jueves, 27 de noviembre de 2025

Quedlinburg, los comienzos de Alemania

 La primera imagen que encontré buscando información acerca de Quedlinburg fue la de su castillo, el cual a primeras no despertaba demasiado entusiasmo en mí. No obstante me dirigí en auto unas tres horas hasta llegar a esta pequeña ciudad del estado federado de Sajonia-Anhalt, en el centro de Alemania. 

Quedlinburg se encuentra a orillas del río Bode y al norte del Macizo de Harz, la cordillera más alta del norte del país. Cuenta con una población de unos 25.000 habitantes, y a diferencia de tantas otras no fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

Estacioné el auto en las afueras del casco histórico e ingresé por una calle a los pies del mencionado castillo, sede del poder durante la Dinastía Sajona (u Otoniana) entre los siglos IX y XI. Para destacar, algunos de los miembros de esta dinastía fueron reyes y emperadores de Alemania.
El Castillo de Quedlinburg fue fundado por el rey Enrique I de Sajonia "El Pajarero", rey de la llamada Francia Oriental y fundador del Sacro Imperio Romano Germánico. 
Para muchos Enrique I es "El primer alemán".
El castillo fue terminado de construir por el Emperador Otón I en 936.

Si bien el castillo se puede visitar, y casi siempre lo hago, en esta oportunidad preferí aprovechar afuera esta bonita tarde de otoño tras una semana de lluvias.
El castillo de Quedlinburg y otras 2.100 construcciones de entramado de madera (sistema de poste y viga) han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994 por su excelente estado de conservación, y sobresaliente arquitectura románica, y en esa conservación de la estructura urbana medieval, es que basa su importancia la ciudad.
La mayor parte de estas simpáticas construcciones en madera pertenecen a los tiempos de la Dinastía Sajona.

El casco histórico de Quedlinburg es una maravilla y se encuentra estupendamente conservado (y renovado por los generosos fondos de UNESCO y otras instituciones). Recorrerlo es bastante sencillo si se lo divide en dos partes tomando el Rathaus (la Plaza del Mercado, o plaza principal) como el centro. Hay bastante para ver y mantenerse entretenido.
En uno de los márgenes de la plaza principal se encuentra el Rathaus o ayuntamiento. Se trata de una bonita edificación románica que data del 1.310, y que es el centro administrativo de la ciudad.
El edificio del ayuntamiento es el más fotografiado de Quedlinburg y de la región toda, en especial por su enredadera que cubre todo el frente de la construcción regalando color a la plaza principal de la ciudad.

Durante los siglos XIV y XV Quedlinburg formó parte de la Liga Hanseática (o simplemente Hansa), una federación comercial y defensiva. Una federación casi Estado compuesta por entre 70 y 170 ciudades que durante su apogeo dominó el comercio marítimo en el Mar Báltico, y en el Mar del Norte. 

El descubrimiento de América, el desarrollo del poderío naval inglés y la Guerra de los Treinta Años acabaron con la Hansa. Para 1630 solo Hamburgo, Bremen y Lubeca seguían siendo parte de la liga.
A Quedlinburg de alguna manera le vino muy bien el ocaso de la Liga del Hansa, ya que por aquellos años experimentó su mayor crecimiento poblacional, período coincidente con la Guerra de los 30 Años 1618-1648) ,cuando todas las potencias de Europa, y especialmente el Sacro Imperio Románico Germánico, se enfrentaban marcando el futuro de los próximos siglos en el continente.
Tuvo otro pico de bonanza y crecimiento durante el siglo XIX gracias al cultivo de flores y por no tener una importancia estratégica pudo sobrevivir a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente al gobierno de la RDA que pretendía derrumbar todo el casco medieval de Quedlinburg  para construir en su lugar un centro brutalista, obra que por suerte nunca realizaron por la constante falta de fondos.
Quedlinburgo tiene una gran importancia histórica. Se ha comprobado que en la zona hubo asentamientos ya en el período neolítico. Recorrer algunas de las 90 hectáreas de su casco urbano presenta una oportunidad de recorrer más de mil años de historia y diez siglos de arquitectura, desde los edificios románicos, hasta regios ejemplos de Art Noveau de su último apogeo. Eso sin tomar en cuenta la parte nueva de la ciudad.
Me gustó caminar por las calles de Quedlinburg pero no tengo urgencia alguna en volver.