se torna más soportable.

Fuente de Neptuno
Esta fantástica propiedad perteneció al segundo hijo de la famosa Lucrecia Borgia. Como segundo hijo su vida sería dedicada plenamente a la iglesia. Con solo 10 años Ippolito (1509-1572) fue declarado Arzobispo de Milán y a los 27 ya formaba parte del gabinete privado y más íntimo del rey Francisco I de Francia. Luego de diversas tareas diplomáticas y de coquetear en los circuitos de arte de toda Europa, el Papa Pablo III lo convirtió en el Cardenal d´Este, nombre por el que sería recordado.
La villla fue mandada a construir por Ippolito cuando ya era el  Cardenal d´Este. Si bien tenía ingresos muy significativos para la época y su posición, cumplir con los plazos para la compra de materiales y otros compromisos retrasó la obra unos 20 años. De alguna manera u otra, el Cardenal se las arreglaba para estar siempre en deuda, y más de una vez se vio en aprietos viéndose obligado a desprenderse de sendos bienes.
Para la construcción de Villa d´Este se derribaron varias casas existentes y se anularon calles. Muchos de los mármoles utilizados aquí provenían de las ruinas de Villa Adriana, la antigua residencia del Emperador de Roma.

El jardín fue diseñado en muchas parcelas de 30 metros cuadrados para plasmar esta obra maestra del Manierismo, que estuvo siempre a cargo del arquitecto Pirro Logorio y de su asistente Thomas Chiruchi, un genio de Bolonia.
Fuente del Búho
La villa aprovecha espectacularmente la ladera en dónde está emplazada. De todos modos como traer agua consistía un desafío a resolver, y que trajo una serie de obstáculos que requerían el uso de la imaginación. La solución la encontraron mirando hacia el pasado y no hacia el futuro, logrando traer agua desde el cercano río Aniene, uno de los afluentes del río Tiber. Para lograrlo hicieron un canal subterráneo que por gravedad, y solo gravedad, dota de agua a un sistema de 51 fuentes, 500 chorros de agua y 64 cascadas.
El Cardenal Ippolito seguía con la construcción de Villa d´Este y deambulando en cuanto circuito de arte hubiera en Italia o países vecinos, y todavía atendiendo cuestiones de índole social, sin embargo en ese feliz período de tiempo, el cardenal fue 5 veces candidato a ser Papa, no saliendo nunca favorecido.
En lo particular estaba un poco cansado del ruido de Roma, así que esta escapada a Tivoli vino muy bien para reencontrar un ambiente pacífico dónde se escucha al viento y el cantar de los pájaros. Es una ciudad de 55.000 habitantes que perfectamente se puede recorrer a pie además de la obligada visita a Villa d´Este. También se come muy bien en la Piazza Guiseppe Garibaldi.
Con la muerte de Ippolito en 1572 Villa d´Este fue heredada por uno de sus sobrinos quien nunca pudo o supo mantener esta propiedad. Así fue como esta obra maestra del paisajismo y la arquitectura del último aliento del Renacentismo y que estaba en su apogeo comenzó poco a poco a caer en declive, pasando por varias manos y cayendo en el olvido durante muchos años, dejando caer su fabuloso acervo, tanto en los jardines como en el Palacio d´Este, la residencia principal de esta propiedad emplazada sobre un terreno de 4 hectáreas.
Fuente del órgano
En ese ocaso de Villa d´Este casi todo el mobiliario y todo cuanto tuviera valor de la casa principal fue vendido a la aristocracia de Módena, y muchas de las estatuas del jardín, gran parte de ellas provenientes de la mismísima Villa Adriana del Emperador, fueron vendidas a coleccionistas a lo largo y ancho de Europa y más allá también.
Villa d´Este no pasaba sus mejores momentos, pero la historia iba a darle una nueva y justa  oportunidad.

En 1796 por esas cosas de la vida o más precisamente por las uniones entre miembros de las diferentes Casas Reales de Europa, es que Villa d´Este y su palazzo quedan bajo dominio de una de las más grandes e influyentes casas reales: Los Habsburgo, ex emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico y con presencia todavía en aquel entonces en las casas reales de media Europa, a saber los reinos de Croacia, Bohemia, Hungría, Galitzia y Lodomeria, Transilvania, Cerdeña, Parma, Módena e incluso México.
Los interiores de las distintas salas del Palacio de Villa d´Este nuevamente dejan expuesto la maestría de este último período del Renacimiento. La compleja decoración interior del palazzo estuvo a cargo de Livio Agresti, maestro del Manierismo y también conocido como Ricciatello o simplemente Ritius.
Diferentes escaleras nos van llevando a través de los diferentes salones de esta obra maestra de la arquitectura italiana. Entendidos o no en arte, paisajismo, historia, todos sabrán apreciar la belleza que el hombre logró plasmar en este lugar a través del ingenio y esfuerzo dedicado con el correr de los años.
Sin duda vale la pena hacerse una escapada a Tivoli, en especial para todos aquellos viajeros que pasen varios días, quizás mas de una semana, en la inigualable Citta Eterna, la tres veces milenaria ciudad de Roma, capital de Italia y tercer urbe más poblada de Europa.


lunes, 27 de febrero de 2023

El palacio más grande del mundo

El Palacio Real de Caserta (Reggia di Caserta) fue encargado por el rey Carlos VII cuando las dinastías de los Borbón y de las Dos Sicilias quedaron unificadas dando de esta manera origen al nuevo Reino de Nápoles.
El rey parecía contar con fondos infinitos para la edificación de este nuevo centro administrativo, por lo que se comunicó con Luigi Vanvitelli, un pintor e ingeniero italiano que era el arquitecto oficial del Papa Clemente XII.
Siguiendo las ordenes del rey, el arquitecto dio inicio a las obras del palacio en un sobrio estilo 
barroco racionalista que se convertiría en su obra maestra.

Las obras comenzaron el 7 de enero de 1752, día del cumpleaños del rey dueño de la alcancía. Tuvieron algunos idas y vueltas ya que como era de esperar, resultó siendo mucho más costoso que los planes originales. Sea como sea el rey Carlos VII nunca lo pudo ver concluido ya que con la muerte de su hermano Fernando VI en 1759 tuvo que trasladarse para asumir el trono en España.

 El Palacio de Caserta se encuentra en la ciudad homónima, un importante centro comercial, agrícola e industrial de la Región de Campania, situado a unos 40 kilómetros al norte de Nápoles. La ciudad cuenta con unos 76.000 habitantes, calles con muchos pozos y este notable palacio declarado (junto a los jardines y el complejo arquitectónico de San Leucio) como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, en 1997.

Este palacio que había nacido con la idea de competir con el Palacio de Versalles y/o con el Palacio Real de Madrid vaya que consiguió su objetivo, ubicándose en lo más alto del podio, con cinco enormes plantas, 34 espléndidas escaleras, 1026 chimeneas alimentadas desde una sala gigante en el sótano, más de dos millones de metros cúbicos, 47.000 metros cuadrados y 1.200 habitaciones en su interior, en el palacio más grande del mundo. Además con el paso de los años terminó siendo el palacio más copiado del mundo.
En 1773 muere Vanvitelli y las obras quedan detenidas durante cuatro años, hasta que Carlo Vanvitelli, hijo del extraordinario Luigi retoma las obras, siendo el creador además y artífice necesario del famoso acueducto. No obstante, a partir de 1780 el Palacio de Caserta fue utilizado como casa de fin de semana, o de verano por varios monarcas y cortejanos del Reino de las Dos Sicilias, hasta que pasó a manos de la Casa de Saboya, una familia noble del norte de Italia que durante un período muy breve llegó a ocupar en simultáneo los reinos de España y de Italia, antes de su caída y posterior incorporación a la nueva Italia Unificada en el año 1860.
El rey Vittorio Emanuele III (rey de Italia entre 1900 y 1946) lo donó al Estado Nacional en 1919, al término de la Primera Guerra Mundial. También alberga en su interior y desde hace 100 años a la Academia Aeronáutica.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue saqueado y ocupado por los Nazis.
El 14 de diciembre de 1943 se convirtió en el Cuartel General de los Aliados en la Península tras la Invasión Aliada de Italia, sufriendo el palacio grandes daños durante las contiendas.
Con el fin del más grande de los episodios bélicos se da comienzo a las obras de refacción y puesta en valor, trabajos que terminan en 1958.

A partir de entonces el Palacio de Caserta empieza a funcionar como museo, albergando también a diferentes escuelas de turismo y asociaciones municipales de Caserta. Da la sensación de estar vacío, o al menos desaprovechado, si bien es cierto que por su gran tamaño y el de sus jardines, el palacio ha quedado un tanto alejado del centro de la ciudad de Caserta.
En una distracción de los guardias seguí derecho por el gran pasillo de entrada, hasta que pude desviarme por la primera de las escaleras que no me llevó a ninguna parte digna de museo. Lo intenté por otra, y hasta subí por un ascensor deteniéndome en todos sus pisos sin encontrar lugar alguno por donde comenzar mi recorrido por las entrañas más interesantes del Palacio de Caserta. Apenas pude recorrer estas porciones hasta que fui descubierto e invitado a retirarme de los aposentos pues no tenía boleto alguno y el palacio estaba próximo a cerrar sus puertas y jardines.
Me quedé con ganas de recorrer sus jardines, considerados como uno de los más bellos de Europa. Estos jardines forman parte inexorable del palacio, son muy cuidados y se distribuyen a lo largo de |120 hectáreas, dónde por ejemplo hay jardines botánicos, fuentes y cascadas.




jueves, 22 de abril de 2021

Paseo por el Estrecho del Bósforo

El Estrecho del Bósforo es un codiciado estrecho que separa la parte europea de la parte asiática de Turquía, y para muchos oficia de límite natural entre los dos continentes. Es la única unión existente entre el Mar Negro y el Mar de Mármara. Separa dos continentes pero une a mucho más que dos mares, razón por la cuál es un punto estratégico para la navegación y el libre comercio.

Tras la derrota del Imperio Otomano en la Primer Guerra Mundial, el control del estrecho fue expropiado en 1918 y administrado hasta 1936 por una comisión integrada por Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón. Les fue devuelta la soberanía sobre el estrecho a los turcos ante la promesa de que pueda pasar por allí cada embarcación que se lo propusiese pese a las dificultades de navegación que presenta este estrecho de cambiantes mareas y curvas pronunciadas. 
Para los locales el Bósforo es mucho más que un canal, o un estrecho. Es un punto de recreación y de esparcimiento con un montón de bares y restaurantes a su vera. Un sitio dónde los enamorados ven el vuelo rasante de las gaviotas o el salto gracioso de los delfines, pero también un lugar que recuerda lo grandioso del pasado de una ciudad milenaria, imperial y poderosa como lo es Estambul

Un paseo por el Bósforo es una de las clásicas excursiones que se pueden realizar en Estambul, la ciudad más populosa de Turquía. No importa cuanto se haya recorrido de esta fantástica metrópoli, este paseo sólo puede completar y hacer más visible y obvia la grandeza de esta gran e histórica urbe. Existen servicios variados para recorrer esta porción del planeta, y salen desde el barrio de Eminönü  en el Cuerno de Oro, el corazón de la antigua Constantinopla, capital de imperios.
Elegimos el paseo más largo y a los minutos de navegación ya estábamos admirando desde el agua algunos de los puntos más destacados de la ciudad. 

En la foto superior apreciamos la Mezquita Nustretiye, construida por ordenes del sultán Mahmut II entre 1823 y 1826. Esta mezquita también conocida como "Mezquita de la victoria", tiene la particularidad de conservar un estilo Barroco que la diferencia de las demás. 
Esta singular mezquita es obra del arquitecto armenio Krikor Balyan, el primero de una dinastía que con el paso del tiempo dejaría obras y templos por todo Estambul.
Sigue el recorrido y los pasajeros admiramos a diestra y siniestra algunas de las más de 600 mansiones que se encuentran a la vera del Bósforo (la mitad de ellas protegidas por ser parte del patrimonio histórico de la ciudad de Estambul. Algunas de ellas cuestan decenas de millones de Dólares. 

Sobre la costa europea se hace visible el primer palacio de estilo Neobarroco de la ciudad, y el más grande de la antigua capital imperial. Se trata del Palacio de Dolmabahçe (Dolmabahçe Sarayi), construido entre 1842 y 1853 por encargo del sultán Abd-ul-mejid I, quien no reparó en gastos, dejando atrás el equivalente a 35 toneladas de oro.
El  espléndido Palacio de Dolmabahçe funcionó como residencia de los sultanes, y también  como centro administrativo del Imperio Otomano entre los años 1853 y 1922. 
Pasó aquí sus últimos años de vida Mustafa Kemal Ataturk, héroe, fundador y primer presidente de Turquía, quien solía utilizar el sitio para reuniones sociales.
Inspirado en la arquitectura morisca, el Palacio de Çırağan es otro de los edificios destacados que pueden divisarse desde este paseo lacustre por el Bósforo. Sus paredes exteriores son de diferentes tipos de mármoles y las del interior estaban recubiertas en bellas maderas antes de desaparecer por acción  del devastador incendio del 19 de enero de 1910, que se cobró enorme parte del patrimonio.
Como otros edificios imperiales de Estambul, este también fue construido por un arquitecto de la dinastía Balyan entre los años 1864 y 1871.

Muchos años pasaron hasta que en 1991 dejó de reinar el abandono y fue reconstruido. Hoy funciona administrado por la cadena Kempinski como uno de los mejores hoteles de lujo de la ciudad.
También sobre la orilla occidental  y junto a uno de los tres puentes que cruzan el Estrecho del Bósforo se encuentra la Mezquita de Mecidiye, o Mezquita de Ortakoy (Büyük Mecidiye Camii) .Erigida en sólo dos años por (vaya sorpresa) arquitectos armenios de la familia Banyan, por ordenes del sultán Abdulmecit en 1854. En su interior aún se conservan muestras de caligrafía del propio sultán.
El ahora mítico Estrecho del Bósforo tiene 30 kilómetros de largo y alcanza los 3.700 metros en su parte más ancha. La parte más angosta es dónde se encuentran los castillos, esos castillos que orquestaron la caída de Constantinopla y del Imperio Romano Todo.
Mehmed II mandó a construir la Fortaleza de Rumeli en 1451 con planes claros y aprendiendo de los errores de sus antepasados. Eligió el lugar más angosto del Bósforo para poder controlar el tráfico marítimo, y el estar enfrente de la Fortaleza de Anadoluhisari (lado asiático), hizo las cosas más fáciles.

Mehmed II Fatih no es un sultán cualquiera en esta saga. En 1453 tomó Constantinopla y dio la estocada para la caída final del Imperio Romano. Inmediatamente fue hacia los Balcanes a disputarle el poder a cualquier dinastía que osara enfrentarlo y se quedó allí por 10 años, tiempo en el que llegó hasta el corazón de Buda y a sitiar a la ciudad de Belgrado. Allí recibió una herida de flecha en uno de sus muslos e inició la retirada de la zona.
Más tarde logró agrandar los territorios de Anatolia, derrotando al Imperio de Trebisonda, y aniquilando a los últimos Bizantinos. Luego se hizo de Grecia, Bosnia, Serbia y Albania.

En 1509 el Castillo de Rumeli fue parcialmente destruido por un terremoto, pero no tardó en volver a oficiar como albergue para prisioneros de guerra. Estuvo abandonado hasta que fue convertido en un barrio residencial en el siglo XIX. Hoy funciona como uno de los tantos museos de la ciudad.
Este resulta un paseo indispensable en ocasión a cualquier visita a la mágica ciudad de Estambul, la única ciudad en el mundo apostada sobe dos continentes. 

martes, 25 de abril de 2017

El Palacio de la Bahía

Desde afuera no dice mucho y con sus muros color terracota el Palacio de la Bahía logra pasar un tanto desapercibido entre otras edificaciones de Marrakesh. El Palacio de la Bahía (قصر الباهية) se encuentra a una corta caminata de la gran plaza Yamaa el Fna, la de los encantadores de serpientes y el bullicio propio del epicentro mismo de la vida social y comercial de Marrakesh.


Con un poco de cambio (10 Dirham) se puede ingresar a uno de los palacios mas atractivos de esta vibrante ciudad. Quizás con la idea de refugiarse un poco del intenso ritmo de vida de Marrakesh o del implacable sol marroquí, ya que adentro es muy fresco, el Palacio de la Bahía (قصر الباهية)  se presenta como una buena parada. Hay varios patios y rincones en donde uno puede (además de trasladarse en el tiempo) encontrar un lugar en donde descansar. Lo mejor es hacerlo antes del medio día, en donde se empiezan a agolpar los visitantes, todos buscando sombra, claro.
El Palacio de la Bahía fue construido en dos etapas y sin planos a partir de finales del siglo XIX. Primero por el arquitecto El Mekki bajo ordenes de Bah Ahmed Ben Moussa, Grand Vizier o Jefe de Estado del Sultán Mulay El Hassan, y mas tarde del ambicioso Mulay Abd- Al Aziz (o Abdelaziz), quien quizo construir el palacio mas grande de todos los tiempos. Para ello fue adquiriendo todas las propiedades circundantes hasta llegar a los 8.000 metros cuadrados con los que cuenta el palacio. De forma irregular tiene 340 metros de longitud y 95 en su parte mas ancha.

Actualmente el Palacio de la Bahía es usado para recibir a comisiones de gobiernos extranjeros. En una de sus alas funcionan las oficinas del Ministerio de Cultura de Marruecos y sus patios son ustilizados en ciertas ocasiones para desfiles militares. Así y todo, y guardando cierta objetividad, uno no puede decir que el estado del inmueble sea óptimo, y eso que tampoco es tan viejo. Uno se queda con la sensación de que se le podría sacar mayor provecho a las 150 habitaciones del edificio, la mayor parte de ellas vacías. En antaño cada una de ellas cumplía una función diferente, razón por la cual el recorrido guiado de uan hora y media de duración puede ser una buena idea. Además no hay carteles como para obtener información de lo que estámos viendo.
Las habitaciones mas importantes del complejo del Palacio de la Bahía daban a un Patio de Honor de 50 x 30 metros, el mas grande de varios patios. Este tiene pisos de mármol y una fuente cuadrada en su centro. Las 12 habitaciones con salida a este patio en su momento eran utilizadas por las 24 concubinas de los sultanes. Hoy en día funciona una importante sala de recepción utilizada por el gobierno de Marruecos.
Lo mejor sin dudas es caminar mirando siempre hacia arriba, a modo de poder admirar el fino trabajo de los artesanos de arte islámico y marroquí, especialmente en los techos y cielorrasos.
El Palacio de la Bahía (o Palais Bahia) no te va a dejar con la mandíbula por el suelo, eso de seguro. De todos modos resulta uno de los imperdbles de la ciudad.


hay mas de 170 tumbas en los patios. Estas corresponden a los restos de los sirvientes y empleados mas leales de la Dinastía Saadie

domingo, 1 de enero de 2017

Sanssouci, el palacio que debía morir con Federico el Grande

Potsdam es una ciudad en el Estado de Brandenburgo que se encuentra a unos 20 o 25 kilómetros del centro de Berlin.
Aunque sus orígenes datan del siglo VII (cuando aún era un pueblo eslavo que llevaba Poztupimi por nombre) Potsdam no había tenido mayor relevancia histórica si no hasta 1660, cuando Federico Guillermo de Prusia puso un ojo en ella para hacer un coto de caza, deporte que el rey practicaba con gran destreza.
Aquella mañana de lluvias abandonamos nuestra cómoda suite en el piso 14 de un hotel de Berlin. En mis seis visitas anteriores a esta ciudad  nunca se me había dado la peculiaridad de dormir en un piso tan alto.
Tras cargar el GPS con nuestros datos de interés y retirar el vehículo alquilado de la playa de estacionamiento descubierta del edificio, apuntamos sin mas hacia Potsdam, para sentir mas de cerca aquellos lugares importantes en la vida de Federico "El Grande", como lo es Sanssouci.

En aquellos tiempos eran pocos los que disfrutaban de los extensos bosques y de la calidad de la caza en Potsdam. Con el paso del tiempo la ciudad creció y hoy son 150.000 personas que las que viven en un entorno que sigue estando compuesto por una mayoría (el 70%) de espacios verdes.
Algunas costumbres como la de la caza aún están permitidas en cotos habilitados varios siglos atrás.
Cuando llegamos a Potsdam había salido el sol por un rato así que aprovechamos para recorrer brevemente su sereno centro y algunos de los atractivos en los alrededores de los palacios, como son la interesante colonia rusa Alexandrowka, el Holändisches Viertel (una pequeña Holanda) y el Molino Histórico de Sanssouci, que alguna vez estuvo "entre ceja y ceja" de Federico "El Grande", y es que su padre, Federico I de Prusia le había dado permiso a un tal Johann Wilhem Gravenitz para erigir en ese sitio un molino, ocho años antes de la construcción del Palacio de Sanssouci.

En 1787, cuarenta años mas tarde de la conclusión del palacio y sus jardines,  Federico II "El Grande" arregló el deteriorado molino cerealero con fondos de la corte, pero luego amenazó a su dueño con quitárselo, molesto por el sonido que ocasionaba cuando giraban sus aspas.
Gravenitz mandó una carta a Berlin, y la justicia dictaminó que podía quedárselo.

Durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, el Molino Histórico de Sanssouci fue completamente destruido. Días mas tarde y no muy lejos de aquí, se llevaba a cabo una reunión entre los aliados Stalin, Churchill y Truman (entre otros). Tras la "Conferencia de Potsdam" se sellaron varios acuerdos como la devolución de todos los territorios anexionados por Alemania a partir de 1938, la separación de Austria como parte de Alemania, y los detalles para la rendición de Japón, entre otras decisiones que derivarían años mas tarde en la Guerra Fría, pero eso es otra historia que nada tiene que ver con Potsdam.

Para ese entonces el molino era todo un símbolo para la ciudad de Potsdam. Un símbolo que era un Monumento Nacional desde hace por lo menos 150 años y que recién pudo ser reconstruido entre 1983 y 1993, con Alemania ya unificada.
Cerca del molino histórico estacionamos el auto en un playón semi desierto a unas pocas cuadras del palacio. He de suponer que durante los meses de verano los espacios aquí son codiciados. Quizás lo mas práctico entonces sea venir en tren desde Berlin, y tomar un ómnibus desde la estación.
Había visitado el Palacio de Sanssouci una sola vez en algún momento de los años noventa, un día muy caluroso de verano en el que quede impactado por la belleza del lugar mientras mi padre, que además de prusiano era un tipo muy culto, me contaba historias y hazañas de Federico "El Grande". Recuerdo ese día como uno en el que nos la pasamos caminando.
En invierno la cosa es diferente, con sus cuidados jardines esta vez opacados por las bajas temperaturas. No importaba mucho si estaban cerradas (y en obras) las dependencias reales, pues un paseo por los jardines y bosques circundantes al Palacio de Sanssouci (que gozan el status de ser Patrimonio UNESCO de la Humanidad desde 1990) ya ameritan de por si una visita a este sitio. 
El Schloss Sanssouci fue mandado a construir por Federico "El Grande" como un lugar alejado del ajetreo propio de una ciudad grande como Berlin y de sus respondablidades, y es por eso que lleva el nombre de "Sans souci"  ("sin preocupaciones" en francés). Allí gustaba de caminar por los jardines mientras meditaba en soledad o en compañía de su amigo Voltaire a quien terminó expulsando de Alemania luego de hospedarlo durante casi dos años. 
Originalmente el palacio contaba solamente con 10 habitaciones en donde Federico y sus huéspedes vivían con cierta austeridad, y es que a Federico no le sentaba bien la idea de ser rey por derecho divino, así que siempre trató de comportarse como un eficiente administrador. De hecho se hizo llamar rey sólo después de conquistar todos aquellos territorios que habían pertenecido en algún momento a Prusia.
El mismo año que asume le arrebata Silesia a Austria, gran potencia del momento. Mas tarde se volverían a enfrentar en la Guerra de los Siete Años (Prusia y Gran Bretaña contra Austria, Rusia, Francia, Sajonia y Suecia). Fue muy duro para Prusia, que si bien no sumó nuevos territorios, pudo quedarse con Silesia, lo que le valió gran popularidad al rey.
Federico, quien había invertido cientos de horas en el diseño de Sanssouci quería que el palacio, su palacio, muriese con él, por eso siempre mostraba resistencia a la hora de hacer arreglos.
El palacio fue construido sobre una loma pero al ras del piso (o sea sin aprovechar las ventajas arquitectónicas) a petición del propio Federico, quien buscaba dimensiones mas humanas. 

Si bien funcionaba la corte, prefería no tratar asuntos de estado en Sanssouci, dejando espacio para su vida de escritor o de consumado flautista. Federico era amante de la literatura francesa y gozaba de la música de Johann Sebastian Bach, asiduo visitante de Sanssouci.

Como quien ve la suerte sellada en su destino, Federico "El Grande" muere sentado en un sillón de su Sanssouci un 17 de agosto de 1786.
Federico II "El Grande" fue uno de los monarcas mas queridos y respetados de la historia moderna. Fue un eficiente administrador y un genio militar, admirado por sus tácticas y estrategias en el campo de batalla a cargo del Ejército de Prusia, un reino pobre al que convirtió en la quinta potencia económica de Europa. Dos ejemplos bastan. El primero ocurre en 1762 con la muerte de la zarina Isabel I de Rusia. Tras seis años de guerra, apenas asume Pedro III al trono, decide sacar a Rusia de la contienda por ser éste un gran admirador de Federico.
El segundo hecho ocurre en 1807, cuando Napoleón Bonaparte vence a la Cuarta Coalición y pide permiso al gobernador de Potsdam  para visitar la tumba de Federico en Sanssouci. Una vez allí hace saber su admiración por el monarca prusiano y pronuncia: "Si Federico estuviera vivo, nosotros no estaríamos aquí" .
El palacio estuvo abandonado por casi 100 años antes de ser agrandado por Federico IV, sobrino nieto de Federico "El Grande", quien lo convirtió en lo que hoy conocemos, haciendo de este lugar el preferido de la dinastía Hohenzollern hasta los días previos a su caída en 1918.

Fue en estos tiempos cuando se contrató la mano experta del arquitecto Ludwig Ferdinand Hesse, se agrandan las dependencias agregando una parte para el uso de las mujeres, se agregan muchos templetes y pabellones diseminados por el parque y Sanssouci empezó a ser conocido por muchos como "El Versalles Alemán".
A unos pocos metros del Shloss Sanssouci se encuentra el Palacio de la Orangerie (Orangerie Schloss), bonito edificio de estilo Renacentista Italiano que fue plasmado a la realidad entre 1851 y 1864 a partir de bocetos originales de Federico Guillermo IV de Prusia.
En el límite norte de Sanssouci se encuentran los invernaderos o la "Neue Orangerie". Tienen 106 metros de largo, 16 de ancho y  fueron pensados originalmente para el cultivo de naranjas. Su sistema de calefacción era todo un adelanto para la época y sigue funcionando a la perfección.
En este sector de Sanssouci se replica la arquitectura del Renacimiento Italiano y el arte típico que se puede encontrar en grandes conjuntos arquitectónicos como en Villa Medici en Roma o en la Galleria degli Uffizi de Florencia.
Afuera del sector en donde estaban los apartamentos reales y de su personal hay Atlantes en una serie de figuras alegóricas a las diferentes estaciones del año, que muestran de alguna manera el proceso de las vides plantadas en los jardines de Sanssouci.
El Palacio de Sanssouci iba a ser mas grande, pero los acontecimientos de 1848 ("La Primavera de los Pueblos"), año de revoluciones como nunca antes había sucedido en Europa que ocurrieron desde Francia hasta Hungría, no dejando afuera a Prusia. Eso mantuvo ocupado durante algunos meses a Federico IV, conocido como "El Romántico al trono", quien de alguna manera había sido responsable y participado bien de cerca de la erección de varios edificios memorables en Berlin y Potsdam, así como la finalización tras largo siglos de construcción de la catedral de Colonia.
Al momento de mi visita a Sanssouci (febrero 2016), el palacio se encuentraba en plena remodelación, con todos los espacios cerrados y las clásicas torres cubiertas por andamios.
Firme y en el mismo lugar el monumento post mortem de un Federico II contemplativo, que fuera mandado a colocar por su mujer,  Isabel Cristina de Brunswick-Bevern, con quien Federico se había casado en 1733 y no volvió a compartir hogar desde su ascenso al trono.
Quizás lo mejor de una visita a Sanssouci sea poder caminar por sus jardines y los bosques de los alrededores con el debido tiempo, como para encontrar decenas de rincones pensados alguna vez para el goce o la meditación.
El 17 de agosto de 1991, cuando se cumplían 205 años de su muerte, Federico pudo al fin concretar su deseo de ser enterrado en los jardines de Sanssouci, su lugar en el mundo. Previamente había estado enterrado junto a su padre en la Iglesia de la Guarnición de Potsdam (Garnisonkirche), la cual fue destruida durante el último año de la guerra. Hitler había tomado la precausión de esconder el cuerpo de Federico II en una mina de sal al endurecerse la contienda.
No siguieron las indicaciones al pie de la letra, pero finalmente descansa al ras del suelo sin otro adorno u ornamento en su tumba mas que su nombre: Friedrich der Große.