domingo, 8 de marzo de 2026

Las cuevas de Pac Ou

 La mágica ciudad de Luang Prabang había amanecido bajo un espeso manto de niebla. Cuando hubo despejado nos acercamos al mítico río Mekong para hacer una navegación de dos horas hasta las Cuevas de Pac Ou, un santuario de Buda muy popular en Laos situado a unos 25 kilómetros al norte de la Capital espiritual del país.

En un barco con capacidad para 20 pasajeros, partimos solo cinco, incluyendo al simpático capitán y su amable mujer de breves apariciones. La navegación hasta las cuevas se hace en contra de la corriente del río Mekong (el octavo río más largo del mundo), por lo cuál el viaje de ida hasta las cuevas demanda unas dos horas. 
Durante el trayecto se puede apreciar un poco de la vida rural de Laos, con escenas que incluyen  pescadores trabajando con redes, olor a combustible mal quemado, mujeres lavando ropas a la vera del río, y verdes acantilados sobre montañas de roca kárstica.

Era mi segunda visita a Laos y en la primera oportunidad, diez años atrás, recuerdo que había evitado visitar este sitio, pero estaba viajando en solitario y la dinámica del viaje era otra. En esta ocasión viajaba junto a mi madre y hermana, y al fin y al cabo por qué no darle una oportunidad a estas famosas cuevas.
Las Cuevas de Pac Ou se encuentran incrustadas sobre la roca en un escarpado acantilado en el margen izquierdo del mítico río Mekong, justo cuando este se cruza con el río Nam Ou.
Comprobaremos al llegar que las cuevas se dividen en dos niveles.

Al llegar descendimos en un pequeño muelle y visitamos Tham Ting (o sea la cueva inferior). Por momentos siento que el santuario puede ser interesante. Pronto cambiaría de opinión.
Allí coincidimos con decenas de turistas que ralentizaban la experiencia. En especial a la hora de subir las escaleras.
Esta primer cueva está iluminada naturalmente y es muy accesible.

Una vez dentro encontraremos literalmente miles de figuras de Buda de todo tamaño y color, y en ello radica lo que sería el atractivo del sitio.
Por una escalera más pequeña y angosta se accede a Tam Theung, la cueva superior, que a diferencia de la primera es muy oscura y requiere del uso de linternas, lo cual crea cierto misticismo.

Lo cierto es que no vale la pena conocer el sitio en si. Lo que hace que este sea un programa agradable es la navegación por las aguas del río Mekong, y las bucólicas vistas que regalan sus márgenes.
La vuelta, ayudada por la corriente a favor es mucho más rápida que la ida, por lo que pronto nos espera Luang Prabang, quizás la ciudad más bonita del Sudeste Asiático.