sábado, 23 de marzo de 2013

En Helsinki

En el puerto de Helsinki hay que temerle a las gaviotas. No vaya a ser que uno se distraiga y le roben la comida. Me pasó un verano sentado  en los escalones que están frente a los ferrys que van a la Fortaleza de Soumelinna, y ya era tarde cuando me percaté que varios carteles alertaban sobre la conducta delictiva de estas aves.

El puerto de Helsinki es, a mi entender, el corazón de la ciudad y la puerta de entrada, siendo lo primero que ven quienes acceden a ella por mar desde Suecia o Estonia que son muchos. Hay enormes ferrys y cruceros mucho más grandes y endebles botes pequeños que tan frágiles se ven mas abajo. Siempre resulta un espectáculo ver maniobrar a estas enormes bestias.
Para mí lo más lindo del puerto es el Mercado Cubierto (Wanha Kauppahalli) . El mejor lugar de la ciudad para saborear comidas típicas o llevárselas en latas.
Enmarcados por maderas talladas se suceden los puestos exquisitamente presentados. Aquí hay cierto bullicio pero no encontramos el desorden que tienen otros mercados del mundo.
Pieles de grandes animales son expuestas, gorros, guantes, cuchillos o regalos típicos del norte de Europa también se pueden comprar aquí.
Es realmente uno de los más bellos mercados cubiertos que conocí.
Se puede comer in situ carne de reno, de oso, fiambres o sopas muy calóricas de pescados imposible de conseguir en otras latitudes, además de una amplia variedad de comida para los menos valientes o de bolsillos más chicos, pues valen una fortuna estas carnes.
En los alrededores del puerto, alejándonos de la bahía, caminamos por sus calles y encontramos  muchas de las atracciones turísticas de la ciudad, mientras íbamos aprendiendo todo sobre su pasado.

Helsinki fue fundada en 1550 por el rey Gustavo 1 de Suecia para rivalizar con Reval la actual capital de Estonia que era uno de los puertos mercantiles mas importantes de todos los que dan contra el mar Báltico. Llamaban los Suecos Helsinforgs a la ciudad que les pertenecía.
Cuando llegaron los Rusos no simpatizaron con la influencia que Suecia tenía sobre la región y mudaron varias dependencias allí  desde Turku, la antigua capital, dandole más importancia al lugar, construyendo muchos de los edificios que hoy componen la actual ciudad. La fortaleza ya estaba construida por los Suecos. Sería fácil defender el territorio ante una invasión.

La plaza principal (Senaatintori) está enmarcada por muchos de los edificios más importantes, como la sede principal de la universidad (ese día egresaba alguna camada e iban todos muy elegantes) y el palacio del consejo de estado hechos por el arquitecto Alemán Carl Ludvig Engel maestro del estilo Neoclásico, máximo responsable de la transformación que sufrió la plaza y su entorno.

Alta domina la Catedral Luterana de Helsinki blanca impoluta. Símbolo de Helsinki. Desde aquí se obtienen las mejores vistas de la ciudad, para aquellos que quieran subir, no sin esfuerzo. Esta catedral de estilo neoclásico fue construida a partir de 1830 con una serie de edificios que componen los alrededores de la plaza del senado.
La blanca iglesia es también muy luminosa por dentro gracias a sus muchas ventanas. Su cúpula principal alcanza los 62 metros de altura, y está acompañada por 4 torres de menor altura con sus respectivas cúpulas, todas en Estilo Ruso.

Muy cerca y construida en ladrillos está imponente la Catedral Ortodoxa de Uspenski que es una de las más grandes de Europa. El edificio bizantino y eslavo también está emplazado en una pequeña colina y como la Luterana puede verse desde varios lugares de la ciudad.
La catedral impresiona por dentro. Tiene un inmenso altar, lámparas enormes que cuelgan y está llena de iconos por donde se mire. El edificio es un notable rastro de la influencia Rusa en el país.
No se parece en nada a la sobriedad de la Luterana.
Todo este área de Helsinki reboza de tiendas de antiguedades y afamado diseño que nos distraen camino a Esplanadi la mas famosa y elegante calle comercial de Helsinki.
Bajo un boulevard frondoso respiramos su aire Báltico y miramos sus gentes pasar desde sus 
cafeterías con sus sillas orientadas a la calle como en Paris.
La avenida está dividida por una franja verde muy cuidada que acompaña nuestra caminata. Todo lo que se vende es lindo y de calidad.  Allí esta la chocolatería Karl Fazer, casi un museo del chocolate que tiene sus puertas abiertas desde 1891.

No recuerdo que teníamos que hacer en la estación de trenes, pero que suerte haber caído en este fantástico edificio custodiado por estos gigantes que sostienen con sus manos las luces de la puerta. Adentro mucho menos movimiento que otras estaciones centrales.
Probablemente íbamos a conocer el museo de arte contemporaneo (Kiasma). El edificio que es un museo en sí, pone todos nuestros sentidos en juego mediante obras e instalaciones de la más variada índole.Vale la pena perderse unas horas. Es un museo diferente, y si quieres saber mas, pincha el enlace 

Por calles impecables pero que estaban rehaciendo "al divino botón" como todos los años,  pues los ciudadanos ya habían pagado sus impuestos,  llegamos también a la singular iglesia enterrada (Temppeliaukio Kirkko). De afuera se ve la cúpula y no me la imaginaba por dentro. Es única con la roca gigante que oficia de pared y el exquisito sonido de su gran órgano y sus músicos.
Helsinki me sorprendió. No se que esperaba de ella, quizás nunca me lo había preguntado. Sus fachadas, la sobriedad de la gente, lo raro de su idioma.
 
 
Quizás fue la frescura de sus comidas o el diseño presente en cada objeto, o esos bancos locos que por esos días decoraban la ciudad. En ninguno podías sentarte. Eran o muy altos, o las maderas estaban dobladas, o muy separadas o insólitamente bajos. Una pequeña cuota de humor Suomi.