lunes, 15 de junio de 2026

El pueblo flotante de KomPong Khleng

El asentamiento de KomPong Khleng es el más grande de los pueblos flotantes y semi flotantes que se encuentran a lo largo y ancho del lago Tonle Sap, en Camboya. El pueblo tiene más de 10.000 habitantes y está situado a poco más de 50 kilómetros de Siem Reap. Tiene la particularidad de tener un fascinante modo de vida moldeado exclusivamente por el agua de este lago, que no es un lago cualquiera: el Tonle Sap es el cuerpo de agua dulce más grande del sudeste asiático y uno de los sistemas ecológicos más extraños, productivos y dinámicos del planeta. La característica mas asombrosa del Tonle Sap es que dos veces por año cambia la dirección de su flujo de agua, y en la temporada de lluvias multiplica su área por seis.

La llegada al pueblo por tierra firme demanda poco más de una hora en un viaje que ofrece una postal desconcertante para quienes se aventuran hasta aquí en la temporada seca (de diciembre a abril), ya que lo que uno espera que sea un pueblo flotante, se presenta en verdad como una hilera kilométrica de casas y estructuras de madera con sus largas "piernas" expuestas al aire. Abajo, el suelo seco se convierte en un espacio comunitario dónde los niños juegan, los cerdos pastan y las mujeres reparan a las sombras las extensas redes de pesca.
Sin embargo cuando llega la temporada de lluvias (de mayo a octubre), el lago se expande de un día para el otro, triplicando su tamaño. Las aguas pueden crecer hasta 10 metros y es aquí cuando el pueblo se transforma por completo, y es que las plantas bajas de las viviendas se convierten en sus muelles, y la única forma de moverse de un lugar al otro es en bote.
La pesca es sin duda el motor económico del pueblo de KomPong Khleng, y el olor a pescado seco y a Prahok (la pasta de pescado fermentado típica de Camboya) se mesclan con el del combustible mal quemado de las lanchas e invaden la atmósfera del lugar. Todo el pueblo vive por y para el lago. La vida aquí transcurre a un ritmo tranquilo pero incesante .
En la parte firme del pueblo nos subimos a una de las embarcaciones típicas de la zona. Navegando por las aguas muy poco profundas de los canales de KomPong Khleng uno va presenciando en el lago y en sus orillas una coreografía perfecta de la adaptación humana a sus diferentes entornos.
Más allá de las casas sobre palafitos, adentrándose en las aguas se llega hasta el lago Tonle Sap, y allí dónde el cielo y el agua parecen besarse, se encuentra una verdadera comunidad flotante (principalmente de origen vietnamita). A diferencia de las otras, estas son barcazas que van flotando y cambian de lugar acorde a la crecida o bajante del lago. La comunidad tiene escuelas y hospitales flotantes. Incluso templos.

Resulta esta una muy linda escapada para hacer desde Siem Reap una vez recorridos sus famosos templos.


jueves, 11 de junio de 2026

La Catedral de St Sava en Belgrado

Nuestro segundo día en Belgrado amaneció con un sol pleno, radiante y generoso, así que caminamos la veintena o treintena de cuadras que nos separaban de uno de los templos ortodoxos más impresionantes del planeta: la Catedral de St Sava. Desde lo más alto de una gran planicie a 134 metros de altura, no pasa desapercibida. Y esa era la idea en un primer lugar.

De lejos se veía como una gran mole blanca, pero a medida que nos fuimos acercando lograba sorprender primero por su escala exterior y pulcritud del conjunto, y luego magnetizar con su imponente fachada de mármol blanco resplandeciente que obligaba a entrecerrar los ojos.

En 1894, en el 300 aniversario de la quema de las reliquias de San Sava por parte del Imperio Otomano se decide conmemorar al Patrono de Serbia con un monumento que sea el mas grande de la ciudad.
Cuarenta años más tarde pudieron dar inicio con las primeras partes de la construcción que se detuvo con la Invasión a Yugoslavia por parte del Ejército Alemán en 1941. Los alemanes utilizaron este espacio como estacionamiento, y lo mimo hicieron más tarde el Ejército Rojo y el Ejército Popular Yugoslavo. Mientras tanto la Catedral de St Sava seguía inconclusa por décadas y décadas.
Si ya desde el exterior la Catedral de St Sava (inspirada en Hagia Sofía, en Turquía) logra impresionar, a veces uno no está preparado para lo que aguarda el interior del templo del otro lado de su puerta. Es como entrar en otra dimensión, en un club de muy pocos miembros.
Nada te prepara del todo para entrar a St Sava. Si por fuera es monumental, en el interior uno entiende el concepto de grandiosidad, y es que los trabajos en sus interiores corta la respiración por su asombroso trabajo.
Cada vez que uno eleva a la vista a la cúpula y se encuentra con la colosal figura de Cristo, rodeada de un diseño tan bello y espectacular, y de una precisión milimétrica, es un silencio absoluto, especialmente para quienes gustamos del arte bizantino moderno, pues aquí alcanza su máxima expresión.

La sensación de amplitud que uno siente dentro de San Sava es sencillamente sobrecogedora como en pocos templos en el mundo. El domo está suspendido a 64.8 metros del suelo y la catedral mide 91 metros de largo y tiene 81 metros de ancho. En su parte exterior más alta alcanza los 78.3 metros de altura.
Los trabajos en el interior del templo comenzaron recién en 2016, más de un siglo más de lo planeado. Con un coste superior a los 100 millones de Euros lograron por fin terminarlo en plena pandemia durante 2020.
Prácticamente cada centímetro cuadrado de las paredes y bóvedas está cubierto por millones de teselas diminutas de vidrio y de oro. Los vidrios altos permitían que se filtre la luz solar devolviendo un brillo dorado que envolvía todo el espacio de una atmósfera celestial y cálida.

El descenso a la cripta es otra revelación. Si la nave superior asombra por su gran altura y volumen, este espacio subterráneo deslumbra por su opulencia y detalle. Fascinan los techos profusamente decorados al estilo de los antiguos monasterios serbios y lámparas de araña que parecen sacadas de un cuento dinástico. Esta cripta que abren de tanto en tanto se siente como un verdadero y deslumbrante tesoro bajo tierra.

Sentarse en uno de los bancos laterales a mirar a los fieles fue un punto cúlmine de la tarde. Salir a las soleadas calles de Belgrado había dejado una certeza, y es que este segundo día en la ciudad ya se había convertido en un recuerdo imborrable del viaje, y es que San Sava no es solo un logro de la arquitectura o un monumento histórico que sobrevivió a décadas de interrupciones y desafíos.