domingo, 7 de julio de 2013

Tarangire, la tierra de los baobabs

 Cuando El Principito venga a conocer Tarangire se va a preocupar mucho, y es que todos recordamos como cada mañana se encargaba de sacar las raíces de baobabs de su pequeño asteroide (el B 612) sabiendo que si las dejaba crecer, las raíces enormes de este árbol que parece crecer hacia abajo lo destruirían . Lo harían estallar.

El baobab, que tanto simbolismo e importancia tiene para muchas culturas africanas, aquí se encuentra de a montones y es lo primero que me llama la atención cuando entro a Tarangire.
Los amarillos pastos largos se mecen con el viento y el sol parece hacer querer hervir a la tierra que levanta polvo del suelo cual vapor fuera. Salpicados en el agreste paisaje, que no puede ser mas africano, están por aquí y por allá los dueños del lugar. Testigo macizo del tiempo y la historia.

En Tarangire, debo admitirlo, no tuvimos tanta suerte en nuestra búsqueda de los "Big Five". Ellos son el león, el elefante (que sí vimos en numerosos grupos), el leopardo, el rinoceronte y el búfalo. El término  de los "Big Five" nació entre los cazadores de antaño quienes perseguían a las bestias de a pié, siendo estos parte de los animales mas peligrosos del mundo y los mas difíciles de cazar.

Los animales se acercan aquí en gran número durante las épocas secas, pero nosotros habíamos llegado después de las lluvias.

Los días los pasamos subiendo y bajando caminos con nuestras Land Cruiser´s. Contentándonos con las águilas y los elefantes que se acercaban al río. El paisaje es insuperable y se encuentran vistas excepcionales, de esas que te obligan a exclamar.

La primera tarde llegamos desde la ciudad de Arusha. Recorrimos unos 130 kilómetros por caminos muy verdes. Desde la altura se veían enormes valles muchas veces matizados por bosques que desde arriba se veían como ramas de brócoli o coliflores. Al costado del camino acompañaban los cultivos de banana, café, maíz o azúcar.
Cada tanto desvíos por caminos internos que nos hacían reír de lo que nos hacían saltar los pozos. Nos despegaban del asiento, y así fue que entre bamboleos, polvo y mil verdes llegamos a Tarangire NP, el cual recorrimos por unas horas para llegar justo a tiempo a la terraza de nuestro hotel para tomar los obligados Gin & Tonic y ver esos atardeceres tan particulares del continente negro.


El sol lanza sus rayos perpendiculares sobre la tierra. Los viajeros, fatigados de su trabajosa jornada, reposan a la orilla del río, a cuya fuente se aproximan. Un baobab corpulento y magnífico les presta su sombra, capaz de cubrir a una tribu de guerreros.
                             Gustavo Adolfo Bécquer

El segundo día, tras el desayuno, salimos a recorrer el parque nacional. Vimos las primeras jirafas y muchas cebras y ñus. Nos sorprendimos con la enorme cantidad de pájaros que hay en el lugar. Se pueden llegar a ver 550 especies, lo que convierte a Tarangire en el lugar del mundo con mas especies en un solo hábitat. Uno siente que ve pájaros nuevos todo el tiempo. Un paraíso para los Birdwatchers.

Nos acercamos al río Tarangire en donde siempre se encuentra vida salvaje, ya que los animales saben que este río les da agua durante todo el año, incluso en la estación seca. Van viniendo desde el cercano lago Manyara.
Continuamos nuestro camino hacia uno de los límites del parque y conocemos el Lago Burungi, que mucho no nos deja ver además de sus plateadas aguas. Volvemos entonces paralelos al río buscando los primeros pantanos. Las camionetas avanzando con cuidado sobre el traicionero suelo.

Los pájaros seguían apareciendo de a montones y por momentos era lo único que fotografiábamos Siempre veíamos de lejos a alguna jirafa comiéndole la copa a una acacia. Hay muchos búfalos y la presencia estelar de la diminuta gacela Dik Dik, pero no mucho mas. La densidad animal aquí parecía ser mucho mas baja que en los parques vecinos. Por suerte el paisaje deslumbra y es el actor principal de esta obra divina.

En los primeros pantanos nos quedámos mirando un buen rato los rituales de los elefantes.

Tentamos al guía con algunos Dólares para que afine su vista y nos encuentre un maldito leopardo. El premio corría para cualquiera que lograra ver uno. Pero no tuvimos éxito ese día. Ni el siguiente.

El paisaje de Tarangire es único. Fuimos manejando de pantano en pantano buscando fauna y aplastando moscas Tse Tse. Son rápidas y ágiles las muy bastardas. Su mordida duele y puede ser peligrosa. Es esta mosca la responsable de que la zona nunca haya estado habitada por el hombre.
Los leones, por ejemplo, para evitar las picaduras duermen muchas veces sobre las ramas de los árboles y no en el suelo como lo hacen generalmente.
La picadura de la mosca Tse Tse transmite via parasitaria lo que popularmente se conoce como "La enfermedad del sueño", y que si no se trata puede causar la muerte. Hay 300.000 casos cada año y no existe vacuna alguna para prevenirla.

Habiendo comido mucha tierra y mordidos por las moscas llegamos nuevamente a la comodidad de nuestro hotel justo a tiempo para agregar una ronda mas de nuestros diarios Gin&Tonic. Son muy amarretes por estas latitudes. Los "Double Gin" son un chiste, y sirven de excusa para alargar la ronda.

Cargamos las baterías de nuestras máquinas de fotos, las de el teléfono satelital y demás aparatos electrónicos, junto a los equipos de los otros huéspedes en un cuarto lleno de enchufes especialmente diseñado para ello. Había decenas de miles de Dólares conectados a esos enchufes.
Era el único lugar en donde no cortaban el suministro eléctrico después de las 22 hs.

El tercer y último día fuimos despertados por una manada de elefantes que estaba peleándose a solo metros de nosotros. Pensé que se llevaban puesto todo el campamento y en calzoncillos salí despavorido al exterior de la carpa para que me indiquen hacia donde correr. Los elefantes tiraban árboles con su brutal fuerza y su bramido poderoso parecía hacer eco en todo el valle.
El elefante es un animal pacífico, pero que no se enoje.

Pasado el susto desayunamos. Los huevos en Africa son blancos y la fruta generalmente exquisita (mangos, papaya, ananá). Todos hablábamos de los elefantes. Ja! Ahora me río.

Intercambiamos experiencias con otros viajeros y salimos a recorrer otra vez los pantanos de Tarangire.