martes, 28 de julio de 2026

El Morning Market de Luang Prabang

Al alba, cuando la neblina aún flota sobre las aguas del río Mekong y los monjes con túnicas naranjas terminan su tradicional ronda de limosnas por las calles de Luang Prabang, la antigua capital real de Laos cobra vida de una manera vibrante y terrenal, y es que el Morning Market (o Mercado de la mañana) se convierte en el punto de encuentro diario de la comunidad local a la hora de satisfacer las necesidades básicas de comida o de farmacia natural. El mercado es una ventana abierta a la identidad de un pueblo que ha sabido preservar su cultura y su dignidad (y sobre todo su ritmo) pese al paso del tiempo.

Ubicado sobre varias callejuelas traseras o secundarias cerca del río Nam Khann y del monte Phousi, este mercado ofrece una inmersión profunda en la vida y cultura laosiana.
Aunque no se tiene un registro histórico exacto, el mercado matutino de Luang Prabang ha funcionado durante cientos de años bajo los mismos principios de trueque y proximidad. Tradicionalmente los agricultores de las aldeas ribereñas  y de las comunidades de las montañas descendían antes del amanecer para ofrecer el excedente de sus cosechas, el pescado del Mekong o productos forestales recolectados a mano.
Cuando la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995, el mercado logró mantener intacta su esencia rural. A pesar de la llegada del turismo, ha resistido la tentación de convertirse en un mercado de souvenirs, priorizando siempre la alimentación y el consumo local.
El mercado es bastante compacto pero notablemente denso. Se extiende a lo largo y ancho de un par de calles angostas (principalmente sobre Thanon Sisavangvong y callejones aledañas), transformándose en un laberinto serpenteante de lonas coloridas, sombrillas y puestos improvisados sobre el suelo, casi siempre desplegados por las minorías étinicas como los Hmong o los Khmu.
La primera impresión (y a esa hora de la mañana) puede resultar un tanto abrumador para los sentidos. En pocos metros, los aromas penetrantes de pescados fermentados o secos y carnes crudas se mesclan con el de finas hierbas y el excelente café laosiano, que aquí se toma bien fuerte y rebajado con leche condensada.
El Morning Market opera todos los días en un horario estricto que va desde las 5 hasta las 10 de la mañana dónde se empiezan a recoger los puestos dejando las calles limpias y vacías. A las siete es cuando alcanza su mayor efervescencia. No obstante la experiencia de compras siempre es en silencio y en un ambiente dónde reina la amabilidad y el respeto.
En el mercado mañanero se encuentra todo lo necesario para el día a día de la cocina tradicional laosiana. La oferta se divide en secciones muy claras y una vez que se conoce es fácil ir directamente al sector que nos compete o interesa.
Está el sector de productos de la tierra dónde hay una abundancia de verduras silvestres deslumbrantes, flores de banano, bambú fresco y una variedad infinita de chiles.
En otro sector venden los tesoros del río Mekong, es decir pescados de agua dulce de todos los tamaños, capturados esa misma mañana.

La sección de carne es directa y sin filtros. Además de carne de cerdo es posible encontrar carne de res y pollo. También se encuentra un notable surtido de aves de caza, y dependiendo la temporada, un gran número de insectos comestibles como grillos o larvas de abeja.
Da gusto darse cuenta de la conexión que tiene el local con su entorno, reflejando una profunda sabiduría ancestral sobre el entorno que los rodea, conociendo cada planta y su uso, ya sea comestible o farmacéutico.

El Bazar Chorsu: Latido milenario en el corazón de Tashkent

 Tashkent, la capital de Uzbekistán, es una metrópolis fascinante que desafía las clasificaciones simples. Tras el devastador terremoto de 1966, la ciudad fue reconstruida en gran parte con la imponente arquitectura soviética de grandes avenidas, parques monumentales y bloques de hormigón por doquier. Sin embargo, bajo esa pátina soviética y la modernidad de una ciudad en crecimiento, late un alma profundamente uzbeka.
Tashkent ha sido durante milenios una encrucijada de civilizaciones, un oasis dónde el desierto se encuentra con las montañas y donde las caravanas comerciales encontraban descanso antes de continuar su travesía por la Ruta de la Seda.
 

Situado en el corazón del distrito histórico de Chorsu (cuyo nombre en persa significa "cuatro caminos") este bazar es uno de los mercados más antiguos no solo de Uzbekistán, sino de todo Asia Central.  
Durante siglos, el bazar fue una parada obligatoria para los mercaderes que recorrían las distintas variantes de la Ruta de la Seda, conectando Asia con Europa y el Mediterráneo. En este punto exacto, las caravanas que venían desde el este con sedas y porcelanas se cruzaban con los que traían especias desde las Indias , caballos de las estepas o alfombras de Persia. A lo largo de los siglos, emperadores, conquistadores y viajeros como Ibn Battuta caminaron por estos parajes, convirtiendo el mercado en un hervidero de culturas, idiomas y religiones.

Ya desde afuera podemos apreciar que el elemento más icónico del bazar moderno es su gigantesca cúpula azul turquesa (gumbo), construida en la época soviética (1980) bajo los principios del Brutalismo oriental, con un diámetro aproximado de trescientos metros. Este edificio principal de varios niveles está meticulosamente organizado en varias secciones:
Verduras y frutas frescas entre los que destacan los melones dulces de Tashkent, las hortalizas de los fértiles valles que rodean la ciudad, granadas brillantes, tomates sabrosos, sandías legendarias y más.
En la planta baja del mercado se ofrece carne de caballo, de cordero (fundamentales en la gastronomía uzbeka)y carne de res, además de embutidos de todo tipo, tamaño y color, estos últimos con técnicas locales milenarias.
Otro sector del mercado está dedicado a los lácteos y al mundo de los quesos. Aquí destacan los Kurt, unas pequeñas bolas blancas de yogur fermentado muy tradicionales entre los pueblos nómades de Asia Central.
También hay una amplia variedad de mieles y un sector con pequeños puestos dedicados a la gastronomía local en dónde conseguir por dos monedas platos de Plov (el plato nacional a base de arroz, zanahoria, pasas de uva y especias), o panes recién salidos del horno.
Aunque se consiguen también cuchillos tradicionales uzbekos (pichoq), artesanías, cacerolas y ropa, el Bazar Chorsu destaca por su impecable y completa oferta de especias y frutos secos. Ese es su punto fuerte y una de las razones que hacen inolvidable una visita a este sitio.
Una explosión de colores, sabores y aromas donde se venden a granel azafrán, el famoso e insustituible comino (zira), cardamomo, pimientas, almendras, pistachos jugosos, pasas de uvas notables, higos secos. Todo hecho con estilo y maestría. Entre las cosas que probé durante mi visita ciertamente destacan las Nueces de Macadamia, cuyo sabor mantecoso nos acompañaron varios días mientras viajábamos Uzbekistán.
Para los habitantes de Tashkent, Chorsu no es simplemente un lugar para hacer las compras, es el centro neurálgico de la vida social.

Aquí se mantiene viva la cultura del regateo, un arte donde la sonrisa y la charla amable y la paciencia son tan importantes como el dinero.


lunes, 15 de junio de 2026

El pueblo flotante de KomPong Khleng

El asentamiento de KomPong Khleng es el más grande de los pueblos flotantes y semi flotantes que se encuentran a lo largo y ancho del lago Tonle Sap, en Camboya. El pueblo tiene más de 10.000 habitantes y está situado a poco más de 50 kilómetros de Siem Reap. Tiene la particularidad de tener un fascinante modo de vida moldeado exclusivamente por el agua de este lago, que no es un lago cualquiera: el Tonle Sap es el cuerpo de agua dulce más grande del sudeste asiático y uno de los sistemas ecológicos más extraños, productivos y dinámicos del planeta. La característica mas asombrosa del Tonle Sap es que dos veces por año cambia la dirección de su flujo de agua, y en la temporada de lluvias multiplica su área por seis.

La llegada al pueblo por tierra firme demanda poco más de una hora en un viaje que ofrece una postal desconcertante para quienes se aventuran hasta aquí en la temporada seca (de diciembre a abril), ya que lo que uno espera que sea un pueblo flotante, se presenta en verdad como una hilera kilométrica de casas y estructuras de madera con sus largas "piernas" expuestas al aire. Abajo, el suelo seco se convierte en un espacio comunitario dónde los niños juegan, los cerdos pastan y las mujeres reparan a las sombras las extensas redes de pesca.
Sin embargo cuando llega la temporada de lluvias (de mayo a octubre), el lago se expande de un día para el otro, triplicando su tamaño. Las aguas pueden crecer hasta 10 metros y es aquí cuando el pueblo se transforma por completo, y es que las plantas bajas de las viviendas se convierten en sus muelles, y la única forma de moverse de un lugar al otro es en bote.
La pesca es sin duda el motor económico del pueblo de KomPong Khleng, y el olor a pescado seco y a Prahok (la pasta de pescado fermentado típica de Camboya) se mesclan con el del combustible mal quemado de las lanchas e invaden la atmósfera del lugar. Todo el pueblo vive por y para el lago. La vida aquí transcurre a un ritmo tranquilo pero incesante .
En la parte firme del pueblo nos subimos a una de las embarcaciones típicas de la zona. Navegando por las aguas muy poco profundas de los canales de KomPong Khleng uno va presenciando en el lago y en sus orillas una coreografía perfecta de la adaptación humana a sus diferentes entornos.
Más allá de las casas sobre palafitos, adentrándose en las aguas se llega hasta el lago Tonle Sap, y allí dónde el cielo y el agua parecen besarse, se encuentra una verdadera comunidad flotante (principalmente de origen vietnamita). A diferencia de las otras, estas son barcazas que van flotando y cambian de lugar acorde a la crecida o bajante del lago. La comunidad tiene escuelas y hospitales flotantes. Incluso templos.

Resulta esta una muy linda escapada para hacer desde Siem Reap una vez recorridos sus famosos templos.


jueves, 11 de junio de 2026

La Catedral de St Sava en Belgrado

Nuestro segundo día en Belgrado amaneció con un sol pleno, radiante y generoso, así que caminamos la veintena o treintena de cuadras que nos separaban de uno de los templos ortodoxos más impresionantes del planeta: la Catedral de St Sava. Desde lo más alto de una gran planicie a 134 metros de altura, no pasa desapercibida. Y esa era la idea en un primer lugar.

De lejos se veía como una gran mole blanca, pero a medida que nos fuimos acercando lograba sorprender primero por su escala exterior y pulcritud del conjunto, y luego magnetizar con su imponente fachada de mármol blanco resplandeciente que obligaba a entrecerrar los ojos.

En 1894, en el 300 aniversario de la quema de las reliquias de San Sava por parte del Imperio Otomano se decide conmemorar al Patrono de Serbia con un monumento que sea el mas grande de la ciudad.
Cuarenta años más tarde pudieron dar inicio con las primeras partes de la construcción que se detuvo con la Invasión a Yugoslavia por parte del Ejército Alemán en 1941. Los alemanes utilizaron este espacio como estacionamiento, y lo mimo hicieron más tarde el Ejército Rojo y el Ejército Popular Yugoslavo. Mientras tanto la Catedral de St Sava seguía inconclusa por décadas y décadas.
Si ya desde el exterior la Catedral de St Sava (inspirada en Hagia Sofía, en Turquía) logra impresionar, a veces uno no está preparado para lo que aguarda el interior del templo del otro lado de su puerta. Es como entrar en otra dimensión, en un club de muy pocos miembros.
Nada te prepara del todo para entrar a St Sava. Si por fuera es monumental, en el interior uno entiende el concepto de grandiosidad, y es que los trabajos en sus interiores corta la respiración por su asombroso trabajo.
Cada vez que uno eleva a la vista a la cúpula y se encuentra con la colosal figura de Cristo, rodeada de un diseño tan bello y espectacular, y de una precisión milimétrica, es un silencio absoluto, especialmente para quienes gustamos del arte bizantino moderno, pues aquí alcanza su máxima expresión.

La sensación de amplitud que uno siente dentro de San Sava es sencillamente sobrecogedora como en pocos templos en el mundo. El domo está suspendido a 64.8 metros del suelo y la catedral mide 91 metros de largo y tiene 81 metros de ancho. En su parte exterior más alta alcanza los 78.3 metros de altura.
Los trabajos en el interior del templo comenzaron recién en 2016, más de un siglo más de lo planeado. Con un coste superior a los 100 millones de Euros lograron por fin terminarlo en plena pandemia durante 2020.
Prácticamente cada centímetro cuadrado de las paredes y bóvedas está cubierto por millones de teselas diminutas de vidrio y de oro. Los vidrios altos permitían que se filtre la luz solar devolviendo un brillo dorado que envolvía todo el espacio de una atmósfera celestial y cálida.

El descenso a la cripta es otra revelación. Si la nave superior asombra por su gran altura y volumen, este espacio subterráneo deslumbra por su opulencia y detalle. Fascinan los techos profusamente decorados al estilo de los antiguos monasterios serbios y lámparas de araña que parecen sacadas de un cuento dinástico. Esta cripta que abren de tanto en tanto se siente como un verdadero y deslumbrante tesoro bajo tierra.

Sentarse en uno de los bancos laterales a mirar a los fieles fue un punto cúlmine de la tarde. Salir a las soleadas calles de Belgrado había dejado una certeza, y es que este segundo día en la ciudad ya se había convertido en un recuerdo imborrable del viaje, y es que San Sava no es solo un logro de la arquitectura o un monumento histórico que sobrevivió a décadas de interrupciones y desafíos.


sábado, 23 de mayo de 2026

La confluencia entre el Sava y el Danubio

 Hay un punto exacto en Belgrado dónde la historia de Europa de divide y se abraza al mismo tiempo, se trata de la confluencia entre el imponente río Danubio y el Sava que trae sus aguas desde las montañas de Eslovenia

Si visitas Belgrado, la capital de Serbia, no es una mala idea realizar algunos de los muchos paseos lacustres que ofrece la ciudad, y que por lo general parten desde los muelles de Sava Mala (cerca del moderno complejo de bares y restaurantes Belgrade Waterfront).
Los hay de varias duraciones. Los barcos casi siempre tienen una terraza para disfrutar de las vistas y de la fresca brisa que siempre regala el Danubio. Allí venden productos de cafetería y bebidas, y en algunos se puede incluso cenar.
Apenas nos vamos alejando de la orilla podemos vislumbrar la silueta cada vez más lejana de la Fortaleza de Kalemegdan, alzándose imponente sobre lo más alto de un acantilado, y comprender por que este punto fue una de las posiciones militares más codiciadas del continente, y por que fue tan pretendida por romanos, otomanos y más tarde por el Imperio Austrohúngaro. 

En el camino se cruzan algunos Splavovi, que son discotecas flotantes con gran ambiente por las noches, como lo tiene toda la ciudad.
No hay mucho para ver, esa es la verdad. Al menos en el crucero que tomé yo.

Se pasa por debajo de dos o tres puentes dónde se pueden apreciar las construcciones más modernas de Belgrado, una ciudad que, vista desde tierra o desde el agua, siempre parece estar en obra. 
Una de las noches que pasamos en la ciudad vinimos a comer a un restaurante en esta zona, que ciertamente destaca por sobre otras en la ciudad. 

Entre los edificios que se pueden apreciar desde el barco se encuentra La Torre de Belgrado, cuyo nombre oficial es Kula Belgrado. El rascacielos de uso mixto tiene 40 plantas y alcanza los 168 metros de altura. Fue diseñado por el mismo estudio que construyó el Burj Khalifa en Dubai.
A excepción de la torre de televisión de Belgrado, y de algunos edificios de Turquía, Kula Belgrado es el edificio más alto de los Balcanes.

Frente a la confluencia de los ríos se despliega Veliko Ratno Ostrvo, la Isla de la Guerra Gran. Esta isla está deshabitada y sólo funciona como una reserva para pájaros. 
Al frente de la isla se encuentra la confluencia entre los ríos Sava y Danubio. Uno puede notar la diferencia de color y espesura de las aguas. En este punto se cruzaban dos mundos, ya que este punto era la frontera entre el Imperio Otomano y el Imperio Austrohúngaro. Acá es más fácil entender por qué Belgrado fue destruida y reconstruida más de 40 veces.


domingo, 26 de abril de 2026

La mezquita más bella de Ashgabat

 En el centro de Ashgabat hay una gran mezquita que es uno de los tantos monumentos emblemáticos que tiene la inigualable capital de Turkmenistán, y la más grande e importante de la ciudad. Se trata de la Mezquita Azadi, cuyo nombre formal es Mezquita Ertugrul Gazi.

Su diseño está inspirado en al Mezquita Azul de Estambul, y no tiene nada que envidiarle. De hecho fue un regalo del gobierno de Turquía para simbolizar los lazos de amistad entre las dos naciones. Construida enteramente en mármol blanco, como tantos otros edificios en Ashgabat. Cuenta con cuatro minaretes altos y una gran cúpula que puede admirase desde kilómetros a la distancia.
Durante su construcción en 1998 (solo 8 años más tarde de la independencia de Turkmenistán) murieron varios obreros y arquitectos, por lo cuál hay una leyenda local que dice que la misma está maldita.
En su lujoso interior puede albergar 5.000 personas y emula el estilo otomano clásico en sus paredes y vitrinas. También en su impecable alfombra acolchonada.
La mezquita está dedicada al padre fundador del Imperio Otomano, Osmán I. Me pareció una belleza, especialmente por dentro. Pudimos recorrer sus entrañas y subir a sus balcones antes de seguir camino a los mercados de la ciudad.


domingo, 8 de marzo de 2026

Las cuevas de Pac Ou

 La mágica ciudad de Luang Prabang había amanecido bajo un espeso manto de niebla. Cuando hubo despejado nos acercamos al mítico río Mekong para hacer una navegación de dos horas hasta las Cuevas de Pac Ou, un santuario de Buda muy popular en Laos situado a unos 25 kilómetros al norte de la Capital espiritual del país.

En un barco con capacidad para 20 pasajeros, partimos solo cinco, incluyendo al simpático capitán y su amable mujer de breves apariciones. La navegación hasta las cuevas se hace en contra de la corriente del río Mekong (el octavo río más largo del mundo), por lo cuál el viaje de ida hasta las cuevas demanda unas dos horas. 
Durante el trayecto se puede apreciar un poco de la vida rural de Laos, con escenas que incluyen  pescadores trabajando con redes, olor a combustible mal quemado, mujeres lavando ropas a la vera del río, y verdes acantilados sobre montañas de roca kárstica.

Era mi segunda visita a Laos y en la primera oportunidad, diez años atrás, recuerdo que había evitado visitar este sitio, pero estaba viajando en solitario y la dinámica del viaje era otra. En esta ocasión viajaba junto a mi madre y hermana, y al fin y al cabo por qué no darle una oportunidad a estas famosas cuevas.
Las Cuevas de Pac Ou se encuentran incrustadas sobre la roca en un escarpado acantilado en el margen izquierdo del mítico río Mekong, justo cuando este se cruza con el río Nam Ou.
Comprobaremos al llegar que las cuevas se dividen en dos niveles.

Al llegar descendimos en un pequeño muelle y visitamos Tham Ting (o sea la cueva inferior). Por momentos siento que el santuario puede ser interesante. Pronto cambiaría de opinión.
Allí coincidimos con decenas de turistas que ralentizaban la experiencia. En especial a la hora de subir las escaleras.
Esta primer cueva está iluminada naturalmente y es muy accesible.

Una vez dentro encontraremos literalmente miles de figuras de Buda de todo tamaño y color, y en ello radica lo que sería el atractivo del sitio.
Por una escalera más pequeña y angosta se accede a Tam Theung, la cueva superior, que a diferencia de la primera es muy oscura y requiere del uso de linternas, lo cual crea cierto misticismo.

Lo cierto es que no vale la pena conocer el sitio en si. Lo que hace que este sea un programa agradable es la navegación por las aguas del río Mekong, y las bucólicas vistas que regalan sus márgenes.
La vuelta, ayudada por la corriente a favor es mucho más rápida que la ida, por lo que pronto nos espera Luang Prabang, quizás la ciudad más bonita del Sudeste Asiático.


sábado, 28 de febrero de 2026

La Puerta del Infierno

Quisiera escribir que el Cráter de Darvasa es un lugar en el mundo que parece arrancado de una pesadilla de Dante, pero estaría faltando a la verdad. No obstante, este espectáculo de fuego eterno termina siendo uno de los destinos más surrealistas del mundo.

Al Cráter de Darvasa se lo conoce como "La Puerta del Infierno". Se encuentra ubicado en Turkmenistán, en el medio del Desierto de Karakum, el décimo más extenso del planeta. A diferencia de los volcanes, el cráter surge como un error humano que no tardaría en convertirse en una leyenda, así que tenía cierta curiosidad por conocer este sitio.

Con mis amigos conseguimos la carta de invitación (LOI) para visitar Turkmenistán (el segundo país más cerrado del mundo, solo atrás de Corea del Norte), así que como parte de nuestro viaje por La Ruta de la Seda, decidimos entrar al país desde la frontera de Shabazz, cercana a Khiva, en Uzbekistán. Luego de caminar la "tierra de nadie"  solo restaba esperar nuestra suerte en el puesto migratorio de Turkmenistán, en dónde coincidimos, y por única vez en todo el viaje, con otros turistas. El silencio en la sala de espera solo era interrumpido por algún breve murmullo de tanto en tanto. Como cosa de no creer fuimos llamados de a uno a una sala dónde un hombre de delantal blanco procedía a hacer un hisopado por COVID, y estamos hablando de finales de 2025. Inentendible.
Finalmente logramos superar los trámites migratorios y fuimos recibidos por un guía (obligatorio cuando en Turkmenistán) y dos camionetas 4x4 son sus respectivos conductores. Era momento de cruzar el Desierto de Karakum hacia "La Puerta del Infierno", en dónde haríamos nuestra primer noche en este exótico y singular destino.

Tras un temprano y más que decente almuerzo en la ciudad de Dasoguz (245.000 habitantes), bien pegado a la frontera norte del país, nos dividimos en las camionetas y dimos inicio al cruce del desierto. La salida de la Dasoguz fue rápida, y con el correr de los kilómetros el pavimento fue desapareciendo, dando lugar a carreteras de arena con grandes pozos que obligaban a bajar la velocidad y zigzaguear, muchas veces alejándonos varios kilómetros de la traza principal de esta ruta detonada y sin uso, pues no va a ningún sitio. El viaje desde la frontera norte es francamente insoportable. 
Finalmente llegamos al cráter apenas caída la noche. Nos acercamos al borde y comprobamos que no es un cráter silencioso, que son muchos los fuegos, algunos eternos y otros ocasionales, y que cada tanto hay ráfagas de calor que se estrellan contra nuestra humanidad recordándonos que estamos ante la mismísima Puerta del Infierno
Corría 1971 cuando un equipo de ingenieros soviéticos hacía exploraciones en la zona en busca de petróleo, cuando accidentalmente perforaron una gran caverna de gas natural. El suelo cedió y la tierra se tragó la plataforma de exploración creando un cráter de unos setenta metros de diámetro, y veinte de profundidad.
Para evitar que el gas metano pudiera llegar a las ciudades, a los ingenieros se les ocurrió una "solución" temporal que consistía en prender fuego el escape de gas, creyendo que en unos días este se iba a consumir, pero lo que nadie ciertamente pensó, es que por la enorme cantidad de gas, 50 años más tarde el Cráter de Darvasa seguiría ardiendo con la misma intensidad que en el pasado.
Tras las fotos y videos de rigor, nos dirigimos al comedor del campamento establecido a unos 150 metros del cráter. El cansancio era generalizado, pero yo estaba muerto de hambre. Comimos una gallina muy flaca acompañada de tomate y jugo de granada. Ya pronto estábamos listos para ir a las carpas. Iba a ser una noche larga bajo las estrellas del desierto turkmeno.
Como aquí no hay agua, como medida de higiene la gente del campamento otorga un kit con sábanas de papel que utilizaremos como aislante entre nosotros y las bolsas de dormir que nos prestan. En mi caso dormí completamente vestido, con campera, guantes y gorro y me pasé la noche temblando del frío.
A la mañana siguiente volvimos a pasar por La Puerta del Infierno, que como es de esperar, se ve menos espectacular que durante las noches. Nos acercamos a gozar del calor que emana el cráter: Todavía a esa hora hacía un frío espantoso en el desierto.
Un silencio profundo reina en el ambiente mientras asoma el sol y regala postales. Vaya primer impresión del país. Expectante estábamos todos. Desde aquí continuaríamos camino hacia la capital Ashgabat, una de las ciudades más raras del mundo.
En el camino frenamos en otros dos o tres pozos, así como pudimos divisar una cierta actividad en esta zona rica en hidrocarburos. Turkmenistán tiene uno de los yacimientos de gas más grandes del mundo, muchísimo petróleo y se sabe que resta mucho aún por descubrir. el futuro es sumamente alentador, y tiene a China como su más importante socio. 

Este día pudimos comprobar que la ruta que va desde el Cráter de Darvasa hacia la capital Ashgabat está muy bien mantenida y la velocidad de rodaje es muy superior a la que tomamos nosotros cuando ingresamos desde el norte.

La leyenda continúa.