sábado, 28 de febrero de 2026

Unas horas en Drachten

 Como en otras oportunidades, apenas puse un pie en Schipool, el aeropuerto principal de los Países Bajos, caminé a paso ligero hasta el estacionamiento en busca del auto que había reservado días atrás. En esta ocasión llegaba desde Madrid y mi destino final del día era la bella ciudad de Hamburgo distante a unos 400 kilómetros o menos de Ámsterdam.

Con la intención de hacer una parada en el camino en la que pudiera conocer algún nuevo pueblo de Holanda es que me aproximé hasta Drachten, una "ciudad" o pueblo grande de casi 60.000 personas que se encuentra en el norte del país, y que es la segunda más grande e importante de la provincia de Frisia.
Drachten no tiene los siglos de historia que si tienen otras ciudades neerlandesas. Aquí la historia se empieza a escribir en el siglo XVII, cuando se empezaron a instalar los primeros pobladores a la orilla del río Dracht, cultivando parcelas de turba. Esta turba (estiércol mezclado con carbon vegetal utilizado como combustible) fue el verdadero motor económico de este nuevo asentamiento. Para su transporte se crearon una gran cantidad de canales.
Drachten se percibe como una ciudad de vanguardia, y de hecho lo es. Famosa entre los urbanistas por ser pionera en la eliminación de señales de tráfico y semáforos. La idea es que el automovilista y el peatón tengan contacto visual. Aparentemente esto ha disminuido los accidentes y elevado el nivel de prudencia de los conductores.
En esta oportunidad estaba falto de tiempo, pero quienes se acerquen hasta aquí tienen la oportunidad de visitar el Parque Nacional Alde Feanen, navegar por el canal hasta el centro mismo de la ciudad en una embarcación alquilada, visitar el Museo DR8888 dedicado al Dadaísmo y otros movimientos de vanguardia, o presenciar alguna función en el Teatro De Lawei, uno de los más grandes del norte del país.


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