martes, 28 de julio de 2026

El Bazar Chorsu: Latido milenario en el corazón de Tashkent

 Tashkent, la capital de Uzbekistán, es una metrópolis fascinante que desafía las clasificaciones simples. Tras el devastador terremoto de 1966, la ciudad fue reconstruida en gran parte con la imponente arquitectura soviética de grandes avenidas, parques monumentales y bloques de hormigón por doquier. Sin embargo, bajo esa pátina soviética y la modernidad de una ciudad en crecimiento, late un alma profundamente uzbeka.
Tashkent ha sido durante milenios una encrucijada de civilizaciones, un oasis dónde el desierto se encuentra con las montañas y donde las caravanas comerciales encontraban descanso antes de continuar su travesía por la Ruta de la Seda.
 

Situado en el corazón del distrito histórico de Chorsu (cuyo nombre en persa significa "cuatro caminos") este bazar es uno de los mercados más antiguos no solo de Uzbekistán, sino de todo Asia Central.  
Durante siglos, el bazar fue una parada obligatoria para los mercaderes que recorrían las distintas variantes de la Ruta de la Seda, conectando Asia con Europa y el Mediterráneo. En este punto exacto, las caravanas que venían desde el este con sedas y porcelanas se cruzaban con los que traían especias desde las Indias , caballos de las estepas o alfombras de Persia. A lo largo de los siglos, emperadores, conquistadores y viajeros como Ibn Battuta caminaron por estos parajes, convirtiendo el mercado en un hervidero de culturas, idiomas y religiones.

Ya desde afuera podemos apreciar que el elemento más icónico del bazar moderno es su gigantesca cúpula azul turquesa (gumbo), construida en la época soviética (1980) bajo los principios del Brutalismo oriental, con un diámetro aproximado de trescientos metros. Este edificio principal de varios niveles está meticulosamente organizado en varias secciones:
Verduras y frutas frescas entre los que destacan los melones dulces de Tashkent, las hortalizas de los fértiles valles que rodean la ciudad, granadas brillantes, tomates sabrosos, sandías legendarias y más.
En la planta baja del mercado se ofrece carne de caballo, de cordero (fundamentales en la gastronomía uzbeka)y carne de res, además de embutidos de todo tipo, tamaño y color, estos últimos con técnicas locales milenarias.
Otro sector del mercado está dedicado a los lácteos y al mundo de los quesos. Aquí destacan los Kurt, unas pequeñas bolas blancas de yogur fermentado muy tradicionales entre los pueblos nómades de Asia Central.
También hay una amplia variedad de mieles y un sector con pequeños puestos dedicados a la gastronomía local en dónde conseguir por dos monedas platos de Plov (el plato nacional a base de arroz, zanahoria, pasas de uva y especias), o panes recién salidos del horno.
Aunque se consiguen también cuchillos tradicionales uzbekos (pichoq), artesanías, cacerolas y ropa, el Bazar Chorsu destaca por su impecable y completa oferta de especias y frutos secos. Ese es su punto fuerte y una de las razones que hacen inolvidable una visita a este sitio.
Una explosión de colores, sabores y aromas donde se venden a granel azafrán, el famoso e insustituible comino (zira), cardamomo, pimientas, almendras, pistachos jugosos, pasas de uvas notables, higos secos. Todo hecho con estilo y maestría. Entre las cosas que probé durante mi visita ciertamente destacan las Nueces de Macadamia, cuyo sabor mantecoso nos acompañaron varios días mientras viajábamos Uzbekistán.
Para los habitantes de Tashkent, Chorsu no es simplemente un lugar para hacer las compras, es el centro neurálgico de la vida social.

Aquí se mantiene viva la cultura del regateo, un arte donde la sonrisa y la charla amable y la paciencia son tan importantes como el dinero.