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lunes, 30 de enero de 2023

Lucca, centro histórico

Lucca era nuestra segunda parada en este viaje por la Región de Toscana, una de las 20 regiones en las que está dividida Italia. Se encuentra en el centro norte del país, no muy lejos de las aguas del Mar Tirreno, apostada en una llanura de buen tamaño. 

Lucca es capital de la provincia homónima y una de las ciudades más significativas a la hora de recorrer este área tan especial de Italia, famosa soñada y visitada (además de por sus vinos) por el acervo histórico, artístico y cultural que posee, ya que consta de una rica y larga historia ligada a muchas de las obras de arte más famosas y renombradas de los tiempos. También está la ciudad dotada de una atractiva arquitectura en cada una de sus esquinas, que videncia el paso de las diferentes civilizaciones que por aquí pasaron.

Siempre escuché y repito que la Región de Toscana tiene la magia en sus pequeños pueblos, pero por supuesto que uno no puede olvidar conocer y mencionar ciudades de la talla de Florencia, Pisa, Siena, de las cuáles escribiré en otro momento

Había estado lloviendo esa misma mañana en Lucca, así que salimos con ropa impermeable a perdernos por las calles de esta ciudad. Por supuesto a los pocos minutos salió el sol y no tardó en levantar la humedad del suelo en un lugar ya de por sí está casi a la altura del nivel del mar, así pronto nos sobraba la ropa.

Habíamos puesto el máximo posible y dejado el auto estacionado fuera de la muralla e ingresamos a la parte vieja de la ciudad de Lucca por una de las cuatro puertas de acceso de ese sector,y que unas cuadras más tarde desemboca en la Plaza del Anfiteatro, una de las fotos más conocidas o icónicas de la ciudad de Lucca.

En 1830 la plaza fue intervenida por el arquitecto Lorenzo Nottorini quien quitando unas cuantas edificicaciones y construyendo algunas, logró darle más importancia a la forma oval con la que hoy cuenta este espacio público de recreación desde hace varios siglos atrás. 
Por su peculiar forma elíptica, la Piazza dell´Ánfiteatro tiene cierto atractivo. Tiene esta silueta ya que en el siglo II d.C. estaba apostado aquí un antiguo anfiteatro romano (de ahí su nombre), y que hoy se encuentra sepultado unos tres metros bajo tierra. 
La plaza es fotogénica y tiene varios negocios a la redonda, y algunas manifestaciones artísticas que nunca faltan en esta plaza de la ciudad, pero debo confesar que siendo la primera de las plazas de Lucca, me quedé con un poco de sabor a poco. Por suerte, con el correr de las cuadras esa imagen primera de la ciudad de Lucca iba a ir cambiando.
Lucca fue fundada por gente de la Civilización Etrusca muchos años atrás, y su núcleo territorial se hallaba justamente en la Región de Toscana. 
Esta civilización se desarrolló entre el 900 a.C. y el 27 a. C. y tuvo cierta y significativa expansión territorial hasta el momento en el que esta civilización se fusionó con los Romanos. Más precisamente en los tiempos en el que estaba naciendo el Imperio Romano
Aparentemente su nombre es de origen Celta. Proviene de la palabra Luck y significa algo así como "Lugar de Paludismo", una clara invitación a visitar estos llanos.
Estamos hablando lisa y llanamente de la Edad de Hierro, y Lucca ya era una ciudad que destacaba entre las otras de Europa. 
Como muestra de ello se puede destacar que en el 56 a. C. se reunieron aquí en un importante cónclave Julio César, Craso, y Pompilio el Grande.
Lucca siguió creciendo y volvió a tomar cierta notoriedad durante los siglos X y XI cuando la ciudad se destacaba y competía en la manufactura de seda con regiones como Bizancio. 
Durante los siglos siguientes la Ciudad de Lucca logra mayor independencia y autonomía pero sin nunca dejar de contribuir con el ahora Sacro Imperio Romano Germánico, en especial con las casas de Bavaria.
Con sus territorios como parte indiscutible de la Europa Feudal, la Ciudad de Lucca comienza a lograr en estos tiempos cierta independencia a partir del año 1.160. Desde entonces siguieron sin mayores complicaciones cinco siglos de próspero crecimiento, y tiempos de relativa paz ya como la República de Lucca.
La ciudad de Lucca es famosa por ser una ciudad amurallada, pero bien cabe aclarar que las mismas poco sirvieron con fines defensivos, aunque se mantienen en muy buen estado de conservación y dotan a la ciudad  de ese aura renacentista.
Napoleón ya lo sabía. Digo de la inutilidad de estas murallas, por eso no le fue difícil hacerse de la ciudad en 1805, cuando sus fuerzas tomaron Lucca.

Napoléon, ya emperador en aquellos tiempos, nombra a su hermana Elisa Baciocchi como "Princesa de Lucca y Piombino"
Hoy la ciudad de Lucca cuenta con un importante centro histórico y una población extra muros que alcanza los 100.000 habitantes siendo un muy importante centro económico, social y artístico para la región toda. En las áreas suburbanas (si así pueden llamarse) la población roza las 400.000 personas.
La actividad comercial es muy intensa y no hay pedazo de tierra sin cultivar.
Perderse en las callejuelas de esta ciudad es todo lo que trata el asunto. Se puede recorrer a diferentes ritmos acordes a lo que busca el visitante en cuestión, ya que son varias las caras que muestra Lucca, destacando en sus tiendas finas, su cuidada gastronomía y el acervo histórico y cultural que siempre la caracterizó.
Sin duda la ciudad de Lucca no puede dejar de visitarse en un viaje por la Región de Toscana, e incluso resulta un gran lugar para hacer base por la oferta que presenta frente a tantos otros rivales de las poblaciones chicas cercanas.
En un próximo artículo escribiré sobre las muchas iglesias que hay en la ciudad de Lucca. Son muchas menos pero varias las plazas en la ciudad, y ésta, la Plaza San Martín (Piazza San Martino), es la segunda más importante en Lucca. Allí está emplazada la Catedral de San Martín, o aquí conocido como Duomo di San Martino. Este edificio es original de 1063, tiempos en lo que fue mandado a construir por el Papa Alejandro II (Anselmo da Baggio), el Papa número 156.
La construcción de la iglesia llevó varios siglos hasta que las obras finalizaron en 1637, y esa es la fachada que tiene la catedral hoy en día.

Sea como sea y aunque este post no haga justicia a la calidad turística de esta ciudad, Lucca bien vale la pena añadirla a cualquier itinerario por la Región de la Toscana, o en cualquier viaje por Italia.



viernes, 18 de noviembre de 2022

Castelnuovo di Garfagnana

 El sonido de las ruedas sobre el pavimento mojado nos acompañaba en ese camino de curvas y contracurvas que nos fue llevando hasta Castelnuovo di Garfagnana una pequeña comuna de 6.000 habitantes. La misma se encuentra ubicada en la confluencia de los ríos Serchio y el Turrite Secca en pleno Monte Alpenino, y a poco más de 40 kilómetros de la Ciudad de Lucca, la capital provincial.

Castelnuovo di Garfagnana está un poco fuera del radar de quienes recorren la Región Toscana en Italia. Es un pueblo que a diferencia de muchos de sus vecinos, no vive del turismo, sino de las industrias químicas y textiles, y de la producción de cereales. No obstante, Castelnuovo di Garfagnana también tiene algo para mostrar.

El primer registro histórico de esta localidad data del siglo VIII cuando en textos de la época aparece como Castro Novo (fortaleza nueva). A partir del 1300 el lugar comenzó a experimentar un crecimiento como centro urbano, ya que como mencionaba en la introducción, Castelnuovo di Garfagnana se encuentra en la intersección de los ríos Serchio y Turrite Secca, que en aquella época eran importantes rutas que simplificaban el comercio. Vale aclarar que estos años de prosperidad se dieron bajo la jurisdicción y administración de la Ciudad de Lucca.
Apenas comenzado el 1400 los habitantes de Castelnuovo di Garfagnana se rebelaron contra las autoridades de la Ciudad de Lucca. Ya que no querían formar parte de su administración. Durante un tiempo eligieron estar a cargo y protección de la Casa de Este, de los Estensi, una importante familia de la provincia de Ferrara en el norte de Italia, con territorios tanto en Italia como en Alemania.
En esta ocasión fueron pocos pero buenos los años para Castelnuovo di Garfagnana, que se vio beneficiada por la administración de los Estensi. En ellos, por ejemplo, se construyó la catedral del pueblo y otros edificios religiosos, ya que el mismo funcionaba como asiento del vicariado de la región.
En 1512 se acaba la paz para los habitantes del pueblo y también para la familia Estensi cuando tropas al mando del Duque de Urbino, Francisco Maria della Rovere tomaron la ciudad. Esta ocupación duró unos pocos años, sin embargo tras el retiro del Duque, Castelnuovo di Garfagnana fue arrebatada por la República de Florencia y sumada a su territorio y posterior administración.
Las idas y vueltas de la historia y de la vida hicieron que poco tiempo más tarde la localidad de Castelnuovo di Garfagnana vuelva a formar parte de los dominios de la familia Estensi. Esta vez recuperaron el poder sobre el sitio y lograron mantenerlo durante los próximos siglos.

La historia dice que la paz no dura mucho tiempo en ningún lugar del planeta, y por qué ha de ser Castelnuovo di Garfagnana o los Estensi la excepción a la regla. Ya el pasado lo demostró, y como un Deja vu el lugar fue invadido nuevamente, esta vez nada más y nada menos que a manos de las efectivas y conquistadoras tropas de Napoleón Bonaparte
Mientras caminamos junto a mi madre y hermana por las muy tranquilas callejuelas de la ciudad aprendo que durante la ocupación francesa tanto Castelnuovo di Garfagnana como otras localidades de los Montes Apeninos pasaron a formar parte en aquel momento de la República de Cisalpina, que tenía base y asiento en la ciudad de Milano, su capital. 
Cuando a partir de la derrota en la Batalla de Vitoria (España) comienza a caer el Imperio Napoleónico, la localidad de Castelnuovo di Garfagnana les fue devuelta a la familia Estensi tan temprano como 1814. Esta vez la familia del norte de Italia fue responsable de su administración y protección hasta la llegada de un nuevo hito histórico que puso fin para siempre a su poder, un hito para los pueblos del este y también los del oeste, las ciudades ricas del norte y las pobres del sur. Todas las regiones estaban juntas. Se trataba de la significativa unificación de Italia.
Recorriendo la pequeña ciudad encontramos muy bonito y destacado el Ponte di Santa Lucia, hecho en piedra. El puente había sido construido por Castruccio Castracani en 1300, aquel mismo mercenario influyente de la Ciudad de Lucca que había financiado la primera renovación del Puente del Diablo.
Lamentablemente no se trata ya del puente original, ya que el mismo fue destruido por el Ejército Alemán en su retirada de la zona durante el último conflicto bélico de gran magnitud. La reconstrucción es copia casi fiel al original y fue encomendada apenas terminada la Segunda Guerra Mundial.
La catedral de la simpática Castelnuovo di Garfagnana no destaca como pueden hacerlo tantas otras en la zona o en Italia en general. En este caso trata de una construcción renacentista típica de la época mandada a edificar en el año 1500 sobre lo que antiguamente era una iglesia romana del siglo XI, cuyos restos aún se pueden adivinar en el flanco izquierdo de la construcción actual.
Localmente a la catedral o Duomo del pequeño pueblo de Castelnuovo di Garfagnana se la conoce como Chiesa dei Santi Pietro y Paolo, y en su interior guarda una histórica cruz, un interesante e importante retablo y una obra en terracota firmada por el afamado artista Lucca della Robia.
Con el correr de los días íbamos a comprobar (al menos yo) que como Castelnuovo di Garfagnana hay decenas y decenas de pueblos casi muertos, sin gente en las calles y con poquísima o nula vida comercial o turística, aunque en este caso en particular exista una actividad de tipo industrial, y agrícola allí dónde se puede.
Eso si. Resultan un alivio estos pueblos para aquellos que deciden recorrer la zona en vehículo, ya que en muchas ocasiones y pueblos de la región es un maldito trastorno encontrar dónde aparcar.
Tras recorrer caminando el pequeño poblado en un día que era gris y estaba firmado por lloviznas aisladas, paramos a descansar y almorzar en un pequeño restaurante ubicado sobre la ruta ya en el ejido de la ciudad. Degustamos en aquella ocasión una sopa local y algunos fiambres de los malos, en zona dónde hay excelente salumería.
Subimos nuevamente al vehículo para seguir conociendo lo que tiene para ofrecer el lugar.
La ruta continuaba en ascenso. Las casas iban desapareciendo y cada tanto aparecía una salpicada por aquí y otra por allá. Bastante vegetación en el camino que hacía difícil y poco frecuente la vista sobre el valle o las montañas. Así fue como llegamos tiempo más tarde a la Fortaleza de Mont´Alfonso, construcción a cargo de Marco Antonio Pasi,un conocido ingeniero de la época, y obra encomendada y financiada por Alfonso II de Este.
La de Mont´Alfonso fue la última de las fortalezas mandadas a construir por el Ducado de Ferrara. En esta ocasión la obra ocurrió entre 1579 y 1586 con el objetivo de defender a Castelnuovo de Garfagnana de los posibles ataques de artillería de la vecina Ciudad de Lucca, ex regente de la localidad.
Las murallas cuentan con siete baluartes, dos puertas y una pasarela para recorrer sus 1150 metros.
Hoy en día funciona como una suerte de centro de información turístico aunque son pocos los que hasta aquí se acercan. 
Evidentemente la Fortaleza de Mont´Alfonso ha perdido importancia estratégica y razón de ser en 1859. A partir de ese momento ha comenzado a caer en ruinas, y si bien hay unas pequeñas construcciones modernas que se encuentran en buen estado, aquí no prácticamente no hay nada para ver o hacer.
Pensar que buena parte de los que llegan hasta aquí, lo hacen caminando desde Castelnuovo di Garfagnana me hace mal.
A la postre Castelnuovo de Garfagnana resulta ser un simpático pueblo para aquellos que no queremos dejar nada por conocer en el camino, pero para ser honesto resulta completamente prescindible para aquellas personas sin demasiado tiempo para invertir en su recorrido por la región Toscana, una zona que por demás está llena de riquezas de todo tipo y color. De mucho para ver, mucho para hacer.



sábado, 29 de octubre de 2022

El Puente del Diablo

 Con la excusa de conocer el Puente del Diablo o Puente de la Magdalena, nos acercamos una mañana de lloviznas aisladas hasta las afueras de Borgo a Mozzano, provincia de Lucca y región de Toscana. Este puente que aparece en todo fichero turístico de la región, es una destacada obra de ingeniería medieval, que durante algunas décadas (o al menos eso se creía), fue el puente más largo del mundo, récord que ostentó entre 1300 y 1341, pero su historia comienza al menos dos siglos antes.

El Ponte della Maddalena, o Ponte del Diavolo sorprendía ya en tiempos pasados con sus tres arcos desiguales y su arco central de 38 metros de altura, cruzando sobre el río Serchio. esta obra difícil de lograr con los conocimientos y posibilidades de la época hizo que se tejan alrededor de su construcción las más variopintas leyendas, razón por la cuál en la época le adjudicaban la finalización de esta compleja obra al mismísimo diablo. Cuentan que el ingeniero responsable, ya harto de los atrasos y de las contínuas crecidas del río Serchio invocó a Satanás. Súbitamente éste se presentó y ofreció al ingeniero concluir con el puente esa misma tarde a cambio del alma del primero que cruzase el puente.
El diablo se pueso a trabajar y cumplió su palabra. Ya antes de que caiga el sol,el puente unía las dos costas del río Serchio. El ingeniero que no caía de su asombro comenzó a sentir alivio por ver su trabajo terminado, pero también un profundo arrepentimiento por la promesa que le había hecho al diablo. Preocupado corrió hacia la iglesia cercana y se confesó ante el incrédulo párroco del lugar, y juntos idearon un plan con dos objetivos, el de engañar al diablo, y el de preservar una vida humana. Así fue como mandaron a cruzar a un Pastor de Maremma, un perro completamente blanco que fue tomado por el diablo y arrojado a las frías aguas del Serchio. Según cuentan aparece durante las noches de octubre. Quizás es el diablo buscando cobrarse el alma de aquel astuto ingeniero.
Poco se sabe con certeza acerca del Puente del Diablo. Se supone fue mandado a construir por la influyente Matilde de Toscana "La Gran Condesa" en algún momento alrededor del 1.100, momento en el que se convirtió en trascendental para el comercio de la zona. En 1.300 el puente fue renovado por primera vez, obra financiada por el mercenario de Lucca, Castruccio Castracani.

Recién en 1.500 el Ponte del Diavolo empieza a ser conocido como Ponte della Maddalena, ya que en su orilla oriental se encontraba una estatua con oratorio. En esos tiempos el puente ya era clave en la Vía Francígena, camino que unía a Roma con el centro de Francia, y que además era una vía ya famosa de peregrinación. Dicho esto, por aquí también pasa el Camino de Santiago, ruta Italiana.