sábado, 1 de febrero de 2014

La Catedral Metropolitana de Río de Janeiro

La Catedral Metropolitana de Río de Janeiro sorprende de inmediato por su peculiar forma cónica que se destaca entre los edificios del centro financiero Carioca. Esta en el camino obligado a muchas de las atracciones principales de la ciudad, por lo que no será difícil que se topen con ella.

Funciona como catedral metropolitana desde 1976 y esta dedicada a San Sebastián, el popular patrono de la ciudad, cuyo nombre completo es Sao Sebastian do Río de Janeiro.
A la mayoría de los habitantes de Río no les gusta la Catedral Metropolitana, y yo me sumo a ellos. Aún guardan simpatía por las viejas catedrales, aunque claro, ninguna podía recibir a 20.000 fieles como lo hace la nueva catedral.
Sienten que Río, la cidade maravilhosa, se merece algo mas bonito y acorde.

El edificio por fuera es una mole gigante de cemento que ofrece una imagen inédita, demasiado fría para los que suelen ser las iglesias católicas. Además da la sensación de tener un acabado poco cuidado.
El campanario exterior (1era foto) copia la forma piramidal de la catedral.
Una vez dentro de la oscura nave, por su gran volumen da la sensación de que la iglesia tiene un tamaño aún mayor que el que se percibe desde el exterior. La única luz natural se cuela por unos fantásticos vitreaux que decoran la iglesia desde el piso, hasta el techo, a mas de 90 metros de altura. Estos coloridos vitrales se unen para componer una gigante cruz blanca que cierra como techo, el gigante cono de 106 metros de diámetro.
Es increíble apreciar semejante volumen en un edificio que ha sido construido sin el uso de columnas, mérito del arquitecto Edgar de Oliveira da Fonseca.

                                       Por dentro y por fuera, esta catedral peca por sobria.

El altar es muy particular, ya que parece flotar sobre una piedra de la cual cuelga una cruz, que baja invisible desde el altísimo techo y se pierde ante tanta austera inmensidad.

En el sótano de la catedral funciona el Museo de Arte Sacro que cuenta con importantes piezas de valor histórico religioso. Entre los objetos destacados guardan el trono de Pedro II (el último emperador), la Rosa de Oro que León XIII le regaló a la Princesa Isabel cuando se abolió la esclavitud en el Brasil, y varios testimonios de las dos visitas que el Papa Juan Pablo II hizo al país.