jueves, 29 de enero de 2015

De campos minados, estaciones y cornisas (Día 4 parte 2)

Tras abandonar nuestra experiencia Dakar apuntamos hacia el límite entre las provincias de Salta y de Jujuy buscando el camino que va a Catúa, un pequeño pueblo con una población estable que ronda las 400 personas que desde hace poco subsiste de la minería. Desde allí proseguimos nuestro camino hacia el vedado Paso de Huaytiquina, que alguna vez comunico a Chile con Argentina antes de que los chilenos plantaran minas antipersonales por doquier y se convierta en un lugar de paso prohibido.
Casa de Zorro, una mina de Onix que había en el camino
En un camino que trepaba mas allá de Catúa visitamos una mina de Onix, y mas tarde nos desviamos del camino por otra huella ascendente y arenosa hasta una segunda mina en donde extraían Boro. En ninguna de las dos se veía reciente actividad.
Siempre sumando metros de altura y en dirección oeste nos topamos con el viejo y oxidado cartel de
"Bienvenidos a Chile" de las buenas y viejas épocas en las que este paso estaba exento de peligros.
Antes de arriesgar nuestros pellejos en lo que quizás sería el último día de nuestras vidas, detuvimos nuestros bólidos varios kilómetros mas adelante frente al cartel de advertencia que en un fuerte amarillo avisa de la existencia de minas y que nos persuadía a pegar la vuelta pisando sobre suelo seguro.
¿Nos persuadía de volver, dije? Este grupo no conoce la marcha atrás. Había que meterse y ver que había mas allá. Lo pensamos. Lo analizamos por exactamente 7 segundos y nos mandamos. Además Elsa se ofrecía como voluntaria para explotar primero.
Con una distancia prudencial entre los vehículos fuimos adentrando en lo prohibido. Por mi cabeza pasaba todo lo que había aprendido cuando visite lo de el soldado Aki Ra en Camboya.
La huella ya no se adivina entre los matorrales. Vamos escuchando a las tupidas plantas arañar nuestros chasis y los golpes de los objetos que saltan en los interiores de nuestras camionetas en lo irregular de un camino que hace rato dejo de ser. Supongo que alguna iba rezando un Rosario y otro cruzando los dedos para no volar en mil pedazos.
Mas de 500.000 minas antipersonales están sembradas en la Cordillera de los Andes, frontera natural entre Argentina y Chile, desde que el Conflicto del Beagle casi nos lleva a la guerra con el país vecino.

La historia en pocos renglones
En 1840, Chile comienza a utilizar la zona del Estrecho de Magallanes que se encontraba mas al sur de los límites fijados en su Constitución Nacional de 1822 y 1833. Esto provoca malestar en Buenos Aires y se da inicio a una serie de reclamos a ambos lados de la frontera que se extiende por varias décadas.

Isabel II, Reina de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y soberana de los Reinos de la Mancomunidad de Naciones parecía un buen arbitro que contentaba a ambos bandos, pero en 1977, quizás por alguna espina clavada falló en contra de Argentina.
Las islas Picton, Nueva y Lennox y todas sus islas adyacentes ahora pertenecerían a Chile quien además obtenía derechos marítimos en el Canal de Beagle.
Chile lo convirtió en ley, pero Argentina declaró nula la decisión arbitral.

Se movilizó el Batallón de Infantería de Marina para tomar las islas por la fuerza, con ayuda de la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea. Todas las fuerzas estaban preparadas para invadir Chile, si así fuese necesario. La noche del 21 de enero de 1978, apenas horas antes de la Operación Soberanía (tal era el nombre de la misión), la Junta Militar decide dar marcha atrás, aceptando el pedido de paz del Papa Juan Pablo II quien se ofreció como mediador del conflicto entre las dos naciones.
Argentina aceptó la mediación papal recibiendo al enviado del Vaticano, Cardenal Antonio Samoré.
El nuevo fallo volvió a ser adverso para Argentina, quien en 1984 tras un plebiscito popular en el que se decidió por el SI papal, se acepto finalmente la perdida territorial. Solo dos años antes se había perdido la Guerra de Malvinas.
Tras reingresar sanos y salvos a territorio argentino, y burlando los controles migratorios, siempre a campo traviesa y con paisajes que pocos han visto en estos últimos 40 años, pudimos encontrar la ruta por la que pasa el Paso de Sico, y tras tomar en sentido contrario a los puestos de gendarmería y carabineros, y bordear el Salar del Rincón llegamos a la Estación Laguna Seca, una de las tantas del Ramal C-14, la obra ferroviaria mas espectacular de todas las que se hicieron en Argentina, y que hoy, como la mayoría de este mítico trazado y del país, se encuentra abandonada.
20 kilómetros mas al sur y adelante pasamos por la Estación Salar de Pocitos, que a diferencia de la anterior presenta vida humana por un cruce de tres rutas y la intensa actividad minera que llena los depósitos de Pocitos con el Litio del Salar del Hombre Muerto y la plata del Nevado Quevar.

Nos esperaba siempre siguiendo rumbo sur y re orientándonos para el oeste, las formaciones rojizas de  Los Colorados, por el que aprovechamos las rectas y buena superficie del trazado para avanzar a velocidades inéditas con rumbo Tolar Grande.
Por curvas y contracurvas se van presentando uno de los paisajes mas lindos de la provincia de Salta. Al rato aparece ante nosotros el Desierto del Diablo, un paisaje sumamente vistoso y marciano.
Ya estábamos en la recta final a Tolar grande, en donde debíamos llegar a tiempo a la hostería municipal para no quedarnos sin lugar para dormir. Además nos esperaba el Tano Baldi, su hijo Gastón con su flamante moto, quienes nos iban a acompañar de travesía hasta Antofagasta de la Sierra, lugar de sus dominios. Allí conocimos a Sandra y a Omar una pareja de divertida, fanática de la Puna quienes (aún no lo sabíamos) también se sumarían al convoy en las etapas hacia la Puna de Catamarca.

Todavía quedaba una hora de luz. Ideal para subir a lo mas alto del Cordón Sagrado del Macón, venerado por los Incas, ascendiendo por los caracoles de este camino de gran belleza y una luz que lentamente comenzaba a desaparecer.
De izquierda a derecha los volcanes Pajonales y Pular (en Chile) y Aracar
En la cima del Cerro Macon, por sobre los 4.665 m.s.n.m. han colocado la estructura de lo que será el cuarto observatorio astronómico de la Argentina, un proyecto conjunto entre Argentina y Brasil en donde colocarán un telescopio de gran porte en uno de los cielos mas claros del mundo.
El fuerte viento obliga a buscar nuestros mejores abrigos y endurece nuestros músculos cansados. Desde arriba se consiguen las mejores vistas de Tolar Grande, desde donde se aprecia el Salar de Arizaro, el Salar de Pocitos y las figuras de los notables volcanes Socompa y Llullillaco, hacia donde nos dirigiríamos en las próximas jornadas.

Bajando los caracoles, medio rápido pues el tiempo apremiaba, me llevé un susto cuando vi que la camioneta de Elsa había sacado del camino las ruedas traseras de su camioneta, enfrentándolas al vacío, que por suerte esta vez, y en esa porción del camino, presentaba suaves laderas que no le costaron la vida. Segunda y a seguir descendiendo.
De izquierda a derecha los picos de los volcanes Socompa, Arizaro y Salin
Siempre queriendo sacarle un poco mas de jugo al día, nos acercamos a nuestro último objetivo del día (esta vez es cierto). Otra vieja estación abandonada, lejos de todo, en donde yace abandonado un viejo vagón tipo coche cama, y algunas construcciones de adobe. Un aljibe da el toque surrealista.
Había sido un día largo. La adrenalina había corrido por nuestras venas largo rato. Ya estábamos cansados y el frío comenzaba a apretar. Aún nos restaba correr hasta Tolar Grande para marcar nuestras seis camas en un cuarto que tiene dieciocho.
 Prontos y con las camas semi ocupadas por nuestras ropas, salimos a comer a la vuelta, al único bodegón de Tolar Grande, en donde saciamos nuestro apetito con el menú à la carte. Los vasos siempre llenos. El Tano no se le animo al vino del lugar, Andy fue por mas cerveza y volvió con una solo llena por la mitad. La alegría era grande, y largo el día de mañana.

(Viene de acá)