viernes, 29 de marzo de 2013

Un mes en Cuba

La verdad que el viaje a Cuba surgió de casualidad. Resulta que caminaba por el microcentro de Buenos Aires a media mañana de un día de mayo. Pasé por la puerta de una casa de turismo mientras andaba a paso ligero, pero sin apuro. Retrocedí hasta la vidriera y me quedé mirando los paquetes turísticos. La adrenalina comenzaba a correr en mí y terminé dentro del comercio.

Me senté frente al vendedor que abría frente a mí una enorme carpeta llena de destinos, y comencé a oírlo, cuando al minuto y medio lo interrumpo para preguntarle:

- " ¿A donde me puedo ir HOY?  Esta misma noche ¨

Nervioso trajo otras carpetas y comenzó a enseñármelas.

Mientras tanto llamé a un amigo mío que está loco. Le propuse salir esa misma noche de viaje y que podía elegir entre Cuba, Jamaica o Costa Rica.
Resultó que Cuba era el destino que más nos apetecía y arreglé un viaje mitad agencia mitad por libre que comenzaría en menos de ocho horas.

Me restaba lo más importante. La herramienta para pagar mi viaje: "El vil metal". Un problema a solucionar mas adelante.

Tras los pasos migratorios nos encontrábamos ya sentados en el avión con destino a Panama City en la que dormiríamos para salir nuevamente a Cuba, con  escalas en Holguín (El Cerdo) y Santiago, antes de llegar a La Habana, su actual capital.

Toda esta primer parte del viaje ya la teníamos arreglada con una agencia y no escatimamos demasiado en gastos. Por lo menos en comparación a lo que sería la segunda parte del viaje.

Entramos a la isla sin sello alguno en nuestros pasaportes, y así salimos también. Esto te lo ofrecen los Cubanos (o lo hacían en ese momento) para evitarle a los turistas inconvenientes en otros destinos como USA. Mejor dicho, para no tener problemas en USA.

El día se presentaba perfecto y en una camioneta tipo FBI llegamos al Hotel Nacional (estatal) que de inmediato nos sorprendió con su arquitectura y la belleza de sus jardines con esos cañones que supieron defender a la isla y hoy son Patrimonio Mundial de la Humanidad (Unesco).
Nos presentamos en recepción por las llaves y demás. Teníamos suerte. Nos había tocado un cuarto en los pisos altos.

Por un viejo ascensor, de esos típicos Art Decó que marcan los pisos con agujas, llegamos a nuestro cuarto. En la puerta ya esperaban dos maleteros con nuestro equipaje.

Los cuartos eran gigantes con dos camas matrimoniales bien separadas, escritorios,mesas y una vista increíble sobre el Mar Caribe. Vaya forma de empezar las vacaciones.
Enseguida salimos a las calles a ver que primera impresión nos causaba Cuba. Algunas plazas cerca, el malecón y el mar golpeando las piedras sin que se vean playas de arena a la vista.
Es increíble como te sacan la ficha.

-"Eh, Argentino!"

Enseguida intentaban venderte habanos. Como no pueden hablar con los turistas van cruzando de vereda o haciendo lo que sea necesario para no llamar la atención de las autoridades.

Recomendados por un local fuimos a parar a un Paladar (casas de familia que cocinan para uno) en el que comimos un pavo con el siempre presente arroz Congri (arroz con porotos negros, cebollas, morones y especias). Lo invitamos también al que nos mostro el Paladar.
Ese fué nuestro único problema en la isla. Quisieron cobrarnos USD54 por los platos cuando hubiéramos gastado la mitad o menos comiendo en nuestro hotel y un tercio en cualquier otro lugar. Para colmo había salido solo con USD20 y el pasaporte.
Nos estafaron. Lisa y llanamente. Caímos en la típica trampa para turistas.

Había olvidado mi cepillo de dientes en Panama City. Visité varias tiendas hasta que dí con una farmacia. El mobiliario era espectacular, las vitrinas de ensueño. Frascos antiguos erguían de alguno de los muchos estantes, todos vacíos. Contaba con muy pocos productos y ni siquiera pude conseguir un simple cepillo de dientes o preservativos.

El sol penetró con fuerza las ventanas con las cortinas abiertas de nuestra habitación. Un suculento desayuno nos esperaba lleno de las más ricas frutas tropicales, y las típicas cosas que siempre encontramos en grandes hoteles internacionales, y que tanto disfrutamos cuando viajamos.

Para ese día ya teníamos pautado un encuentro con un profesor de historia que nos haría de guía por los diferentes barrios de la ciudad.

Un Lada 1600 nos buscó. Era nuestro guía acompañado por su novia Iris y también por el dueño del auto que se llevaba una tajada. Nos acomodamos los 5 en la nave Rusa y partimos hacia lo mas antiguo de Villa de San Cristobal de la Habana.

Empezamos por la vieja Plaza de Armas, el viejo corazón de la ciudad. Muy lindo el ambiente y la calidad de su patrimonio edilicio.
El viejo fuerte con sus gruesas paredes corona la plaza de armas y allí esta emplazado el Castillo Real. Una ubicación poca estratégica, pues no sirvió para repeler la invasión por parte de los Ingleses en siglos pasados.

Vimos también el bien custodiado tanque con en el que Fidel Castro tomó la ciudad de La Habana.

Tras mojar nuestros hocicos con unas cervezas que sabían a medicina, seguimos rumbo al Capitolio que es una réplica del de Washington. Lo visitamos justo antes de su cierre.
Dos estatuas de leones dominan la plaza frente al capitolio. Allí me subí para sacarme una foto y fuí echado por un policía que circulaba la zona y amenazaba con meterme preso.

Seguimos conociendo las historias que esconden los rincones de la Habana Vieja y nos despedimos hasta el día siguiente de nuestro atento guía.
Volveríamos con tiempo solo para las iglesias y conventos de esta parte de la ciudad en cualquier otro momento.

Ya solos y con la noche llegando nos metimos en el famoso bar "Floridita" , creador del Daikiri. Uno de los bares más famosos del mundo que está cerca de estar abierto hace 200 años. Se dice que aquí escribió Ernest Hemingway su clásico "Por quien doblan las campanas".
Claro que nos tomamos unos Daikiris y todos estaban bien.

Ya arrancados, caminamos hacia el segundo gran clásico de la isla, "La Bodeguita del Medio" , creador del "Mojito" y que como tantos otros bares en el mundo, también contaba con Hemingway entre sus filas de famosos clientes. El bar tiene todos sus paredes y techos pintados por sus visitantes así que tembién buscamos un lugar y dejámos estampado nuestro nombre para ver en una próxima visita. Esta vez cuando caiga el régimen de Fidel Castro.
Varios kilómetros nos separaban del Hotel Nacional, pero no podíamos perdernos si íbamos por la costanera (el Malecón) hasta ver la mole del edificio estatal.

Pasamos por "La Guapería" ,  que parece ser el lugar en donde moran los guapos. Aquí todo el mundo anda lanzando amenazas, pero por suerte es solo "de la boca para afuera". Un modo de vida. Un foklore local, o idiosincracia del barrio.

Faltando todavía una docena de cuadras nos montamos a una Guagua para terminar el recorrido. La Guagua, Camello o Dromedario es un gigante bus que te lleva por solo un par de centavos.

Esa noche nos vestimos decentemente y subimos unos pisos hasta el Cabaret del hotel donde tomamos los primeros Mojitos y repartimos algunos pasos de Salsa que cada vez nos saldrían con más facilidad.

Al día siguiente caminamos hacia el oeste, la zona en donde están algunas universidades. Los edificios son espléndidos y las clases están impecables. La educación que es pública y gratuita funciona muy bien en la isla en donde casi no hay analfabetos.De hecho hasta ese momento, todos los Cubanos que conocimos eran universitarios. Incluso algunas ¨Jineteras¨ (putas) con las que cruzamos palabras.

Nuestro nuevo amigo Albertico nos llevó a comer a lo que los Cubanos llaman "Rápidos". Varias alitas de pollo, algunos vasos de jugo tropical, una taza de cacao del más rico por USD5. En Cuba corren tres monedas: El Dolar Americano , el Peso Cubano y el Peso Cubano 1a1 (Peso Turista).

Era la época de Elián, el niño balsero que llegó a Miami en el 2.000 y causó gran revuelo en los medios. Las noticias no paraban de hablar del tema y el gobierno Cubano hizo lo que pudo para sacar provecho de la situación y popularizar el conflicto.
Las noticias en la isla  están todas controladas por el gobierno, y si bien había CNN esta solo pasaba malas noticias que le hacían pensar al pueblo, lo enfermo del mundo allá afuera.

Elían nos tenía las bolas por el suelo.

Era muy difícil, si no imposible, acceder a Internet. Si lo lograbas tu mensaje iba a ser primero filtrado y luego enviado.
La mayoría de los cubanos no conocían Internet por esas fechas y salvo por los turistas no tenían esa posibilidad de contacto con el mundo exterior.

El pueblo se durmió en la década del 50 y desde que dejó de recibir ayuda de la ex URSS no hay mucho para hacer más que esperar la ración de comida regalada por el estado.
La gente está jugando al Dominó mientras docenas observan. Otros charlan y cuatro más hunden su cabeza en el vano motor de un viejo Buick destartalado.

Ya teníamos amigas. Yesica, Yaquelin, Yolanda, Yacki. También lo teníamos al Albertico y habíamos conocido un Usnavy (por U.S. Navy).
Perdimos el desayuno e hicimos un tour por el hotel. Allí vimos fotos de muchos famosos que también se alojaron en este hotel. Estaba Al Capone, Frank Sinatra, Winston Churchill, muchos otros jefes de estado, Nat King Cole, Jean Paul Sartre y Marlon Brando. Al rato recorrimos los búnkers que habían hecho durante "La crisis de los misiles", en los años 60.

Luego esperamos un rato en el lobby  a que vengan a llevarnos a Varadero. En unos mini bus ibamos una veintena de turistas. Un viaje que nunca llego a hacerse largo. Bajamos en los distintos hoteles.
El nuestro era muy Kitch pero completo, con varias piletas, bares y una enorme playa enfrente.
Los tragos en Cuba son muy fáciles y cada tarde reinaba una atmosfera etílica en las instalaciones del hotel.

El aire se templó y comenzó a hacer frío. No había traído abrigo. Las banderas coloradas flameaban en el mar prohibido y el agua de la ducha dejó de salir caliente.

Los días pasaban, el tiempo no mejoraba y ahora tampoco podíamos tirar la cadena del baño.

Conseguí luego de quejarme que nos dieran una segunda habitación gratuita.
El sol por fín salió y pudimos meternos por primera vez en las cálidas aguas de su mar. Una pileta gigante y muy poco profunda.

Estos días negros a puro hotel nos habían enamorado. Yo perdí la cabeza varias veces en este viaje. Primero con esta Chilena a la cual visité en su Valparaíso natal meses más tarde. Juan fracasaba en su intento de raptar a una música que lo había enamorado.

Para ese entonces eramos los reyes del hotel. Ya casi parecía que todo giraba alrededor nuestro. La fiesta no paraba, los vasos estaban siempre a tope y el sexo a cada rato que guiñaba un ojo de cerca.

Nosotros, al mando de toda la troupe del hotel, íbamos  a ¨La Rumba¨ a ostentar los pasos de baile aprendidos. Gran boliche. Muy bien puesto y con la sangre suficiente para gustar al más mentado.

Al día siguiente hice Kayak y el hombro me dolía. Evité al partido de water polo y apunté directamente al restaurante Mexicano, más sofisticado que otros, Nunca fallaba.

Los amigos que habíamos cosechado estos últimos días se volvían a sus países de origen.

Varios ¨Crazy games¨. Más Karaoke. Más risas. Un aplausómetro medía cada noche nuestra pasión.

Otra vez boliche, el centro de la escena. La gente copia los pasos que aprendimos en el hotel. Derroche de energía, pérdida de peso y una constante risa que acompaña nuestros rostros. Un rato después, el boliche entero copiaba nuestros pasos mientras reinaba la felicidad total por quince minutos sino más.

Los taxis querían aprovechar la salida de gente y a 140 kms /hora nos devolvían a los hoteles.

Los días pasaban a puro alcohol, sexo y fiesta.

Un día caminábamos por un arroyo cuando dimos con un ladrón de habanos (uno de tantos). Estabamos negociando un precio cuando la policía que merodeaba nos jugó a favor y bajó nuestra caja de "Montecristo" a USD 10 cuando en cualquier o otro lugar cobran una base de USD 174. Gran negocio, y nosotros que recién estábamos experimentando con este nuevo mundo.

Compartíamos las noches con madre e hija Colombianas y una Argentina del Opus Dei que no nos bancábamos mucho, pero aguantábamos entre todos, pues estaba sola.

Al día siguiente alquilamos unos scooters para ir a una cercana feria a 14 kms donde compramos algunos recuerdos para regalar. Volvimos agazapados a 100 kms/h sobre un pavimento sin imperfecciones.

Quisiera ser más acuático, pero no lo soy, y en esas jornadas me obligaba un poco a curtir el mar, que dificilmente esté más caliente que esa zona del Caribe. De noche los mismos juegos y concursos, siempre divertidos. Los platillos que ya conocíamos de los restaurantes y la noche que terminaba de moldear nuestras alegrías.

Más días amanecían con torneos de arco y flecha y frutas jugosas, los mismos bailes y juegos por las noches, y nuestra ducha caliente que seguía sin funcionar, por lo cual ocupábamos dos cuartos.
Las mismas noches, los mismos bailes y un bar que ofrecía por vez última sus ricos tragos antes de terminar la experiencia all inclusive.

Cuba, la verdera

Para ese entonces, cuando quisimos continuar nuestro viaje estábamos sin una moneda, pero siempre teníamos la posibilidad de bajar drásticamente nuestros gastos.

Ideamos nuestro viaje a seguir ya que estas ganas surgieron ahí mismo y no estaba en los planes de ninguno.
Tras correr el pasaje, decidimos seguir hacia la ciudad de Trinidad. Haríamos "dedo" (autostop) como en las viejas buenas épocas.

¿Pero se puede hacer dedo en Cuba?

Claro que si. Nos largamos en la ruta y casi sin esperar nos subimos a un auto que iba hacia la ciudad de Santa Clara, a mitad de camino.Todos de buen humor nos invitaron a subir. Eramos siete y viaje sentado arriba de mi amigo mientras nos conocíamos con el resto que estaba fascinado con nuestra acertada desición de seguir recorriendo la isla mas grande del Caribe.

Tres mujeres y un hombre bajaron en una plaza. Preguntamos como seguir, aunque ya era un poco tarde para mandarse a la ruta otra vez.
El conductor nos invitó a la casa de sus primos. A cambio de USD 10 podríamos dormir y comer y el nos acercaría a un punto, regulado por el estado, en el que nos iban a asignar algún vehículo compartido hacia Trinidad. Aceptamos.

En la casa eran multitud y se ve que estaban acostumbrados a recibir ocacionales huespedes pues a nadie le llamo la atención nuestra presencia. Unos actuaban de modo casi profesional, ofreciendo agua o algo, y los otros estaban en cueros escuchando la radio y mordiendo un palito.

Cuestión que nos terminamos quedando tres días en Santa Clara.
Recorrimos la Plaza de la Revolución en donde vimos la escultura del "Che" Guevara, y un mausoleo que habían inagurado hace poco en donde descanzan sus restos. Resulta que el comandante tomo esta ciudad un diciembre de 1958 durante la revolución contra el régimen de Batista.

Nuestros nuevos amigos nos paseaban por el lugar y nos contaban todo de el. Su pasado ganadero, las épocas de gloria con la caña de azucar, los Españoles y la revolución, claro. Tema omnipresente en Cuba.
Nos venía gustando mucho Santa Clara y sus bonitas edificaciones. Era la antesala perfecta para Trinidad.

Al día siguiente nos llevaron a conocer Cienfuegos. En el camino levantamos gente y llegamos primero a un gran lago en donde caminamos brevemente para seguir hacia la plaza de armas, la principal de la ciudad. Allí había un arco del triunfo, un gran teatro y un entorno muy fotográfico, y nosotros que no podíamos conseguir rollos para la maquina ya que era en la era pre digital, o por lo menos para nosotros. Tendría que quedar todo guardado en nuestras retinas.

Llegó el día de seguir hasta Trinidad, y tal como nos habían dicho nos llevaron a estos lugares en donde un agente regula a los autostopistas y organizan que cada uno vaya llegando a donde necesitan. El estado metido en todo, pero funciona decentemente.

Varias horas después, a media tarde nos encontrábamos llegando a Trinidad.


(continuará)