martes, 21 de julio de 2015

Estancia Narbona, la casa mas vieja del Uruguay

La Estancia Narbona resulta ser uno de los mas viejos establecimientos productivos de la República Oriental del Uruguay, y la edificación en pie mas antigua de todo el territorio. Por ello está protegida por el estado (aunque no se nota), ya que es Monumento Histórico Nacional.
Para mi última visita a la apacible ciudad uruguaya de Carmelo tenía tres pequeños objetivos.  El primero era identificar cual es mi Tannat (tipo de vino) preferido del país. El segundo volver 25 años mas tarde a La Calera de las Huérfanas, lugar que se encontraba visiblemente diferente a aquellos tiempos, y como tercero y último de los objetivos, conocer la Estancia Narbona, fundada en 1732 por el español de Aragón, Juan de Narbona, un contrabandista de cueros y traficante de esclavos que había llegado sin nada y ahora ponía los ojos en la Banda Oriental luego de haber donado los fondos para la construcción de la Iglesia del Pilar, en el elegante e histórico barrio de La Recoleta, en Buenos Aires.

En aquellos días este gran establecimiento estaba delimitado por el Arroyo Polanco, el Río Uruguay, el Arroyo de las Víboras y el Arroyo Sauce. Hoy son las hectáreas que circundan al casco.
El camino que va a la vieja Estancia Narbona es muy lindo. Primero va por asfalto en donde pasa por su famoso Puente Castells (1858) con sus cinco arcos, y que fuera el primer peaje del país, y por sobre las aguas del Arroyo Las Víboras, en donde estaba el puerto que llevaba la producción de la calera de la estancia hacia Buenos Aires o Montevideo.
Son solo 20 kilómetros o menos lo que separan la estancia de la ciudad de Carmelo, y la mitad desde el puerto de Nueva Palmira.
Desde antes de edificar el casco de la estancia, y de que Uruguay sea un país, funcionaba en este lugar una serie de caleras y un aserradero desde donde salieron los primeros materiales para construir muchos edificios, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en Montevideo y Colonia del Sacramento.
También una serie de montes que fueron talados para la venta de madera y alimentación de los hornos.
Nadie había notado mi presencia cuando llegué, y fue recién cuando estaba sacando fotografías que una señora jubilada, residente de toda la vida de la estancia, se apersonó para oficiarme de guía.

Bajo una pérgola de Tannat no apta para personas altas se accede por la que en antaño fuera la puerta principal al casco. La señora obsesiva no me dejaba pasar por el costado así que seguí su paso rengo mientras iba agachado hasta el fin de la pérgola, oyendo las primeras historias del establecimiento.

El edificio tiene forma de "L". A nuestra derecha, la capilla que capto mi inmediata atención. Hubiera querido empezar por ahí, pero la visitaremos al final del recorrido.
Una vez en el interior de lo que fuera el casco de la Estancia Narbona se siguen apreciando los colores originales que tenían los ambientes de la casa en la misma época en la que el afamado naturista inglés Charles Darwin durmiera aquí tras buscar restos paleontológicos en la zona.
María Julia Casanova, la señora que me guía por las entrañase e Narbona me cuenta que muchos de esos colores con los que pintaron las paredes están hechos con sangre de vaca o con pigmentos naturales. Esto es típico también en las viejas estancias al otro lado del Río de la Plata.
Por dentro se ve el grosor de las paredes del casco que variaban entre los 80 y los 100 centímetros de ancho.
En alguno de los muchos períodos productivos que supo tener Estancia Narbona, hubo, entre otras explotaciones, una fábrica de azulejos para pisos. El diseño es el mismo que tienen los pisos de la casa.
Otras versiones aseguran que fue el mismos estado quienes levantó estos azulejos buscando tesoros.
Desde el tercer piso de la torre se obtenían vistas de los alrededores. Este lugar de construcción del casco había sido elegido con propósitos defensivos. Hoy no se puede subir a la torre. Vale aclarar que la Estancia Narbona está asentada sobre el cerro mas alto de la zona.
La Capilla de la Estancia Narbona guarda en su altar una imagen de la Virgen de Candelaria, a la cual era devoto Juan de Narbona. Bajo sus pisos descansan entre otros, los restos de los dueños originales de la estancia.
A la derecha está la entrada de uno de los túneles que existen en la Estancia Narbona, y que continúan hasta el Arroyo de las Víboras, el Río de la Plata o Nueva Palmira. Además de servir como vía de escape ante el ataque de algún malón de los indios, también servían para esconder a los esclavos con los que Juan de Narbona traficaba en la época.
Estos túneles hoy están cerrados a los visitantes por temor a que se derrumben. Sería una buena idea que el gobierno de Uruguay habilite aunque sea un tramo de ellos, ya que se trata de uno de sus patrimonios históricos mas importantes y bien le vendría a la industria turística de las ciudades de Carmelo, Nueva Palmira y Colonia del Sacramento.
Vale la pena pasar unos días en la cada vez mas preparada ciudad de Carmelo. Durante ese tiempo es una buena idea visitar Estancia Narbona y sus antiguos alrededores.