domingo, 26 de mayo de 2013

Una puntería bárbara

Finalmente conseguí alquilar una camioneta sin tener registro (explicación). Caja manual, volante a la derecha, y el botón del tanque de combustible tan escondido, que cuando hizo falta la primera vez fue difícil encontrarlo.

Mi segundo hotel en Johannesburgo estaba en un especie de complejo, o barrio cerrado, y antes siquiera de salir a la calle ya le había marcado las dos llantas del lado izquierdo subiendo sin querer a las veredas. Un bestia, pero lleva unos minutos acostumbrarse al volante en "el otro lado".

Me familiarice con el GPS que era un TomTom, y no un Garmin, que es el que uso, y arranqué hacia el sur del país, mas precisamente a la ciudad de Durban, tercera en población y el puerto mas importante del continente africano y del país.
Nos separaban 600 kms, y todo un espléndido día para recorrerlos.

Las autopistas Sudafricanas están en impecable estado y las rutas secundarias que tomé en buena parte del recorrido llenas de cráteres poco amigables.

Los tipos se toman muy en serio el tema de la seguridad vial y la máxima velocidad nunca supera los 120 kms/hora, regla que trate siempre de respetar.

Hice dos o tres paradas en pueblos de el camino, y apuré por el autopista hacia Durban.

Eran tres carriles. Yo venía por el rápido, es decir el de la derecha, ya que se maneja al revés. De golpe veo un operativo policial que había cerrado los dos primeros carriles y una docena de policías parados sobre la cinta asfaltada, hicieron señas como para que pare inmediatamente.
Disminuí la velocidad. Doblé frenando para la izquierda, y cuando miro por el espejo retrovisor quise pensar que no era a mí a quien paraban.

Baje de quinta a tercera, con mi mano izquierda ya mas acostumbrada, y seguí pillo en dirección a  Durban en un no tan rápido pero seguro escape.

En el peaje pude ganar un poco de tiempo, ya que entre las colas de autos, habían abierto una nueva casilla de cobro y pude llegar primero. Pague justo y arranqué rápido todavía pensando en la policía.

Pasaron varios kilómetros y minutos. Ya me había olvidado del tema, cuando varias luces potentes iluminaron mi espejo retrovisor, y observé  un patrullero se acercaba hacia mí a enormes velocidades. No tardo en alcanzarme. Se me puso al costado, y casi me pecha hacia la banquina para que frene. Eso hice, claro.

(Uy, la cagué!)

El oficial de policía estaba todo transpirado y de muy mal humor. Bajó del moderno bólido y se acercó a mí con una mano encima de su pistolera desabrochada. Yo puse mis manos bien visibles por arriba del volante, hasta que me ordenó bajar del vehículo.

Me retaba (con justa razón) por no haber frenado, y peor, haberlo hecho subir al auto para perseguirme kilómetros por la autopista, según el, poniendo en riesgo a terceros.
Que era el fín de mis días, que lo iba a tener que acompañar a la estación para que me dieran multas varias, que jamás iba a volver a manejar,  y no se que más.

Todavía no me había pedido el registro. Ups.

Yo permanecía parado con el pasaporte y mis papeles incompletos en una mano, mientras le pedía disculpas por no haberme detenido. Ya estaba en el horno, y la situación solo podía empeorar.

Había conseguido la falsa denuncia prometiéndole al oficial de turno que no manejaría en Sudáfrica. Me había dejado bien en claro que no tenía valor para manejar en Sudáfrica, y probablemente en países vecinos, pero me la dio, pues ese ya no era su problema.

El agente tenía bigotes largos hasta la pera, y ambos brazos tatuados con diseños tribales de color negro, que podía ver, ya que llevaba una camisa de mangas cortas.

- "What are you doing here in Durban, sir?"

Le explique que estaba recorriendo el país, de vacaciones por unas semanas antes de apuntar hacia otros destinos.

Mientras seguía pidiendo disculpas el tipo me pidió el registro, que, como harto expliqué no tenía. Subí como acostumbrado al lado izquierdo del auto (donde esta el volante en casi todos los países) y me sente en el asiento. Esta vez iba a tener que pagar por mis errores.
Cuando el oficial se acerca a mi ventana le pregunto si había mas peajes en lo que me restaba del camino a Durban. No había.

Acostumbrado a policías corruptos, me tiré un lance preguntándole si no podía "pagarle" a él la multa así nos evitábamos perder todo el tiempo que suponía esperar a una grúa (y quien sabe que otro castigo por no tener la documentación necesaria). Todavía no había mostrado nada.

- "How much money do you have?" - me pregunta
Not much. R190 (unos USD25)
Enseguida yo agarro la plata y sin sacarla del auto, o sea donde nadie podía ver, se la pongo en la mano.

- "I don´t know what to do", - me dice sin sonrojarse.

Para hacer corto el cuento, me salí con la mía. No mostré un documento, y pude seguir mi camino.
Esa estuvo cerca. Mi cuerpo libre comenzó a transpirar y me mantuve lento en el carril del medio, manejando manso hasta que llegué a la ciudad.

No tenía reserva alguna, primero por que rara vez las tengo,  y segundo porque Durban es un destino vacacional y hay miles y miles de camas. Tampoco una dirección hacia donde apuntar, por lo que busqué estar cerca del mar aprovechando de que se trata de una ciudad costera.

Pase por un township (villa) pegada a la ciudad. La noche caía mientras veía como catzo salir vivo de ahí, y apuntar hacia el mar, en donde están los hoteles.

En la promenade había no menos de 30 torres de hoteles. Muchos horribles y muy venidos abajo, y otros mas tipo torre, todo muy onda SoBe en Miami. Mucho Art Decó y colores tropicales.
Elegí desde afuera los que me gustaban, pero no conseguí cuarto en ninguno. Seguí con los feos pero tampoco tenían lugar.

Que está pasando?

La ciudad estaba llena de gente en sus calles. Mucho ruido. Mucho borracho en el medio de la calle. Autos por todos lados. Negros pintados de blanco, como con harina. Indios. Muchos indios.

Pase por un estadio y a juzgar por el ruido que sentí desde afuera, la cancha estaba llena.
Tampoco tuve éxito en el Casino cercano. Ya era de noche y me maldecía por esa costumbre que tengo de viajar sin reservas.

Entré a no menos de 40 hoteles. En serio, cuarenta. Nadie tenía lugar, y yo había bajado al máximo mis pretensiones. Solo quería una maldita cama.

Apunté hacia otras zonas mirando mi rudimentario mapa. Mucho calor afuera y una enorme humedad empañaban mi parabrisas dificultándome la visión. De noche y manejando del otro lado, ya estaba aburrido y deseando llegar a algún lado.

Llegué al puerto. Calles vacías llenas de basura. Era el único auto y la gente de las veredas se acercaban desde lejos hacia mí, como mirando curiosos, o quizás con ganas de robarme.
¿Como salgo de acá?

Cada tanto, en mis intentos de volver a la ciudad, me subía a un autopista rogando que no tuviese peajes ya que no me quedaba un solo Rand en el bolsillo.
Seguí fracasando. Pase por un segundo township y me felicité por estar viajando solo, de noche, y en una ciudad peligrosa, para colmo en los barrios mas peligrosos. Seguí así, Johann. Vas a terminar bien.

Harto estaba. Harto. Ya habían pasado 4 horas de búsqueda. Nunca en mi vida me costó tanto conseguir un hotel. Ni siquiera en pleno Oktoberfest en Munich, o en ciudades que reciben a miles de congresistas, o peregrinos.

A lo lejos veo una torre del Hilton. Se veía a la distancia como un oasis. Le indique al GPS mi nuevo destino y hacia allí partí decidido a dejarme robar por la cadena hotelera.
Lobby enorme e impecable. Dolían los ojos de lo que brillaba el piso. Pido un cuarto para la noche.

Llegué en un mal día. Se jugaba en el estadio el clásico de la ciudad, había también partido de Rugby (deporte muy afecto de los Sudafricanos) y hasta un maratón en la ciudad. Para peor, era también el Día de Africa por lo que todo el continente estaba de feriado.

Un disparate el precio del Hilton. Estaba muerto y hubiera pagado el doble de lo que quería gastar, pero el precio que me pasaron no lo iba a aceptar. Incluso con las ganas de llegar a algún lado que tenía.
Me dieron un mapa y consejos de hacia adonde apuntar, y como salir de ese área que no tenía otros hoteles a su alrededor.

Seguí fracasando hotel tras hotel. Ya pensaba en dormir en la camioneta. ¿Pero a donde? ¿Donde puedo dormir y que no me afanen todo?

La horda de público invadía las calles con sus cantos y Vuvuzelas. Toda la ciudad sonaba. Camisetas amarillas y negras. Otras verdes y blancas. De lejos veía corridas por las calles aledañas, y escuchaba botellazos contra el pavimento, y sirenas de ambulancias y de policías.  Lo que me faltaba.

Ya no me sentía seguro. No sabía a donde ir. Apunté hacia el norte y me vine a los suburbios.
Unos 16 kilómetros mas adelante, después de haber barrido la ciudad desde el auto llegué al bonito pueblo de Uhmlanga Rocks (la "H" se pronuncia "Sh").
Aquí la cosa cambia. Esta lleno de buenos hoteles, muchos restaurantes, locales, y nada de (aparente) peligro en sus calles.
Tampoco fue fácil conseguir un lugar, pero finalmente, después de mucho esfuerzo, acá estoy.

Anoche odiaba a Durban. Hoy me levanté con vista al mar y un rico y reparador desayuno. En breve vuelvo a la ciudad para recorrer los sitios que desde aquí fui preparando. Tranquilo, con mis pertenencias a salvo y sabiendo que hoy tengo donde dormir.

Mañana arranco a recorrer varios destinos de esta fascinante provincia. Kwazulu Natal es de los rincones mas vibrantes del continente. Después les cuento.