sábado, 28 de febrero de 2026

La Puerta del Infierrno

Quisiera escribir que el Cráter de Darvasa es un lugar en el mundo que parece arrancado de una pesadilla de Dante, pero estaría faltando a la verdad. No obstante, este espectáculo de fuego eterno termina siendo uno de los destinos más surrealistas del mundo.

Al Cráter de Darvasa se lo conoce como "La Puerta del Infierno". Se encuentra ubicado en Turkmenistán, en el medio del Desierto de Karakum, el décimo más extenso del planeta. A diferencia de los volcanes, el cráter surge como un error humano que no tardaría en convertirse en una leyenda, así que tenía cierta curiosidad por conocer este sitio.

Con mis amigos conseguimos la carta de invitación (LOI) para visitar Turkmenistán (el segundo país más cerrado del mundo, solo atrás de Corea del Norte), así que como parte de nuestro viaje por La Ruta de la Seda, decidimos entrar al país desde la frontera de Shabazz, cercana a Khiva, en Uzbekistán. Luego de caminar la "tierra de nadie"  solo restaba esperar nuestra suerte en el puesto migratorio de Turkmenistán, en dónde coincidimos, y por única vez en todo el viaje, con otros turistas. El silencio en la sala de espera solo era interrumpido por algún breve murmullo de tanto en tanto. Como cosa de no creer fuimos llamados de a uno a una sala dónde un hombre de delantal blanco procedía a hacer un hisopado por COVID, y estamos hablando de finales de 2025. Inentendible.
Finalmente logramos superar los trámites migratorios y fuimos recibidos por un guía (obligatorio cuando en Turkmenistán) y dos camionetas 4x4 son sus respectivos conductores. Era momento de cruzar el Desierto de Karakum hacia "La Puerta del Infierno", en dónde haríamos nuestra primer noche en este exótico y singular destino.

Tras un temprano y más que decente almuerzo en la ciudad de Dasoguz (245.000 habitantes), bien pegado a la frontera norte del país, nos dividimos en las camionetas y dimos inicio al cruce del desierto. La salida de la Dasoguz fue rápida, y con el correr de los kilómetros el pavimento fue desapareciendo, dando lugar a carreteras de arena con grandes pozos que obligaban a bajar la velocidad y zigzaguear, muchas veces alejándonos varios kilómetros de la traza principal de esta ruta detonada y sin uso, pues no va a ningún sitio. El viaje desde la frontera norte es francamente insoportable. 
Finalmente llegamos al cráter apenas caída la noche. Nos acercamos al borde y comprobamos que no es un cráter silencioso, que son muchos los fuegos, algunos eternos y otros ocasionales, y que cada tanto hay ráfagas de calor que se estrellan contra nuestra humanidad recordándonos que estamos ante la mismísima Puerta del Infierno
Corría 1971 cuando un equipo de ingenieros soviéticos hacía exploraciones en la zona en busca de petróleo, cuando accidentalmente perforaron una gran caverna de gas natural. El suelo cedió y la tierra se tragó la plataforma de exploración creando un cráter de unos setenta metros de diámetro, y veinte de profundidad.
Para evitar que el gas metano pudiera llegar a las ciudades, a los ingenieros se les ocurrió una "solución" temporal que consistía en prender fuego el escape de gas, creyendo que en unos días este se iba a consumir, pero lo que nadie ciertamente pensó, es que por la enorme cantidad de gas, 50 años más tarde el Cráter de Darvasa seguiría ardiendo con la misma intensidad que en el pasado.
Tras las fotos y videos de rigor, nos dirigimos al comedor del campamento establecido a unos 150 metros del cráter. El cansancio era generalizado, pero yo estaba muerto de hambre. Comimos una gallina muy flaca acompañada de tomate y jugo de granada. Ya pronto estábamos listos para ir a las carpas. Iba a ser una noche larga bajo las estrellas del desierto turkmeno.
Como aquí no hay agua, como medida de higiene la gente del campamento otorga un kit con sábanas de papel que utilizaremos como aislante entre nosotros y las bolsas de dormir que nos prestan. En mi caso dormí completamente vestido, con campera, guantes y gorro y me pasé la noche temblando del frío.
A la mañana siguiente volvimos a pasar por La Puerta del Infierno, que como es de esperar, se ve menos espectacular que durante las noches. Nos acercamos a gozar del calor que emana el cráter: Todavía a esa hora hacía un frío espantoso en el desierto.
Un silencio profundo reina en el ambiente mientras asoma el sol y regala postales. Vaya primer impresión del país. Expectante estábamos todos. Desde aquí continuaríamos camino hacia la capital Ashgabat, una de las ciudades más raras del mundo.
En el camino frenamos en otros dos o tres pozos, así como pudimos divisar una cierta actividad en esta zona rica en hidrocarburos. Turkmenistán tiene uno de los yacimientos de gas más grandes del mundo, muchísimo petróleo y se sabe que resta mucho aún por descubrir. el futuro es sumamente alentador, y tiene a China como su más importante socio. 

Este día pudimos comprobar que la ruta que va desde el Cráter de Darvasa hacia la capital Ashgabat está muy bien mantenida y la velocidad de rodaje es muy superior a la que tomamos nosotros cuando ingresamos desde el norte.

La leyenda continúa.

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